Argentina-Brasil. La insólita mini vuelta olímpica de Bolsonaro en el entretiempo del partido

Jair Bolsonaro en el estadio Mineirao
Jair Bolsonaro en el estadio Mineirao Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Andrés Eliceche
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3 de julio de 2019  • 12:12

BELO HORIZONTE.- El domingo, la plaza de la Libertad, el punto de reunión elegido en la ciudad para cada ocasión importante, se vistió con la bandera del país desde la mañana. El "Ordem e progresso" que flamea en su centro se multiplicó de a cientos, mientras el sol hacía más apacible todavía este llevadero invierno. La convocatoria tenía un objetivo: apoyar al Gobierno de Jair Bolsonaro. Había proclamas a su favor, emeras con su cara y el público podía tomarse una foto con una imagen en tamaño real de Sergio Moro, el controvertido ministro de Justicia. Quizás por todo eso, a modo de agradecimiento, el presidente de Brasil protagonizó anoche un episodio salido de todo protocolo en un partido oficial como el que estaban jugando Brasil y Argentina aquí mismo.

¿Meterse en la cancha en medio de una semifinal de la Copa América. La escena tomó por sorpresa a los espectadores, que miraban sus teléfonos, buscaban el baño más próximo o charlaban con quien tenían al lado: típicas acciones del entretiempo de un partido. Los jugadores descansaban en sus vestuarios y Tite y Scaloni trazaban la estrategia para los segundos 45 minutos cuando Bolsonaro bajó las escaleras del palco oficial y entró al perímetro del Mineirao.

Jair Bolsonaro experimentó una insólita vuelta olímpica en el entretiempo del partido
Jair Bolsonaro experimentó una insólita vuelta olímpica en el entretiempo del partido Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

Entonces produjo su mini vuelta olímpica. Ya en el terreno, caminó por detrás de los bancos de suplentes y llegó unos metros más allá del córner donde un rato más tarde Firmino celebraría el segundo gol de Brasil. Rodeado por la nutrida comitiva de seguridad, Bolsonaro agitaba su brazo derecho para saludar al público. Las respuestas estaban bien divididas: muchos lo aplaudían, otros -una ajustada mayoría- lo abucheaban. Y otros, muchos de los que estaban en las tribunas ubicadas al ootro lado del campo de juego, ni siquiera se diieron cuenta de lo que estaba pasando. Él siguió adelante con su plan: no dejó de sonreír en ningún momento, e incluso subió unos escalones a estrechar algunas manos cuando desde la platea le tiraron una bandera de Brasil.

Neymar en el Mineirao
Neymar en el Mineirao Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

Bolsonaro había llegado al palco apenas 15 minutos antes del comienzo del partido. A su izquierda estuvo siempre Cafú, el extraordinario excampeón mundial, cuya imagen figura en los spots oficiales de la Copa que repite a diario la televisión brasileña. En otro palco asomaba Neymar, con colores amarillos que resaltaban más su presencia. Y bastante más a la izquierda del presidente brasileño se ubicó la familia Messi. Antonela, con la camiseta 10 de la selección, siguió el partido al lado de Celia, la mamá de Leo. Thiago y Mateo iban y venían, mientras Jorge, el abuelo de los chicos, observaba el partido desde más atrás, a veces parado. El momento familiar más emotivo ocurrió al principio de todo, cuando Thiago y Mateo divisaron a su papá y lo saludaron efusivamente, antes de que se ejecutaran los himnos. Desde allí se veía cómo Leo los buscaba con la mirada.

La familia Messi en las tribunas del Mineirao
La familia Messi en las tribunas del Mineirao Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

Después vendría el partido, los goles de Brasil, la salida a escena de Bolsonaro, la inutilidad del VAR y un festejo que tomó las calles de la ciudad. Pero solo después.

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