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El búlgaro Veselin Topalov, el decimoctavo campeón mundial de ajedrez o, dicho de otra forma, integrante de un selecto listado que integran sólo 19 figuras en el historial del milenario juego -desde el austríaco Wilhelm Steinitz en 1886 hasta el indio Viswanathan Anand, en 2012-, está de visita en la Argentina. Acompañado por su compatriota y coach Silvio Danailov, presidente de la Unión Europea de Ajedrez (ECU, según sus siglas inglesas), un organismo que nuclea a 54 federaciones del viejo continente, participa de una serie de seis jornadas en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, con actividades educativas, sociales y deportivas vinculadas con el juego ciencia.
Topalov, de 38 años -cumplidos el pasado viernes 15-, que ganó el título mundial en Potrero de los Funes, San Luis, en 2005 y lo perdió un año después, en Elista, transita con la experiencia de un campeón emérito, pese a que aún su fuerza de juego no lo abandona. En el último ranking de la FIDE, se ubica entre los siete mejores ajedrecistas del mundo.
"Sí, creo que en 2010, cuando intenté recuperar mi título ante Anand, llegué a la cúspide de mi carrera. Sabía que ganara o perdiera ésa iba a ser mi última oportunidad; lo di todo pero no alcanzó. Ahora es de esperar que surja alguna otra figura en mi país, que otros tomen la posta y hagan su camino", le contó a la nacion durante uno de sus viajes de promoción de la actividad. Atrás queda una carrera de ascenso vertiginoso sobre la base del estudio y el sacrificio. Aprendió a subordinar salud, dinero y familia a cambio de un sueño: ser campeón mundial.
A principio de los años noventa, junto a Danailov, recorrió en automóvil más de 4000 km del territorio español participando en cuanta competencia le fuera permitida la inscripción; la conquista de algún premio en efectivo aseguraba la cena y el descanso de una noche en un colchón. Con los avances en el juego -logró el título de gran maestro (1992) y venció por primera vez a Kasparov (1994)- llegó el bienestar. Comenzó a recibir invitaciones a las mejores competencias y eligió una nueva morada; en 1997 se afincó en Salamanca. En 2005 ganó el torneo de Linares, tras vencer en la última rueda a Kasparov (horas más tarde, el ruso anunció su retiro de las competencias profesionales) y semanas después, cumplió su sueño en San Luis. Durante 27 meses fue el N° 1 del mundo.
-¿Qué cosas te sorprendieron de esta visita al país?
-Bueno, en verdad se puede decir que esta es la primera visita, porque en la anterior sólo estuve una noche en Buenos Aires. Sí me ha llamado la atención la gran cultura ajedrecística que aquí tienen, porque más allá de la historia, los logros y los maestros del pasado, aquí se nota la pasión de la afición. No he hecho más que poner un pie en el país que un señor de migraciones al ver mi pasaporte, me dijo: ?Usted fue campeón mundial de ajedrez, ¿no es cierto?'. No había salido de mi asombro -porque esto no me ocurre en ningún lado fuera de Bulgaria- que ya me estaba pidiendo si podía tomarse una foto conmigo. La verdad es que todavía me cuesta creerlo (risas)".
Ahora, aplomado y con su bagaje a cuestas quiere trabajar en la promoción de la actividad; para ello tiene un discurso ensayado para cada ocasión: "El ajedrez es experiencia, análisis e intuición; una excelente práctica para que ustedes mejoren sus tomas de decisiones", les dijo oportunamente a Francisco Irarrázaval (Secretario de Deportes porteño), Gustavo Posse (Intendente de San Isidro), Jorge Macri (de Vicente López), Claudio Morresi (Secretario de Dde la Nación) y Daniel Scioli (gobernador bonaerense) durante sus encuentros con las autoridades.
También tuvo tiempo para dejar su impronta frente a los colegas, ya que disputó dos torneos ante varios de los mejores maestros del país, y extrañamente no conquistó ninguno. En San Isidro triunfó el zarateño Federico Pérez Ponsa, y en Villa Martelli, Diego Flores.
"Alguno podrá decir que perdí el espíritu deportivo, pero lo cierto es que habiendo premios en pesos me pareció incorrecto que me quedara con algunos de ellos; he cobrado un cachet por esta visita y para algunos jugadores argentinos estos premios resultan de vital ayuda para sus carreras" dijo, sin tapujos.
Veselin Topalov, de aquel enorme jugador a esta gran persona. Todo un ejemplo.
En el lanzamiento del programa ajedrez social inclusivo, que según el gobierno porteño este año se desarrollará de manera gratuita en los espacios públicos de los barrios de Fátima, Los Piletones, Carrillo y villas 31 y 1-11-14, ayer, en la Plaza El descanso del Peregrino, organizado por las secretarías de Hábitat e Inclusión y de Deportes, Topalov habló ante un auditorio de jóvenes carentes: "El ajedrez es una herramienta muy buena para integrar a los niños, porque da igual si uno es negro o blanco, rico o pobre, o incluso si es mayor o menor; en el tablero somos todos iguales. El ajedrez es muy bueno para que desde pequeños aprendan a controlarse, a manejar la paciencia". Durante su estada, el ex campeón recorrió escuelas, centros culturales y barrios humildes. Participó de exhibiciones simultáneas ante jóvenes talentos y niños en edad escolar. "La llegada de Topalov se suma a las anteriores de Polgar y Shirov, como muestra del reconocimiento que este gobierno le otorga al ajedrez para recuperar parte del pasado glorioso de la actividad", dijo Irarrázaval.
