Adolfo Cambiaso: la gloria después de la gloria

Tras ganar la Triple Corona no detuvo su hambre ganadora y se quedó con el US Open
Carlos Beer
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20 de abril de 2015  

Lo que a veces sucede con Lionel Messi también pasa con Adolfo Cambiaso. Ya cuesta encontrar adjetivos calificativos para el futbolista de Barcelona. Igualmente, es muy difícil hallar nuevos conceptos para elogiar al mejor polista de la historia. Ahora sumó más gloria a toda la que ya ganó, y con Valiente venció por 11-9 a Orchard Hill para ganar el US Open, el torneo más importante de este deporte fuera de Argentina.

No hay nada que lo detenga. Ni la edad, ya que el jueves último cumplió 40 años y, como él mismo admitió, el retiro está relativamente cerca. Ni los problemas de salud en ese ciático que lo tiene a maltraer, que lo obligaron a realizar un tratamiento regenerativo de sangre en Nueva York en febrero, con inyecciones dolorosas siete días seguidos para intentar evitar una operación. Ni siquiera la desmotivación lógica que llega tras logros como la segunda Triple Corona o el Olimpia de Oro al mejor deportista argentino de 2014. Ni tampoco que enfrente estuviese un equipazo, con los primos Facundo y Pablo Pieres en un altísimo nivel, más Ezequiel Martínez Ferrario y Steve Van Andel llegaban, un cuarteto que llegaba como favorito.

Lo concreto es que 16 años después de su primer título del certamen top de Estados Unidos (en 1999 con Outback), Cambiaso se consagró por séptima vez en ese país. El título llegó en un equipo trabajador y solidario, con Guillermo Terrera (gran triunfo en la vida para él: cuatro años atrás luchaba por superar un cáncer en los ganglios), el uruguayo Alejo Taranco (elegido MVP) y el patrón Bob Jornayvaz.

La conquista llegó de manera sorpresiva por lo sucedido antes del partido. Valiente no había llegado a ninguna final de 26 goles en la temporada norteamericana (Orchard Hill y Audi habían ganado una cada uno), y había entrado por la ventana a los cuartos de final del US Open con dos derrotas y una victoria. Paradojas del deporte, logró esa clasificación gracias a la victoria de Orchard Hill sobre Coca-Cola y así evitó ir a un desempate.

Tal vez por eso, por tantas piedras encontradas en el camino en este comienzo de año, es que Adolfito gritó con alma y vida el vigésimo gol del partido, el último, el que cerró un partido que un puñado de minutos antes parecía perdido. Vale la pena detenerse en lo que sucedía a los 5 minutos del sexto chukker. Orchard Hill ganaba 8-7 tras un encuentro cambiante. Facundo Pieres salió jugando en un penal de mitad de cancha, hizo dos toques y le pegó desde más de 100 yardas a los mimbres. Golazo: 9-7 y parecía todo terminado.

Pero no. Guillermo Terrera encabezó un ataque que derivó en un foul cerca del arco rival. Los jueces Julian Applebe y Gordon Schwarts cobraron un cuestionable Penal 1: gol y throw-in a metros de los mimbres. A la salida de esa formación, Terrera igualó en 9. En la jugada siguiente tras la reanudación en mitad de cancha, de nuevo hubo otra falta para Valiente, que Terrera transformó en el 10-9. Los jugadores de Orchard Hill ardían en protestas, los jueces los sancionaron con un técnico de mitad de cancha, y Cambiaso jugó la bocha y marcó el golazo que cerró el partido.

Se agotaron los elogios para dedicarle a Adolfo Cambiaso. Es simplemente el hombre que conquistó el Olimpo, y todavía quiere más.

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