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Aprovechando la mini licencia que el entrenador del Bristol inglés, el neozelandés Peter Thorburn, le dio a la mayoría de los titulares (al compromiso del último domingo, ante Rotherham, por la 6a fecha de la Powergen Cup, no se le otorgó una relevancia sustancial), Agustín Pichot estuvo en la Argentina un par de días. Cuestiones personales, la ineludible conferencia en su club de origen, el CASI –ésta es una rutina que cada vez que puede cumple–, las grabaciones para su programa de televisión Súper XV y una nueva reunión con los dirigentes de la UAR para terminar de diagramar el futuro régimen de pagos de los Pumas ocuparon la estada del medio-scrum en nuestro país.
Durante su breve paso por Buenos Aires, disfrutó del calorcito porteño y de verse con la familia y amigos. Poder sacarlo del vértigo de su agenda requirió constancia, pero la persecución dio buen resultado y en la intimidad del Claridge Hotel Pichot recibió a LA NACION. El encuentro derivó en una extensa charla sobre la situación de los Pumas, con un tema excluyente: la preparación para la 5a Copa del Mundo, que se inaugurará en poco más de nueve meses, en Australia.
–Después de un año tan inestable, ¿qué se puede esperar de los Pumas en la cita mundialista?
–Este año fue bastante irregular, pero éso es un reflejo de cómo tenemos organizado el calendario internacional. El año que viene, sabiendo que las cosas van a ser iguales y para llegar de la mejor forma al Mundial, vamos a tener que optimizar cada momento. No tuvimos una temporada excelente, pero tampoco se puede decir que fue pésima.
–¿No te dejó preocupado que los altibajos hayan aparecido cuando los tiempos se acortan?
–No, no estoy preocupado. Lo que nos pasó en 2002 no es para alarmarse. Creo que todos, jugadores y entrenadores, somos conscientes de que el equipo necesita dar más... tiene que dar más. Pero jugamos con Irlanda en Dublín, por ejemplo, y quedó demostrado que ellos no fueron superiores. Lo mismo pasó con todos los rivales que enfrentamos, y eso antes no pasaba.
–Bueno, pero les debe dar más bronca porque la mitad de los partidos que perdieron (especialmente contra los ingleses y los irlandeses) resultaban accesibles.
–Sí... sí, un poco de esa sensación hubo, pero lo importante para este equipo es aprender y saber asimilar las cosas que vivimos este año. La revancha que tenemos por delante es con nuestro juego. Por eso, tenemos que criticarnos duramente, para así poder mejorar realmente. No debemos autocriticarnos con fines destructivos, sino para recordar la humillación que sentimos la noche en River, ante Australia, con los silbidos de la gente, y que eso sea una motivación para decirnos No nos puede volver a pasar lo mismo.
No podemos excusarnos en las dificultades que tenemos. Los jugadores sabemos muy bien en qué anduvimos flojos y qué hay que corregir. El fixture que se viene antes del Mundial es complicado y en la primera parte de los compromisos –en junio habrá dos tests contra Francia y un partido frente a Sudáfrica, como visitantes– no habrá tiempo suficiente para solucionar todos los puntos flojos. Ya resulta aburrido hablar siempre de lo mismo, pero con cuatro días de prácticas antes de un test-match no podés hacer nada y en la semana siguiente tampoco hay mucho margen para corregir todas las cosas que quisiéramos.
–¿Entonces...?
–Los desafíos con Francia y la gira por Sudáfrica tienen que servir para terminar de consolidarnos. Por supuesto que vamos a tener que jugar bien para tomar confianza y todo eso, pero el equipo tiene que aparecer y explotar en el primer entrenamiento de agosto. A partir de ahí no hay otra salida, no tendremos ningún tipo de justificación. Será el momento de trabajar a full para alcanzar nuestro máximo nivel.
–¿Ese tiempo será suficiente?
–Desde lo que sería ideal, no, porque uno es exigente y siempre querés que las cosas estén mejor. Pero sí aseguro que vamos a llegar mucho mejor que a Gales 99. Pero ¡ojo!, eso no significa que tengamos garantizado el mismo resultado. Digo que técnicamente vamos a estar en mejores condiciones y eso nos ayudará a poder cumplir con el objetivo, que es, por supuesto, superar lo hecho en el último Mundial.
