Champa Ultra Trail: la familia que llegó al podio de la prueba atlética más dura del país y miles de historias paralelas
La prueba se desarrolla en el cerro Champaquí y es reconocida por su extremada dureza; es una de las competencias de running más complejas, convocantes y técnicas del país
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La cima más alta de la provincia de Córdoba, el cerro Champaquí, se eleva imponente hasta rozar casi los tres kilómetros de altura. Observa por arriba de las nubes a un pueblo de unos pocos miles de habitantes que descansa a sus pies (es San Javier) y son días en los que está sufriendo una revolución. Sus calles tranquilas, donde sulkis y caballos se dan paso con la misma prioridad que camionetas 4x4 y bicicletas, donde en su plaza central los artesanos despliegan su arte bajo la torre de la iglesia; allí, la serenidad imperturbable de este poblado está siendo atravesada por la adrenalina, la ansiedad, la tensión y la alegría de miles y miles de corredores que se acercaron con un solo objetivo. Colmando casi todo el valle de Traslasierra, buscan desafiar una de las carreras más duras, convocantes y técnicas de la Argentina: están a punto de largar la Champa Ultra Trail.
Los más intrépidos llegarán a hacer cima a 2884 metros sobre el nivel del mar, en las cinco distancias que ofrece el evento: 11, 22, 37, 50 y 68 km. Pero más allá del recorrido y los objetivos, sobre la ladera del Champaquí se cruzarán historias de amores de un siglo de duración, corredoras de 87 años y 4 bisnietos y otras de 14 primaveras, ganadores que casi no se entrenan por tener que cortar el pasto y ganadoras que dejan de correr para convertirse en médicas. Muchas más historias y muchos secretos revelados entre la cima de Córdoba y la base del cerro que los Comechingones llamaron “Agua en la cabeza”. Ya descubriremos por qué.
La carrera estaba programada para iniciarse el sábado 5 pero una tormenta eléctrica azotó la zona como pocas veces y todo se reprogramaron para el domingo. La organización de Mountain Race Logística estaba preparada para cualquier eventualidad y al día siguiente el sol dijo presente como lo hace más de 300 días al año en Traslasierra. Todo estaba alineado para que ahora brillaran los corredores...
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Cruzan la meta de la carrera de los 11 kilómetros, se toman de la mano, se miran a los ojos y se dan un beso. Ella tiene 67 años y se llama María Celina, él tiene 70 y su nombre es José Luis. Así cuentan su historia:
José Luis: –Hace 100 años que estamos casados…
María Celina: –No, son 46, más 8 de noviazgo. Empezamos a salir al comenzar la secundaria, él era compañero de mi hermano mayor.
Ambos se iniciaron con los trotes cuando se jubilaron. “Y fue la mejor decisión!”, asegura José Luis. Su primera competencia fue esta misma, el Champa, en el 2018. “Es como nuestro primer amor, y siempre decimos que va a ser la última, es muy dura… pero acá estamos”, confiesa María Celina. Y cuenta algo más que la enorgullece: “De nuestros tres hijos, ya logramos que corran dos”.
“Me caí tres veces, ahí él me volvía a alcanzar y siempre me preguntaba cómo estaba, es un compañero impecable”, relata el cabo primero del ejército argentino Fernando Mendieta. El compañero que menciona es Mauro Romero, quien llegó segundo en los 37 km, los cuales Fernando ganó. Es el segundo año consecutivo que triunfa en esa distancia, el primero fue una sorpresa, “pero ahora tenía conocimiento de que podía ganar. Eso genera presión, anoche dormí una hora”, confiesa el cabo. Ahora que los nervios pasaron y aún les queda un día para regresar a la base de El Palomar, tiene bien claro cómo terminar su domingo: “Ya me voy con el grupo de Modo Run a comer el asado y tomarme una cervecita”. Luego al llegar al regimiento lo espera su pareja, Natalia. Falta muy poco, lo cuenta el futuro padre: “Tenemos fecha para el 26 de abril, se va a llamar Valentina. Estoy chocho, tengo muchas ganas de que me vea corriendo”.
