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No era exagerado ubicar la conquista del Morelia como una hazaña. Después de todo, se trataba de un equipo humilde, representante de una de las regiones de México más postergadas, cuya gente desconocía lo que era la gloria de un título en primera división. Y también hubo cierto dramatismo, porque las finales ante Toluca por el torneo de Invierno que finalizó en diciembre último, necesitaron de la serie de penales para conocer al campeón. La historia eligió como héroe a alguien con edad de jugador retirado, entregado al estoicismo de soportar una fractura en la mano izquierda para atajar tres penales y festejar a lo grande: Angel David Comizzo.
-¿Cúal es el secreto para estar vigente a los 38 años?
-El talento... (risas). La clave está en que me cuidé siempre. Me siento entero, como si tuviera 20 años. -Qué tiene más valor para vos: ¿haber sido campeón con River o con el Morelia?
-Con el Morelia. Es una institución muy sufrida; pertenece a uno de los estados más pobres de México (N. de la R: Michoacán, en el centro del país, desde donde emigró la mayor cantidad de braceros ilegales hacia los Estados Unidos), con cerca de 1.000.000 de habitantes. Junto con Irapuato, eran los dos equipos que nunca habían obtenido un campeonato local. Sólo luchaba por mantener la categoría. Y lo mejor de todo es que fuimos campeones jugando bien al fútbol.
-¿A quién pertenece el club?
_A la empresa Televisión Azteca. La verdad, no nos privan de nada. Es más, a veces nos malcrían demasiado.
-¿Y cómo se hace para atajar tres penales con un dedo fracturado?
-Jugué los últimos 10 partidos con la fractura, que se me produjo en un choque con Darío Franco (uno de los dos compañeros argentinos; el otro es Jorge Almirón). Cuando me lesioné tenía dos alternativas: paraba o me infiltraba para encarar el tramo final. Arriesgué y me fue bien, aunque sufrí bastante. Fueron tres infiltraciones cada tres días. El dedo quedaba anestesiado, dormido. Después de los partidos, cuando se iba el efecto, me costaba mucho dormir. Cuando atajé los tres penales ni sentía el dedo.
-¿En la Argentina te costaría más alcanzar el nivel y el reconocimiento que tenés en México?
-Yo me divertiría en la Argentina. Y en River alcancé un reconocimiento importante. Cuando Ramón Díaz me pidió, no volví por los problemas políticos del club. Yo soy el único arquero que puede volver, entrar en el Monumental y no sentir la presión de la gente; ese tipo de responsabilidad no me hace temblar las piernas.
-¿Qué extrañás de la Argentina y de nuestro fútbol?
-A mis amigos y familiares, además de salir a pescar. Y del fútbol extraño la presión que lo rodea, pero nada más. Me quedo con el fútbol mexicano, con el fútbol de la no violencia que se vive aquí.
-¿Qué razón te haría volver para jugar en la Argentina?
-La única sería que me quiera River, aunque soy consciente y vivo la realidad de mis 38 años. Es el único club por el que jugaría gratis. Lloré el día que me fui de River.
-¿Creés que tu salida de River, tras el conflicto con Passarella, te marcó como un jugador conflictivo?
-No, porque después jugué con otra clase de entrenadores, y siempre fui titular sin tener problemas. Y volví a salir campeón. El tiempo pone las cosas en su lugar. Mirá, con Passarella tuve una amistad muy fuerte. Una relación como nunca había tenido con otro técnico. En mi interior está perdonado, porque tampoco podía vivir envenenado. El no opacó mi carrera, más bien la retrasó un poco.
-¿Europa queda como una cuenta pendiente en tu carrera?
-A Europa no fui porque no quise. Cuando estaba en Banfield deseché un ofrecimiento del Tenerife. Estoy seguro de que si iba hubiera sido recontrafigura. Veo los arqueros de Italia y España y son malísimos. No tienen técnica con los pies, se quedan abajo de los tres palos, no se anticipan a la jugada...
-Vos tenés un estilo que es de la línea de Carrizo y Gatti. ¿Hiciste escuela en México?, ¿hay arqueros que te copiaron?
-No sólo a mí. Desde Marín hasta el flaco Scoponi y yo dejamos escuela. No quiero ser soberbio y decir que traje tal estilo. También Zelada y Lavolpe fueron espejos. Los mexicanos Cabuto y Osvaldo Sánchez son buenos arqueros. Hacen la de Dios, achican bien, juegan con los pies.
-Quién es más creíble: ¿un dirigente argentino o uno mexicano?
-Uno mexicano, sin dudas. Acá, en el 90 por ciento de los casos, te cumplen lo que te prometieron. En la Argentina, en el 90 por ciento de los casos, cuando vas a cobrar lo que te prometieron te dicen que sos conflictivo.
En México es distinto. El presidente del club es un empleado que le rinde cuentas al dueño; están controlados. Y ojo que están muy bien pagados; algunos ganan más de 1.000.000 de dólares en un año. Hace un tiempo leía que el que era el presidente de Vélez... ¿Gámez se llama, no?, no quería saber nada con las sociedades anónimas en los clubes. ¡Y claro, porque de esa manera se les acaba el curro a los dirigentes!
-¿Pasar de River a Banfield lo viviste como un retroceso en tu carrera?
-En realidad, cuando me fui de River estuve unos meses en América de Cali, con el que llegamos a las semifinales de la Copa Libertadores y fuimos eliminados por aquel San Pablo fantástico de Telé Santana. Mi llegada a Banfield no fue un retroceso. A lo sumo, fue un paso atrás para dar otros dos adelante con más fuerza. Le tengo mucho cariño y ellos están muy agradecidos conmigo. Es más, es el primer club que voy a dirigir cuando abandone.
-Decime tres compañeros a los que siempre quisieras tener en tu equipo.
-Passarella, Astrada (Leonardo) e Higuaín (Jorge). Y te agrego un cuarto: Edgardo Prátola (ex compañero en el León).
-Elegí tres momentos inolvidables de tu carrera.
-El debut con Talleres de Córdoba y los títulos con River, en el 91, y con el Morelia. Y también es un recuerdo imborrable el campeonato que gané con Racing de Reconquista, por la Liga local, cuando tenía 16 años. Eran tiempos de amateurismo y de amor por la camiseta.
-Se acerca el momento del retiro.
-En Morelia me quedo hasta junio. Ahora no jugaré las primeras fechas del torneo de Verano porque me estoy recuperando de la operación en la mano. En abril tendré 39 años. No sé..., quizá siga una temporada más para completar 20 años en primera división. Puedo cometer algún error técnico, como cualquier arquero, pero en reacción, reflejos y velocidad me siento bárbaro.



