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Con apenas 21 años, Elisa Maggiolo es campeona sudamericana de ajedrez y representará a la Argentina en el Mundial femenino que comenzará a fines del actual en Moscú. Y a pesar de su juventud, tiene una larga experiencia en torneos abiertos, de donde nos refiere esta anécdota:
"Cuando terminé mi partida ante un señor de más de 40 años (yo tenía 12), después de rendirse, agregó: Jugaste bien, a pesar de ser mujer . Una siente la discriminación. Por ejemplo, en un Grand Prix, al cabo de un ping-pong violento, gané la partida y mi rival, un chico de unos 18 años, en un arranque de furia tiró las piezas al suelo. Pero no todo suele ser negativo. Creo que me asiste alguna ventaja psicológica, ya que muchos adversarios se agrandan frente a una mujer. Piensan que le tienen que ganar y no juegan con la suficiente prudencia".
Cuando tenía algo más de tres años, Elisa frecuentaba, con su hermano Esteban, el Club Parque Patricios. Ella se interesó por los caballos de un juego de ajedrez y, a partir de ahí, en la falda de su mamá Tita, miraba cómo jugaban los demás. Un día, sin que nadie se lo indicara, puso correctamente las piezas y desde entonces se interesó el profesor que le enseñó los rudimentos del juego. A los seis años jugó su primer torneo. "De esta forma, sin querer, elegí el ajedrez", dice Elisa, con una sonrisa.
Con relación a lo referido, afirma que relativamente ha jugado pocos torneos mixtos. Ahora aconseja a quienes la siguen que practiquen más con los hombres, algo que ella misma haría, sin duda, si pudiera volver atrás.
Su camino en el ajedrez se llenó de logros desde temprana edad . En 1995, a los 15 años conquistó el Campeonato Argentino Femenino. Por cuestión de unos pocos meses es la campeona argentina más joven de la historia, superando, incluso, a Claudia Amura. Al año siguiente repitió la hazaña. En ese mismo ciclo obtuvo el campeonato sudamericano Sub 16, en Brasil. Posteriormente, en 1998, ganó el Panamericano Sub 20, en Venezuela. Junto con ello, obtuvo el título de maestra internacional femenina. Esa misma temporada logró por tercera vez el argentino femenino y el año último compartió con Carolina Luján el primer puesto, aunque luego perdió el desempate.
El Campeonato Sudamericano que obtuvo en Pinamar en septiembre último le dio el derecho de intervenir en el Mundial, por jugarse en Moscú desde el 25 de este mes. Será la única representante argentina y se enfrentará a las 64 mejores jugadoras del mundo.
"Sí, el ajedrez es un juego que no podría dejar. Lo intenté durante un año, pero fue más fuerte que yo", admite Maggiolo, que en la actualidad da clases en el colegio privado Tiempo Educativo, en Boca Juniors y en la parroquia San Pedro.
Sus maestros fueron Hugo Spangenberg, Eduardo Biagi, Gustavo del Castillo y, actualmente, Pablo Ricardi.
"Soy un poco indolente para el estudio, porque sólo me preparo para los torneos -reconoce-. No sé estudiar sola. Ahora que desde hace dos meses tengo una computadora, me fascina jugar por Internet. Siento que estoy viviendo una nueva disciplina, que sin duda me será beneficiosa."
Respecto del torneo de Moscú, su aspiración es "dejar bien al país". Independientemente del resultado, ansía hacer "una buena partida" en una primera rueda que se anticipa dura, ya que se juega a muerte súbita en tan sólo dos partidas.
"El principal problema ahora es el tema de costear el pasaje y la estada, porque la Federación Argentina no paga nada", se queja, aunque asegura que eso no será una traba para estar en Moscú.
Dice que el nuevo ritmo establecido por la FIDE le agrada, porque ella posee un estilo muy táctico y rápido. "Creo que me favorece, sobre todo por la adición de 30 segundos a cada jugada. Esto, en cierto modo, serena la lucha y evita el manoteo de las piezas."
A nivel pasatiempos, señala que casi ni ve televisión. "Suelo hacerlo durante la noche -explica-, antes de dormirme. De día trabajo dando clases de ajedrez."
Sobre las maestras argentinas, no titubea en señalar a Amura como la mejor. En el orden mundial, es admiradora de Mikhail Tal y entre los actuales, a Kasparov y a Karpov. Juntó a ambos, a pesar de sus estilos tan diferentes.
Su entusiasmo por jugar el Mundial es contagioso. No sabe aún qué maestra le tocará en suerte. "Pero será una rival de primer nivel", sostiene ilusionada.