El búlgaro Veselin Topalov, el 18° campeón mundial de ajedrez o, dicho de otra forma, integrante de un selecto listado que integran sólo 19 figuras en el historial del milenario juego -desde el austríaco Wilhelm Steinitz en 1886 hasta el indio Viswanathan Anand, en 2012-, recorre las últimas horas de su visita a la Argentina. Acompañado por su compatriota y coach Silvio Danailov, presidente de la Unión Europea de Ajedrez (ECU, según sus siglas inglesas), un organismo que agrupa a 54 federaciones del Viejo Continente, participó de una serie de seis jornadas en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, con actividades educativas, sociales y deportivas vinculadas con el juego ciencia.
Topalov, de 38 años -cumplidos el pasado viernes 15-, que ganó el título mundial en Potrero de los Funes, San Luis, en 2005 y lo perdió un año después, en Elista, transita con la experiencia de un campeón emérito, pese a que aún su fuerza de juego no lo abandona. En el último ranking de la FIDE se ubica entre los siete mejores ajedrecistas del mundo.
"Sí, creo que en 2010, cuando intenté recuperar mi título ante Anand, llegué a la cúspide de mi carrera. Sabía que ganara o perdiera ésa iba a ser mi última oportunidad. Lo di todo, pero no alcanzó. Ahora es de esperar que surja alguna otra figura en mi país, que otros tomen la posta y hagan su camino", le contó a la nacion durante uno de sus viajes de promoción de la actividad. Atrás queda una carrera de ascenso vertiginoso sobre la base del estudio y el sacrificio. Aprendió a subordinar salud, dinero y familia a cambio de un sueño: ser campeón mundial.
A principio de los años noventa, junto a Danailov, recorrió en automóvil más de 4000 km del territorio español participando en cuanta competencia le fuera permitida la inscripción; la conquista de algún premio en efectivo aseguraba la cena y el descanso de una noche en un colchón. Con los avances en el juego -logró el título de gran maestro (1992) y venció por primera vez a Kasparov (1994)- llegó el bienestar. Comenzó a recibir invitaciones a las mejores competencias y eligió una nueva morada; en 1997 se afincó en Salamanca. En 2005 ganó el torneo de Linares, tras vencer en la última rueda a Kasparov (horas más tarde, el ruso anunció su retiro de las competencias profesionales) y semanas después, cumplió su sueño en San Luis. Durante 27 meses fue el N° 1 del mundo.
-¿Qué cosas te sorprendieron de esta visita a la Argentina?
-Bueno, en verdad se puede decir que esta es la primera visita, porque en la anterior sólo estuve una noche en Buenos Aires. Sí me ha llamado la atención la gran cultura ajedrecística que aquí tienen, porque más allá de la historia, los logros y los maestros del pasado, aquí se nota la pasión de la afición. No he hecho más que poner un pie en el país que un señor de migraciones al ver mi pasaporte, me dijo: Usted fue campeón mundial de ajedrez, ¿no es cierto?" No había salido de mi asombro, porque esto no me ocurre en ningún lado fuera de Bulgaria, que ya me estaba pidiendo si podía tomarse una foto conmigo. La verdad es que todavía me cuesta creerlo (risas).
Ahora, aplomado y con su bagaje a cuestas quiere trabajar en la promoción de la actividad; para ello tiene un discurso ensayado para cada ocasión: "El ajedrez es experiencia, análisis e intuición; una excelente práctica para que ustedes mejoren sus tomas de decisiones", les dijo oportunamente a Francisco Irarrázaval (subsecretario de Deportes porteño), Gustavo Posse (intendente de San Isidro), Jorge Macri (de Vicente López), Claudio Morresi (secretario de Deporte de la Nación) y Daniel Scioli (gobernador bonaerense) durante sus encuentros con las autoridades.
En el lanzamiento del programa "Ajedrez Social Inclusivo", que según el gobierno porteño este año se desarrollará de manera gratuita en los espacios públicos de los barrios de Fátima, Los Piletones, Carrillo y villas 31 y 1-11-14, en la Plaza El descanso del Peregrino, organizado por las secretarías de Hábitat e Inclusión y de Deportes, Topalov habló ante un auditorio de jóvenes carecientes: "El ajedrez es una herramienta muy buena para integrar a los niños, porque da igual si uno es negro o blanco, rico o pobre, o incluso si es mayor o menor; en el tablero somos todos iguales. El ajedrez es muy bueno para que desde pequeños aprendan a controlarse, a manejar la paciencia".
Durante su estada, que finalizará hoy -por la noche, tras visitar algunos clubes de ajedrez, regresará a Bulgaria-, el ex campeón recorrió escuelas, centros culturales y barrios humildes. Participó de exhibiciones simultáneas ante jóvenes talentos y niños en edad escolar. "La llegada de Topalov se suma a las anteriores de Polgar y Shirov, como muestra del reconocimiento que este gobierno le otorga al ajedrez para recuperar parte del pasado glorioso de la actividad", dijo Irarrázaval.
También tuvo tiempo para dejar su impronta frente a los colegas, ya que disputó dos torneos ante varios de los mejores maestros del país, y extrañamente no conquistó ninguno. En San Isidro triunfó el zarateño Federico Pérez Ponsa, y en Villa Martelli, Diego Flores. "Alguno podrá decir que perdí el espíritu deportivo, pero lo cierto es que habiendo premios en pesos me pareció incorrecto que me quedara con algunos de ellos; he cobrado un cachet por esta visita y para algunos jugadores argentinos estos premios resultan de vital ayuda para sus carreras" dijo, sin tapujos.
Veselin Topalov, de aquel enorme jugador a esta gran persona. Todo un ejemplo.


