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RIMINI, Italia.- Para el pueblo italiano, aficionado al deporte como pocos, ayer fue uno de los días más tristes. Cuando el diario italiano La Gazetta dello Sport anunció en Internet la muerte del ciclista Marco Pantani, de 34 años (la policía lo halló boca abajo en una cama del hotel Le Rose, de esta ciudad, junto a varias cajas de fármacos; mañana le harán una autopsia), nadie pudo escapar del estupor. Todos sabían que desde hacía un tiempo Pantani estaba inmerso en una profunda depresión, causada por los golpes anímicos que le habían producido las suspensiones recibidas por casos vinculados al doping; no obstante, su desaparición se convirtió en una tragedia, tanto para sus admiradores como para sus detractores.
"Estoy desconcertado, angustiado. Marco había sufrido demasiada presión", aseguró el ciclista Mario Cippolini. Giuseppe Martinelli, director ténico de Pantani cuando en 1998 éste ganó el Tour de Francia -33 años después del éxito conseguido por su compatriota Felice GimondiÑ y también el Giro de Italia, comentó: "Es un verdadero drama. Ha hecho llorar y emocionar a todos, también esta vez. Algunos no lo querían bien y otros lo querían demasiado; para mí, fue un gigante".
La primera controversia deportiva para El Pirata Pantani surgió en el Giro de Italia de 1999. El gran escalador entonces vestía la camiseta rosa de líder cuando le impidieron salir en Madonna Di Campiglio, la penúltima etapa, porque su tasa de hematocrito era superior a la normal (el 2 de octubre último fue absuelto por esa causa); luego cayó en una crisis psicológica, de la cual sólo pudo salir en julio de 2000. En 2001, otra vez en el Giro, la policía descubrió jeringas con residuos de insulina en la habitación de su hotel y fue condenado a ocho meses de suspensión en suspenso (también absuelto).
El ex ciclista Gimondi, una de las leyendas del deporte azzurro , confesó: "Estoy traumatizado. Marco ha pagado un caro precio. Durante años él estuvo en el ojo del huracán, después de haber sido el N° 1. Estaba solo y era muy frágil".



