Aquella proeza de Najdorf que terminó con una siesta en un cine

El argentino Miguel Najdorf era extraordinariamente bueno para jugar partidas a ciegas; en San Pablo 1947 jugó 45 y ganó 39, empató 4 y perdió 2.
El argentino Miguel Najdorf era extraordinariamente bueno para jugar partidas a ciegas; en San Pablo 1947 jugó 45 y ganó 39, empató 4 y perdió 2.
Pablo Ricardi
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13 de marzo de 2020  • 22:34

Al espectador profano lo maravilla ver cómo un maestro de ajedrez es capaz de jugar una partida sin mirar el tablero. La verdad es que para un ajedrecista profesional se trata de un esfuerzo moderado y no es ninguna proeza. Pero la cosa cambia cuando el maestro juega varias partidas simultáneas a ciegas. Muchos jugadores del pasado han impresionado al público con exhibiciones de esta destreza. El primer registro histórico de alguien que ha jugado partidas simultáneas a ciegas señala al músico francés Philidor, el más notable ajedrecista del siglo XVIII. En una carta, su amigo Diderot, el enciclopedista, le desaconseja la práctica del ajedrez a ciegas, pues semejante esfuerzo podría alterar sus facultades mentales...

Lo cierto es que, como los alpinistas, que se adaptan progresivamente a las dificultades físicas que derivan de la altura, los ajedrecistas se acostumbran al grado de concentración absorbente que requiere el juego a ciegas. Así, con el paso del tiempo fueron surgiendo jugadores que daban simultáneas a ciegas contra cada vez mayores números de contrincantes. Alexander Alekhine, antes de ser campeón mundial, se enfrentó con 28 rivales en 1925 en París. Pero tal vez la mayor hazaña en esta disciplina fue lograda por el argentino Miguel Najdorf en San Pablo 1947, cuando se midió con 45 adversarios sin mirar los tableros. El resultado impresiona: ganó 39 partidas, empató 4 y perdió 2. Hay registro de cada uno de esos cotejos. Constituyó un récord mundial que recién fue superado hace poco más de dos años, por el gran maestro Teimur Gareyev, cuando el uzbeko fue rival de 48 personas a la vez.

Recuerdo que Najdorf solía contar que luego de semejante esfuerzo, su mente se encontraba en un estado de tal excitación que él no podía dormirse. Hasta que se le ocurrió ir al cine para ver una película y, entonces sí, se quedó dormido.

Así que ya sabe el lector: si necesita quedarse despierto, además de tomar café, puede ensayar jugar ajedrez a ciegas. Y después me cuenta.

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