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BARRANQUILLA, Colombia (Especial).- Fue el símbolo de toda una época del fútbol de su país. La generación de oro de los talentos colombianos se identificó con esa melena rubia enrulada hasta el infinito, con ese paso sereno por todo el campo de juego. Fue Carlos Valderrama la imagen futbolística de ese país. El Pibe, ahora, a los 42 años, decidió abandonar la actividad y tuvo una despedida como merecía un jugador de su clase: con fútbol y muchos amigos.
El estadio Metropolitano de Barranquilla se llenó para decirle adiós al máximo ídolo. Y el campo se pobló, también, de amigos. Claro que no cualquier clase de compinches: todos ellos mostraron en este espectáculo el mismo talento del Pibe. Era la condición sine qua non para estar presente.
Así se pudo ver a un sinnúmero de jugadores de la región. Por ahí se admiró la figura siempre elegante de Enzo Francescoli, la potencia de Faustino Asprilla, la picardía de Bam-Bam Zamorano, la sabia conducción de Alex Aguinaga, la voracidad goleadora de Alberto Acosta, la presencia imponente en el arco de José Luis Chilavert. Al fin y al cabo, todos ellos retirados o muy cerca del fin de su actividad profesional, pero representantes ellos también de una época del fútbol sudamericano en la década del 90.
Lo cierto es que se reunieron y jugaron un partido, divididos en dos equipos: Amigos de Colombia y Amigos del Mundo. En el primero aparecieron varias de las figuras que compartieron con Valderrama el mejor momento de la selección cafetera. Al final, todo terminó 10 minutos antes, con un empate 3 a 3, con gambetas, buen juego y muchas sonrisas.
"Lo bueno de todo esto es que la gente vino, llenó el estadio y disfrutó de este espectáculo. Ellos disfrutaron y es lo que me hace más feliz", señaló Valderrama acerca de su despedida. Colombia le dijo adiós a su hijo pródigo.



