

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
SYDNEY.- El medallero parece lógico. Está la británica Shirley Robertson. También la holandesa Margriet Matthysse. Pero de pronto aparece una argentina de 26 años en lugar de la dinamarquesa que partía como favorita. No se ve a Kristine Roug. Sí a una chica de Olivos llamada Serena Bibiana Amato.
Es la sorpresa, la revelación de la Clase Europa. Ni ella creía que llegaría a tanto. Pero aquí está. Sentada en el Club Sailing Marina, cansadísima, los ojos enrojecidos por haberse olvidado los anteojos de sol.
Serena Amato es la Dama de Bronce. La que vino para mejorar un octavo puesto y vio que podía llegar más arriba. La que, aun en nefastas condiciones de competencia internacional, pudo contra una estructura superior.
"Con lograr algo más que el octavo puesto estaba hecha. En estas competencias tengo que remontar una desventaja muy grande en términos de apoyo económico. Justo lo dijo la británica Robertson. Ella estaba muy presionada porque tuvo mucha ayuda, el presupuesto que le habían destinado era enorme."
Si es por eso, Serena vino con pocas presiones. "No me quejo, porque el apoyo que tuve fue superior al que recibí para Atlanta. Lo que pasa es que, si queremos que nos vaya mejor, tenemos que competir más, ir más tiempo a Europa."
Los 30.000 pesos de premio que le corresponden por el tercer puesto la ayudarán a cubrir algo mejor los gastos. "Los usaré para la campaña Atenas 2004. Me vienen bien, pero también me hubiesen venido bárbaro antes de Sydney, y no los tuve."
Dos dedicatorias tuvo la medalla. Una, para su madre, que falleció hace unos años. La otra, para su psicólogo, Juan José Grande. También recordó a Alejandro Cloos -el entrenador en Sydney- y a Juan Carrasquet, el técnico en Buenos Aires, del que dejó una anécdota: "Estaba tan loco que me llamó al bote entre regata y regata el último día, desde Buenos Aires. Me dijo que tomara una racha por un lado, que me fijara que el viento venía de tal manera. Qué genio... no sé cómo se dio cuenta, si él sólo lo podía ver por televisión".
Aprendió a navegar a los seis años, por esas cosas de las pasiones familiares. Se entusiasmó, empezó a competir desde chica, se juntó con Javier Conte en el Cadet, ganó 19 regatas seguidas contra botes conducidos por dos varones, siguió sola en la Clase Europa, triunfó en los Panamericanos. Y todo con el apoyo familiar o la ayuda de algún sponsor ocasional. Así fue que debió frenar sus estudios de veterinaria.
Quizá si hubiese nacido en otro país... No, qué idea. "En los demás países te dan todo servido. Supongo que, ante ese panorama, yo no me hubiera gastado tanto. Y si no me mataba como me maté, no hubiera llegado a nada. No... Ser de otro país no me hubiera servido."
Se suma su argentinismo para cerrar el concepto. "Adoro a la Argentina. Cómo crecí, mis amigos, el modo de vida. Yo estoy muy contenta siendo argentina. No lo cambiaría por más apoyo." Mucho menos ahora. "Y... supongo que me van a ayudar un poco más. Lo espero, al menos."
Tiene lógica el deseo. Llegó al primer nivel olímpico con mucho menos que el resto. Y aun así pudo superar a casi todas. Es otro premio al esfuerzo. También es un reflejo del deporte olímpico argentino.


