Ajedrez. Crónica de una derrota anunciada: el día en que la máquina derrotó al hombre

Garry Kasparov se enfrenta a Deep Blue en las legendarias partidas de ajedrez
Garry Kasparov se enfrenta a Deep Blue en las legendarias partidas de ajedrez Fuente: Reuters
Pablo Ricardi
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1 de mayo de 2020  • 08:27

Fue el 11 de mayo de 1997. Puede considerarse esa fecha como el fin de la supremacía del jugador de ajedrez humano sobre la computadora. Porque ese día, el campeón mundial de aquel entonces, Garry Kasparov , perdía la partida, y con ella el match, que estaba disputando con el programa Deep Blue , una creación de IBM. Para Kasparov fue una pequeña tragedia personal: era la primera vez que perdía un match; además en esa última partida fue apabullado por la computadora que lo venció en sólo 19 jugadas. Alterado y nervioso, luego de la derrota acusó al equipo que operaba el programa de haber hecho trampa. Años después pidió disculpas, pero habría que matizar que aunque no hubo trampa como tal, sí es cierto que a partir de entonces cambiaron las condiciones de los enfrentamientos entre el hombre y la máquina, ya que durante aquel match Kasparov no tuvo acceso a una copia del programa para entrenarse, y además un equipo de grandes maestros asesoraba a los técnicos de Deep Blue entre partida y partida en cuestiones importantes tales como el tratamiento de las aperturas. De allí en adelante los maestros que se enfrentaban con programas informáticos tuvieron todas las facilidades y beneficios que no tuvo Kasparov, pero sólo alcanzó para retrasar lo inevitable por unos pocos años: la incuestionable y absoluta superioridad de la inteligencia artificial.

Pero hagamos un poco de historia. O aún de prehistoria si se quiere. Porque los enfrentamientos entre el hombre y la máquina comenzaron tan temprano como en el siglo XVIII. Un húngaro, Wolfgang von Kempelen, en 1769 presentó en sociedad a un aparato con la figura de un turco, que se dio en llamar el autómata de Kempelen, y que jugaba al ajedrez. El autómata causó sensación y ganaba la mayoría de las partidas que jugaba. Luego de fallecido Kempelen, el autómata pasó a ser propiedad de Johan Maelzel, un alemán que diseñó un audífono para Beethoven. Edgar Allan Poe lo describió en su cuento "El jugador de ajedrez de Maelzel". El truco era que el aparato ocultaba una cabina con espacio suficiente para un hombre de pequeñas dimensiones, normalmente un jugador experto de ajedrez. Descubierto el engaño, este ingenio cayó en desuso.

La última partida del match entre Kasparov y Deep Blue

Una genuina computadora que jugara al ajedrez recién se inventó promediando el siglo XX en Estados Unidos. En 1956 el programa llamado "Maniac" obtiene el primer triunfo de un ordenador sobre un ser humano. Los progresos de los diferentes programas que jugaban ajedrez fueron relativamente lentos. En 1988 por primera vez una máquina, Deep Thougth, derrota a un gran maestro, el danés Bent Larsen. Y así llegamos a los matches de Kasparov contra Deep Blue. El primero fue en 1996 y ganó el ruso por 4 a 2 pero perdiendo una partida, lo que fue un aviso para el año siguiente cuando Deep Blue obtuvo un resonante e histórico triunfo por 3 ½ a 2 ½.

Muchos maestros consideraron en aquel entonces que la derrota de Kasparov había sido accidental y que el hombre todavía era superior a la máquina. Se sucedieron varios encuentros, por ejemplo en 2002 entre Vladimir Kramnik, que había desplazado a Kasparov al vencerlo en Londres 2000, y Deep Fritz; que concluyó empatado 4 a 4. Para 2005 ya eran varios los programas de computadora que jugaban muy fuerte: el gran maestro de la elite Michael Adams fue aplastado por Hydra 5 ½ a ½, y en ese mismo año se registra el último triunfo en una partida clásica de un ser humano sobre un programa de primer nivel cuando el ucranio Ponomariov venció a Fritz. Al año siguiente se disputó la revancha entre Deep Fritz y Kramnik ganando el ordenador por el resultado global de dos ganadas y 4 tablas.

Desde entonces las máquinas no han cesado de mejorar alcanzando niveles de juego imposibles para un ser humano. En el reciente match por el campeonato del mundo de computadoras entre Stockfish y Leela Zero, ganado por el segundo, ambos programas tenían un Elo estimativo superior a 3800. Compárese con Carlsen que anda alrededor de 2865, o de los mejores jugadores argentinos, en torno a 2630, y se tendrá una medida de lo que podría pasar en un match a día de hoy. Sería como una pelea imposible en el boxeo entre un peso pesado y un peso mosca.

Desde otra perspectiva, estos programas constituyen un auxiliar indispensable para el ajedrecista actual. Sirven para entrenar, estudiar, hacer chequeo de errores. Y son tan fáciles de obtener como que por ejemplo Stockfish es gratuito y se lo puede bajar de internet. De modo que hoy el hombre hace trabajar a la máquina para su beneficio. Y queda para el recuerdo una frase que dijo Kasparov en el momento de su derrota: "Deep Blue tiene la inteligencia de un reloj despertador".

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