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BARCELONA.- El tatuaje de Jesús en el brazo izquierdo. El cuerpo cuidado y trabajado en el gimnasio que tiene en su casa del barrio romano de Olgiata. El pelo bien largo y la ancha vincha negra para sostenerlo. Repite la promesa de la última temporada: si esta vez no se le escapa la Liga a Lazio se corta el cabello..., pero no más de un centímetro. Son algunas señas personales de Matías Almeyda.
Vuelve a la selección para meterse en la pelea por la camiseta Nº 5, la misma que quieren Fernando Redondo y Diego Simeone. Sabe que está a 48 horas de rendir un examen, porque después de Espanyol tendrá que regresar a Roma -vence el permiso de Lazio- y se perderá el amistoso con España. Se lo nota ilusionado. Le sobra confianza. Atrás quedaron los días de dolores, inactividad y recuperación.
-Escuchás la palabra "lesión" y se te ponen los nervios de punta...
-Nooo, a las lesiones hay que tomarlas con calma, muy tranquilo. No sirve de nada desesperarse o andar llorando por los rincones. Si aparecen, por algo deben ser. Desde luego que duele, pero hay que tener paciencia y creer que por alguna razón tenía que ser así.
-Bueno, pero por fin las lesiones te dejan volver. ¿Te quedó alguna espina clavada después del Mundial?
-No, no, de nada me serviría vivir mirando para atrás. No me quedan deseos de revancha; sólo algo de lástima porque ese equipo estaba para llegar más lejos.
-Ahora acaba de aparecer Bielsa en tu vida. ¿Y...?
-Bielsa vive mucho el fútbol..., a ver, cómo te lo digo..., lo tiene bien adentro, pero en serio, no es una frase común en este caso. El es distinto a todos los demás técnicos; no se le escapa nada, está hasta en el último detalle que a vos jamás se te va a ocurrir.
-¿Y eso es bueno o roza con una obsesión asfixiante para el jugador?
-No, te hace bien, te pule, te transforma en un mejor jugador. Bielsa ve lo que otros técnicos no ven y después te lo explica para que vos lo apliques a tu juego. A él le gusta la presión intensa, el cuidado de los espacios y pone mucho esfuerzo en la atención de los relevos. Pero, ¡ojo!, no nos confundamos: cuando tenemos la pelota, quiere que siempre la manejemos bien y que el equipo juegue lindo.
-¿Qué opinás de las presiones de los clubes, por ejemplo el tuyo, Lazio, para no ceder a los jugadores al seleccionado?
-El jugador está en el medio y no puede hacer nada. Es un tema de otros, lo definen los dirigentes y a nosotros no nos conviene hablar.
-¿Cómo? Más de una vez las decisiones de ellos te pueden dejar con las ganas de estar en la selección...
-Te insisto, no podemos hacer nada. El jugador sólo ve pasar lo que otros deciden.
-Se viene la pelea por la 5 de la selección. Redondo, Simeone y Almeyda; candidatos no faltan...
-Es lógico que cada uno quiera estar. En definitiva, terminará jugando el que más le cumpla al equipo. Sé lo que puede dar Redondo y también Simeone. Son dos muy buenos jugadores, pero yo no me fijo en lo que hacen ellos. Sólo pienso en mí.
-En definitiva, solamente uno va a jugar.
-Sí, claro, será decisión del técnico. Creo que con Redondo podríamos jugar juntos; nunca se dio, pero sería lindo. Y con el Cholo lo hago muchas veces en Lazio: nos dividimos el medio: él para la derecha, yo para la izquierda, y no hay problemas.
-Volvés a la selección. ¿A qué equipo creés que te incorporás?
-A un equipo diferente. A un seleccionado con una movilidad y una velocidad mucho mayor que los anteriores. Y eso me gusta.