En los últimos tres años hubo logros verdaderamente trascendentes en cuanto a las condiciones para los jugadores. ¿Por qué se consiguieron? Porque por primera vez el plantel se unificó en su forma de pensamiento y se buscó el beneficio del conjunto y no el de unos pocos. El grupo confió, se unió y las cosas se llevaron adelante. Eso antes era imposible, porque no había uniformidad de pensamientos.
–¿Qué te gustaría que tengan los Pumas en el futuro y ahora les falta?
–(Por primera vez se toma unos segundos para responder, y respira profundo) ¿Qué me gustaría..? Que vuelvan a tener reacción y picardía.
–¿Esa falencia es responsabilidad de los conductores?
–No... es un aspecto que pasa por la forma en la que están dispuestas las defensas actualmente. Los test-matches se hicieron más lentos, parecen una compacta partida de ajedrez y ver una improvisación de un solo jugador es raro. Se perdieron un poco esas sorpresas. Hacen falta más individualidades para marcar la diferencia.
–Estás hablando de las individualidades, pero en los Pumas las figuras no rindieron a pleno durante esta temporada...
–Es verdad. Este año el seleccionado estuvo más compacto, armonioso. Contra Italia el equipo se mostró más, se lució más. Pero lo valioso es que exista una base sólida y que, a partir de ahí, el grupo se destaque. Tiene que darse lo mismo que ocurrió en el Mundial 99, en el cual hubo muchos que sobresalieron. La figura tiene que ser el equipo. No se puede depender más de lo que puedan hacer uno o dos jugadores.
En 1997, Pichot optó por irse a Inglaterra y convertirse en profesional. De aquel tiempo a esta parte el panorama cambió y el rugby rentado pasó ser una vía de escape para los jugadores argentinos. El éxodo adquirió un volumen tal que deja una huella profunda en la actividad local...
“La gran disyuntiva del rugby argentino es: ¿qué conviene, que los jugadores se vayan o se queden? No hay duda de que para los Pumas la experiencia que adquirimos afuera es incomparable, y ese aporte es lo mejor que le puede pasar a la selección. Pero, por otra parte, acá no va nadie a las canchas, el nivel decayó muchísimo... ¿Qué sería lo ideal? Que se queden todos en la Argentina. Pero, por ahora, eso es imposible”, aseguró Pichot.
–Los que están en la selección reciben apoyo, pero nunca se puede dar el paso hacia el profesionalismo.
–Siempre se consiguen cosas que sirven, pero en la Argentina no están dadas las condiciones para el profesionalismo. Se necesitaría que todas las uniones del país piensen igual y ahí te metés en una estructura politizada. No por nada no se aceptó el profesionalismo en 1995, cuando se oficializó en todo el mundo.
–¿Cuál sería la mejor solución?
–Cada uno debe adaptarse a su realidad. Acá los clubes no pueden tener profesionales porque esa estructura no duraría ni diez minutos. Sí se puede profesionalizar a la selección; eso serviría para retener a los más jóvenes... Además, disponer de una competencia regular, similar al Súper 12 o al Tri Nations, permitiría proyectar la vida rugbística aquí. Aunque si la selección se profesionalizara los clubes creerían que se quedan afuera de todo.
–Pero seamos sinceros: si los Pumas se convierten en profesionales, vos no te volverías de Inglaterra.
–Con los que ya nos fuimos no podés hacer nada. Ya tenemos una vida más o menos armada. Los que estamos en el exterior sabemos muy bien que no hay nada como vivir en la Argentina, y ése es un consejo que podemos darles a los chicos. La emigración es muy difícil de parar, porque confluyen varias cuestiones: la estructura de nuestro rugby, las tentadoras propuestas del exterior...
No existe la solución definitiva, pero lo que sí se puede hacer es brindarles a los nuevos valores una buena alternativa. Actualmente, la única posibilidad que existe para crecer deportivamente es mudarse a Europa. Después, si a pesar de ser profesionales con los Pumas, alguno es más ambicioso y quiere probar suerte en el campeonato inglés o el francés, los dos mejores del mundo, ya es un tema más personal que de organización. Hoy es imposible encontrar a un chico que no diga que piensa en irse al exterior.