Elisa Forti, el brillo eterno
De repente, el locutor la anuncia: llega otra superestrella del circuito de carreras argentinas. Ella cruza la meta radiante, pero a poco de colgarse la medalla de finisher, ya la rodean para saludarla, felicitarla, pedirle fotos. Elisa Forti tiene 86 años y brilla con una jovialidad de quinceañera, pero es un pedido atrás de otro ¿Se olvidan de que tiene 86 años y acaba de recorrer 11 duros kilómetros de montaña? “Al principio era muy incómodo porque yo no sentía que hiciera nada especial para que me estén felicitando”, recuerda Elisa sobre sus inicios como corredora, con 72 años: “Ahora entiendo que el cariño es sincero, y bueno, tengo un poco de paciencia”.
“Vamos, nos sentamos allá lejos y charlamos tranquilos”, le dice a este cronista, “pero antes de irte me tenés que ayudar a levantarme”. Se sienta, mira a lo lejos, la gente que aún desciende del cerro, los que se meten a la enorme pileta que linda con la llegada, y empieza a contar: “En diciembre me fui a visitar a mi hijo a España, a pasar las fiestas con él. Allá me arrastró un auto que arrancó antes de que me bajara, me lastimó toda una pierna, luego me agarré Covid, no pude ni festejar mi cumpleaños el 31 de diciembre (dicen que en esa fecha nacen las cabezas duras, aclara ella misma)”. Pero ahora está a los pies del Champaquí, es su primera carrera luego de ese aciago diciembre y sonríe, a pesar de tener varios rayones con sangre en los brazos y las piernas: “Es mi piel, que es débil, cualquier ramita me saca sangre… pero no pasa nada”, aclara y vuelve a sonreír. “A mí el running me solucionó la vida, me mantiene ocupada, cuando quedé viuda, empecé a correr… ya hacía varios años que había enviudado, la verdad ni me acuerdo”, y se ríe de su falta de memoria. Los corredores siguen pasando a lo lejos, la competencia está aún en plena marcha: “Pero también me tengo que plantear que en algún momento se van a acabar las carreras para mí, porque no soy eterna”.
La familia que se llevó varios trofeos
En eso Julio Molina cruza lanzado la meta. Acaba de ganar los 50 km en el sprint final. “Pasé al segundo en el río, a 300 metros de la llegada, él me había pasado en la calle”, explica aún agitado bajo el arco de llegada. “Es muy duro el circuito, por suerte me caí una sola vez. Pero la verdad es muy buena la organización, te sentís muy cuidado”. Julio es jardinero y está en temporada alta de trabajo: “No me imaginaba ganar, aproveché la oportunidad, aposté y, si no me quemaba, salía bien”. Salió bien, ganó, pero no fue el único: una familia se volvió a Victoria (Entre Ríos) con el auto lleno de trofeos.
La familia Reggiardo está compuesta por papá Ezequiel (50), mamá Josefina (44) y sus hijas Julia (15) y Rocío (14). “Cuando salimos de vacaciones aprovechamos las bajadas de las montañas para entrenar los descensos”, relata Ezequiel. Con su esposa son deportistas desde jóvenes y ese estilo de vida inculcaron en sus hijas. Él conoció “el Champa” en la edición anterior y le gustó tanto que se trajo a toda su familia. Era la primera carrera de montaña para las hijas y el plan era claro: Rocío iría junto con Josefina en los 11 km y Julia a la par de Ezequiel en los 22 km. Pero las niñas imaginaban otro plan.

“Ellas pensaban que nos iban a dejar atrás, que los viejos no les íbamos a poder seguir el ritmo”, confiesa sonriente Ezequiel. Julia, la mayor, no pudo, la realidad es que su padre aún le marca el paso, aunque sabe que el tiempo corre a favor de ella y quedan pocas carreras para ir a la par. Pero Rocío, si bien fue la mayor parte de la carrera con su mamá, a falta de 2 kilómetros puso todo y se fue más adelante, lo cuenta tímida: “Me sorprendí con el puesto en qué terminé y me encantó porque corrí, casi todo, con mamá”.
Más allá de intentos de emancipación deportiva, lo que no estaba planeado, y jamás olvidarán, era que todos terminarían arriba del podio.
