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Tiene problemas y preocupaciones mayores, sin dudas, pero días atrás, cuando creyó que había apagado involuntariamente el fuego olímpico, a Horacio Rodríguez Larreta se le aceleró el corazón. "Por suerte no, la llama seguía ahí", dijo el jefe de gobierno de la ciudad que dentro de dos meses –del 6 al 18 de octubre– será sede olímpica por primera vez en su historia.
El deporte, tierra fértil para los mitos, tiene probablemente el mayor de todos en el fuego olímpico. Según la mitología griega, la llama simboliza el fuego que Prometeo le robó a los dioses y regaló a los humanos. Durante los Juegos Olímpicos de la antigüedad, esa llama estaba siempre encendida. Presencia permanente en los Juegos de la era moderna desde los de Amsterdam 1928, no es la primera vez que el fuego olímpico visita la Argentina, aunque esta tercera visita es muy diferente a las anteriores. El fuego estuvo en Buenos Aires en los meses previos a los Juegos de Pekín 2008, pero solo para unos breves relevos. Ocho años más tarde, en la antesala de Rio 2016, el símbolo olímpico volvió a pasar por la Argentina. Pero esta vez es diferente, la llama recorrerá todo el país en una gira de 17 ciudades y 14.000 kilómetros. Antes del inicio del recorrido, este domingo en La Plata, el fuego olímpico visitó la redacción de la nacion, escoltada por Gerardo Werthein , presidente del Comité Olímpico Argentino (COA), y Rodríguez Larreta. Existe la posibilidad de que se sume una 18° escala en la Antártida, pero eso dependerá de las condiciones climáticas en la Base Marambio.

"Con la visita a Ushuaia el 30 de septiembre, el fuego olímpico llegará al punto más austral que haya estado nunca. Y lo de la Antártida sería fantástico", se entusiasma Werthein antes de ver un límite. "¿Si voy a ir yo a la Antártida? No sé si me convence tener que aterrizar sobre hielo", añade entre risas.
La llama, encendida el 25 de julio mediante el reflejo de los rayos del sol en un espejo cóncavo, "nació" durante una ceremonia en el estadio Panathinaikos de Atenas –aquel que fue sede de los primeros Juegos de la era moderna– y llegó a la Argentina multiplicada por ocho, porque ocho son los pequeños faroles en los que es guardada. A la nacion llegaron dos de esas linternas, celosamente protegidas en un cofre metálico. "El fuego vino a la Argentina en un cofre cerrado, con una lámpara especial que está especialmente diseñada para subir a cualquier avión. El fuego no se apaga nunca, jamás", explicó Leandro Larrosa, el CEO del Comité Organizador. "Todo esto tiene un procedimiento particular. Hay dos lámparas que están siempre encendidas para mantener ese fuego. Se las recarga permanentemente con una parafina líquida que dura entre 15 y 16 horas. Después, desde esas llamas se empiezan a prender las diferentes antorchas. Pero el fuego es siempre el mismo".

El carácter mítico del fuego olímpico no lo exime de zozobra. Su paso por la Argentina tendrá muy poco que ver con el recorrido de diez años atrás, en la previa de los polémicos Juegos de Pekín. En aquellos meses, si el fuego olímpico hubiera podido hablar, probablemente habría pedido regresar a las muy tranquilas ruinas de Olimpia, el lugar en el que fue encendida el 24 de marzo de 2008 y que abandonó para recorrer 137.000 kilómetros en los que esperaba afecto, alegría y admiración. En lugar de eso encontró hostilidad, violencia y críticas. El fuego llegó incluso a extinguirse por unos instantes en París, y en San Francisco fue como si no hubiese ardido, porque en vez de exhibirse ante la multitud que la esperaba, la antorcha debió dar un paseo en la semiclandestinidad.

En el recorrido por diferentes ciudades de la Argentina, el fuego pasará de mano en mano, sobre todo de jóvenes, que al fin y al cabo serán los grandes protagonistas de la cita que se inaugurará en la noche del sábado 6 de octubre con un recital al aire libre en el Obelisco. La antorcha, que en cada Juego de verano cambia de diseño y aspecto, está estandarizada para la cita juvenil, lo que no le quita atractivo: cada vez que un aficionado al deporte –o incluso gente a la que el deporte le es relativamente indiferente– se encuentra con el fuego nacido en Grecia, el momento es mágico, porque la llama encandila y dispara los sueños. Sucedió también durante e recorrido por la nacion y volverá a pasar en cada rincón del país que se ilumine con su tenue fulgor. A muchos se les pasará por la cabeza lo mismo que a Rodríguez Larreta: temerán que se les apague. Pueden quedarse tranquilos: encendida o no, esa llama vive siempre.



