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Valentina agita las piernas, festejando el regreso de papá a casa. La beba lloró todo el día, pero la cara de su padre ya es motivo suficiente para cambiar lágrimas por sonrisas. Papá es Sebastián Abreu y la nena es su hija de tres meses y 20 días; ella es la causa de que este hombre de 23 años y casi dos metros de altura esté arrodillado ante el sofá en su casa de Caballito, jugueteando como un niño.
"La paternidad es algo lindo, que estoy disfrutando al máximo y que me está haciendo madurar en muchos aspectos de la vida", sostiene el Loco, aunque fuera de la cancha parezca menos de lo que indica su apodo. "Jugando al fútbol sigo siendo el mismo de siempre."
Fue el hombre del domingo, con dos goles para gritar victoria ante Racing. Y uno de ellos -el último-, con una jugada para el recuerdo. "Me disfracé de Francescoli por un ratito y me mandé ese gol. Siempre trato de intentar cosas dentro de la cancha. Si me salen, bien, y si no, no importa", dice, atrevido.
Y a pesar de que el rendimiento del equipo fue muy bajo, le hace un quiebre de cintura -como en la cancha- a las críticas. "River jugó mal, lo pelotearon todo el partido y todos dicen que es una máquina. A nosotros que ganamos, nos matan y nos dicen que jugamos mal", se queja. "No, no hubo reto de Ruggeri."
A la hora del poco tiempo libre que le queda entre concentraciones, entrenamientos y partidos, el uruguayo disfruta de Valentina junto con su esposa, Paola, a quien conoce de Minas, la pequeña ciudad de 35.000 habitantes donde se criaron los dos en Uruguay.
"Me gusta mucho salir a comer con amigos: hacemos asados en la casa de uno o de otro; o vamos a comer a algún restaurante. El cine también me encanta, pero ahora con la nena se hace más difícil. Con mi señora nos gusta ir a bailar, pero tampoco podemos", cuenta.
"Sólo cuando estamos en Minas vamos, porque a Valentina la cuida mi suegra", sostiene.
Complicado, entonces, por la llegada de Valentina, Abreu encontró en la música el remedio para olvidarse por un rato del fútbol. Desde hace un par de semanas estudia saxo, junto con Guillermo Franco, con un profesor particular.
"Estoy en pañales con el saxo. En los momentos libres que tengo voy a lo del profesor o arreglo para que venga a casa", relata, aunque todavía no se haya decidido a comprar el instrumento y deba recurrir a uno prestado de su profesor.
"El saxo me gusta -comenta- porque en la música brasileña o en las cumbias de Uruguay me llaman mucho la atención los vientos, por el sonido que tienen."
Nómade del fútbol, Abreu vivió, aparte de Buenos Aires, en La Coruña, en Guadalajara y en Porto Alegre. "En México la pasé bárbaro, en todo sentido. Fue el mejor lugar donde estuve", reconoce. "España es muy linda", acota Paola desde atrás.
"En España, por ejemplo, pude salir a comer porque son muy respetuosos de la privacidad. Te ven, te miran, pero no se acercan. Dicen Ôahí está el que juega al fútbol´, pero nada más", explica. "En cambio, acá el fútbol se siente de otra manera. Son respetuosos, pero a la vez muy fanáticos."
-¿Y qué hizo que volvieras?
-Yo sé que el fútbol argentino es una buena vidriera, y que si ando bien, el año que viene puedo volver a jugar en España.
"La decisión que tomé con mi familia fue buena, porque arranqué bien. Desde La Coruña, hoy (por ayer) me llamó el presidente (Lendoiro) y me dijo que está muy contento.
"Yo resigné en lo económico -concluye- , pero siempre apostando a un futuro: para jugar en la selección y para regresar a España."
Si algo le faltaba a Sebastián Abreu para estar completamente feliz, era la convocatoria al seleccionado uruguayo, que dirige Daniel Passarella. Los rumores que comenzaron el viernes último se confirmaron ayer, cuando el fax procedente de la Asociación Uruguaya de fútbol llegó al club del Bajo Flores formalizando la citación. "Cuando me vine de México, uno de los motivos fue estar más cerca de la selección", admite, ante el primer llamado de Passarella. Abreu jugó la Copa América de Bolivia, en 1997.
"A la hora de citarme -explica- no analizaron estos pocos partidos que jugué en San Lorenzo; creo que se complementan con los 29 goles en 34 partidos que hice en México" Y se anima a analizar el presente del equipo: "El equipo me gusta, más allá de que se perdió el último partido ahí nomás. Ya se está encontrando el Uruguay que uno quiere, al que le tengan respeto".