El matrimonio salió tercero cada uno en su categoría de edad y las chicas segundas ambas también en sus rangos de edad, aún contra corredoras de 19 años. Ezequiel relata: “Al menos es la primera vez que Julia me hizo caso en todo, pensá que tiene 15… y la verdad me pone más contento su podio que el mío”. El último en recoger la medalla es él, aunque luego de bajar del podio recibe el mayor premio, Julia se le cuelga del cuello y le dice al oído: “gracias papá”.
Ya abajo del podio, se subieron al auto para salir rumbo a Victoria. Seis horas de viaje hasta casa. No hay tiempo para vacaciones, fue una escapada deportiva. Se vuelven con el auto lleno de trofeos y un fin de semana que jamás olvidarán.
Más historias para conocer
“Corrí 12 maratones, la última casi con 70, pero corriendo, no trotando. Elsa me acompañó siempre, en cada maratón, fue fundamental en mi vida”, relata Osvaldo Palacio (76) y agrega: “Ella falleció hace 5 años”. Ahora acaba de cruzar la meta de los 11 kilómetros: “Champa fue mi primera carrera de trail, el año pasado. No tenía idea de la montaña y me gustó. Hoy me vino a ver Fernando, mi hijo, y eso me alienta”.
El ganador de los 68 km cruza el arco, lleva el número 200 grande en el dorsal, pero lo que apenas se ve son unas escrituras con lapicera. “Marqué el tiempo por el que quería pasar en cada puesto de control”, explica Franco Paredes sobre su estrategia. “Es de las dos carreras más técnicas del país, si no llegás al 100%, o abandonás o lo pasás muy mal”. El año pasado había salido segundo, esta vez estaba mejor: “Perfeccioné la alimentación, entrenándola bastante gracias a Mervi que me ayuda, sino es imposible. Para hacer un entreno largo se te van dos mil pesos en geles”. Todo estaba planificado, en su dorsal figura el tiempo de la llegada: 9 hs. Para ganar la carrera necesitó 8 horas y 58 minutos.
“Me encanta esta carrera, el circuito, es el estilo que me gusta, y nos enamoramos del pueblo”, detalla Sol Andrucetti (25), quien acaba de ganar los 22 kilómetros. “Venía firme, pensando que iba primera cómoda y me pasaron como parada en la bajada, me le pegué y la pasé en la subida. Ahora estoy intacta, mañana veré”. Tendrá que ver cómo está su cuerpo y su mente, porque al regresar a su Mendoza natal, aún tiene una carrera más larga por delante. Este año se debería recibir de médica y aún le quedan las prácticas por recorrer.
“¡La Flaca, la histórica!”, brama al micrófono el locutor de la carrera. Y antes de conocer la historia de la ganadora, merece ver la luz la historia detrás del micrófono. Diego Sorba es actor, productor, músico y también locutor. “Empecé con la “Chancha” (se refiera a Rodrigo Peiretti, el organizador, junto con su esposa Tanía, de la carrera), en la primera carrera de ellos, la UTACCH del 2010″. Desde ahí estuvo en 6 de las 7 ediciones del Champa y cuando llegue el último y apague el micrófono contará 24 horas ininterrumpidas de transmitir energía con su voz. “En UTACCH llegué a 40hs con sólo 4 de descanso”, aclara y da su secreto: “Esto es como correr, no se larga con 68 km el primer día un día, pero paso tras paso se llega”.
La Champa Ultra Trail por dentro

Ahora sí la “Flaca” cruza el arco de llegada siendo la primera dama en los 68 km. Adriana Vargas (43) se sincera: “No me imaginaba ganando, demasiado rota he quedado, es la mejor carrera del país, es muy técnica, mucho desnivel”. A pesar de que ganó la edición anterior, asegura: “Para ésta no estaba bien, pero nunca planifico un puesto, planifico llegar”.
Casi 4000 corredores pasaron bajo el arco de llegada, es la medianoche del domingo, Diego felicita al último y apaga el micrófono. Ni los rayos, ni el viento, ni el agua detuvo la carrera. “Yo tenía un plan B, un plan C y un plan D”, sonríe la “Chancha”. Todas las historias regresaron sanas a su casa. Habían desafiado al cerro más alto de Córdoba, aquel que los Comechigones bautizaron Champaquí, que significa “Agua en la cabeza” por la pequeña laguna que aloja en su cima. Esa cima que atravesaron en la Champa Ultra Trail, esa cima que se coronó con miles de relatos.
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