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JOHANNESBURGO.- Las cartas están sobre la mesa y la primera no fue una buena mano. Este Mundial corre un riesgo: que muchos partidos se parezcan, que se vea un fútbol globalizado en la medición de riesgos y ambiciones, y se guíe por un espíritu tan resultadista como avaro. Todas las selecciones al menos jugaron un partido y abundaron las propuestas planas y plomizas. La mayoría obedece a un estudiado pizarrón que sólo se reserva algunos trazos para las insinuaciones.
Si en el fútbol se extendió el predominio de lo prefabricado sobre lo espontáneo, en Sudáfrica son mayoría los seleccionados que parecen dispuestos a entregarse a esa teoría por una victoria. Casi todos los equipos se atascan en la zona de creación y prefieren mostrarse en guardia. Con una dedicación por resistir como idea prioritaria, demasiados encuentros caen rendidos ante la mediocridad. Como todo lo que se inspira en el miedo.
Flota un promedio que alarma: apenas se convirtieron 28 goles en 17 encuentros para un raquítico promedio de 1,64 tantos por partido. Incluso, por debajo del olvidable Italia 90, que registró una media de 2,2 goles por cotejo. Es cierto que hasta aquí sólo hubo dos 0-0 (Francia vs. Uruguay y Portugal vs. Costa de Marfil), pero únicamente cuatro partidos se resolvieron por más de un tanto de diferencia: Alemania 4 vs. Australia 0, Corea del Sur 2 vs. Grecia 0, Holanda 2 vs. Dinamarca 0 y Uruguay 3 vs. Sudáfrica 0. Después de 17 cotejos, ya algo más de un cuarto del certamen, vale hacer una rápida recorrida por los matices que ofrece una Copa del Mundo que todavía no entrega un latido brioso ni atrayente.
El del volante de Sudáfrica Siphiwe Tshabalala, que abrió la Copa del Mundo en el 1 a 1 con México. Un derechazo cruzado a la carrera que se colgó del ángulo más lejano. Por las maniobras colectivas, siguen el tercero de Alemania ante Australia, convertido por Thomas Müller, y el del inglés Steven Gerrard en el empate 1-1 con los Estados Unidos.
El equipo que dirige Joachim Löw atropelló a Australia y dio un golpe de autoridad. Además, le envió una advertencia al resto que descreía de la Mannschaft. No se apoyó en su tradicional fútbol, más sostenido por los músculos que por las neuronas, sino que ofreció atrevimiento y un arsenal ofensivo con Klose, Podolski, Müller, Özil, hasta Schweinsteiger y el ingresado Cacau.
Imposible no señalar a España, el gran candidato. El último en llegar a Sudáfrica, el último en debutar? y el primero en perder entre los favoritos. Suiza la devolvió al diván. Su rico plantel e inmejorables antecedentes no resisten una visita al psicólogo para curar sus traumas mundialistas. La rocosa Italia y la aturdida Francia también desaprobaron. Y aún de este Brasil pragmático se espera mucho más.
EL MEJOR JUGADOR
Lionel Messi ante Nigeria. Comenzó a pagar todas las previsiones. Fue una primera muestra del potencial que encierra, entre su talento natural y la revancha que lo impulsa por silenciar muchas críticas en la Argentina. No hubo hasta aquí una individualidad más desequilibrante. Asumió su condición de diferente y llevó adelante a un equipo que colectivamente no encontraba el camino.
El cachetazo para España no puede arrastrar a Iniesta, con un repertorio de exquisiteces.
Salvo Messi y, de a ratos, Iniesta, los futbolistas llamados a ocupar el trono aún no llamaron la atención. Rooney y Cristiano Ronaldo pasaron mayormente inadvertidos en los partidos que Inglaterra y Portugal empataron con Estados Unidos y Costa de Marfil, respectivamente. Kaká apenas fue una sombra que deambuló por Ellis Park ante Corea del Norte. Xavi no pudo rescatar a España del golpe suizo. Pero tienen crédito.
De la avanzada africana, Costa de Marfil es el que aparenta ser el seleccionado de más cuidado. Con la conducción del entrenador sueco Sven-Goran Eriksson, su conocida potencia física y velocidad no es tan traicionada por el desorden o la desubicación en que incurren otros equipos de este continente. Los Elefantes empataron en el estreno con Portugal, pero pusieron en apremio a uno de los candidatos. Y esperan más minutos de Drogba mientras se recupera durante la competencia.
Parecía que en este rubro nadie le iba a quitar los laureles a Japón, que con un gol de Keisuke Honda venció a Camerún y logró la primera victoria en su historia en los mundiales en territorio extranjero. Pero apareció un tal? Gelson Fernandes y enmudeció al mundo futbolístico: Suiza derrotó por 1 a 0 a España, en Durban. El año pasado sorprendieron los suizos cuando ganaron el Mundial Sub 17. Ayer pegaron un golpe de resonancia planetaria por el gigante al que descabezaron.
Los bloopers al menos sirven para encender partidos aburridos. La pelota que se le escurrió al arquero inglés Green para permitir el empate de los Estados Unidos por intermedio de Dempsey, o el remate que no llegó a desviar el arquero de Argelia Chaouchi y aprovechó Eslovenia para ganar en su debut en los mundiales. El gol en contra en coproducción entre los daneses Poulsen y Agger para favorecer a Holanda, la mala salida de Villar que rescató a Italia por ese grito de De Rossi?
Dos futbolistas para seguir: el alemán Mesut Özil, de Werder Bremen, atrevido y encarador. Le ganó el puesto a un estratego más cerebral como Toni Kross. Ojalá tenga más minutos el holandés Eljero Elia, el moreno que juega en Hamburgo y hace unos días fue un revulsivo a pura gambeta.
En un torneo guiado por los caprichosos viboreos de la pelota Jabulani, los arqueros son su blanco favorito. El nigeriano Enyeama halló los antídotos justos y evitó una goleada de la Argentina. Resolvió tres mano a mano con Higuaín y otros tres con Messi. Sólo el cabezazo al ángulo de Heinze lo quebró.
En la consideración de la comisión arbitral de la FIFA, un argentino recibió la más alta calificación de la primera rueda: el cordobés Héctor Baldassi fue distinguido con un 8 en Ghana 1 vs. Serbia 0, en Pretoria, por el Grupo D. Bajo la mirada de LA NACION, el rendimiento del japonés Yuichi Nishimura no tuvo fisuras en el empate sin goles entre Uruguay y Francia, en Ciudad del Cabo. El nivel del arbitraje es bueno. Con las emociones en fuga entre tantas propuestas mezquinas, prácticamente ni jugadas polémicas registra la marcha del Mundial.

