Shelly Ann Fraser-Pryce: de la infancia pobre en Kingston a su cuarto título mundial en los 100 metros

El festejo de Fraser-Pryce con su hijo Zyon, en Doha
El festejo de Fraser-Pryce con su hijo Zyon, en Doha Fuente: Reuters
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29 de septiembre de 2019  • 21:30

DOHA (AFP).- Shelly Ann Fraser-Pryce es la mujer de oro en los 100 metros del Mundial y ya acumula cuatro títulos en la distancia reina de la velocidad. Ella tiene una historia de superación personal, desde unos orígenes muy modestos en un barrio conflictivo de Kingston a la gloria en el deporte. A sus 32 años y después de haber sido madre en 2017, lo que la apartó temporalmente de la élite del atletismo, su sonrisa y su fortaleza mental han forjado un carácter de ganadora clave en su éxito, a pesar de que el punto de partida no parecía el más sencillo para ser una triunfadora.

A sus 32 años, Fraser-Pryce (10s71/100) sumó su cuarto título mundial, su octavo oro mundial y una décima medalla en total en esta competición, que celebró en la pista con su hijo Zyon, de dos años. La plata fue para la británica Dina Asher-Smith (10s83) y el bronce para la marfileña Marie-Josée Ta Lou (10s90).

Fraser-Pryce, que es además dos veces campeona olímpica en la línea recta (Pekín 2008 y Londres 2012), confirmó los pronósticos y vuelve a ser la reina de la velocidad, un día después de que el estadounidense Christian Coleman ganara la prueba masculina de los 100 metros.

Antes de este éxito, había logrado ganar el hectómetro en los Mundiales de Berlín 2009, Moscú 2013 y Pekín 2015. No participó en Londres 2017 por el nacimiento de su hijo en ese mismo mes de agosto.

Durante años se le consideró a Fraser-Pryce la versión femenina de su compatriota Usain Bolt, pero eran antagónicos en muchos aspectos: mientras él era extrovertido, amante del 'show' y tremendamente mediático, ella es más tímida y no sólo se conforma con un segundo plano, sino que se siente más cómoda en él.

Una de sus principales tareas fuera del atletismo es colaborar con causas solidarias -como embajadora de Unicef, entre otras tareas-, especialmente en favor de los más desfavorecidos y de los niños de entornos pobres. "Si puede ayudar a alguien, Shelly lo hará en privado. No le gusta lo contrario", explicó en su día el pastor Winston Jackson al diario jamaicano The Gleaner.

A toda velocidad: Fraser-Pryce ganó de punta a punta
A toda velocidad: Fraser-Pryce ganó de punta a punta Fuente: AP

Ella conoce bien cómo se vive en un lugar con pocos medios y perspectivas reducidas, ya que procede de un conflictivo y peligroso suburbio de Kingston y en su familia hay víctimas de la violencia que allí se vivía.

Su madre Maxine educó a Shelly Ann y a sus dos hermanos con un lema: "Tienes talento, úsalo". Y su talento era sobre todo para el atletismo, donde ha demostrado tener unas cualidades espectaculares, que le han permitido hacerse un hueco entre las estrellas más brillantes de la pista. "Son las mujeres y los niños de Jamaica los que me inspiran", declaró la atleta al Daily Telegraph británico en 2009, poco después de haber añadido el título mundial de 100 metros a su oro olímpico de Pekín-2008.

"Intento ser un ejemplo para ellos. Todo el mundo puede tener éxito. Puedo intentar hablar con ellos, para que finalicen sus estudios, para que no se queden embarazadas a una edad muy temprana, para que no se pasen el día en la calle. Para que hagan sus tareas escolares y se centren en un deporte si son buenos para ello", explicó.

La llegada de los 100 metros; Fraser-Pryce (izquierda) vence a Elaine Thompson y a Marie-Josée Ta Lou (derecha)
La llegada de los 100 metros; Fraser-Pryce (izquierda) vence a Elaine Thompson y a Marie-Josée Ta Lou (derecha) Fuente: AP

Fraser-Pryce, que contrajo matrimonio en 2011 con su novio de toda la vida, Jason Pryce, tuvo una infancia muy difícil, marcada por las enormes limitaciones económicas de su familia. Tenían incluso problemas para comer si Maxine no había tenido un buen día con la venta ambulante.

"Ella fue estricta con nosotros y trabajó duro como vendedora en la calle para segurarse que podíamos ir a una buena escuela", explicó Fraser-Pryce. "Fue muy duro para ella. A veces no teníamos suficiente para comer, iba a la escuela sin dinero para el almuerzo", dijo sobre su madre, de la que siente muy orgullosa.

En esa infancia y primera juventud tan complicadas, Maxine siempre exigió a Shelly Ann que no hiciera caso a las bandas y grupos del barrio, evitando cualquier problema o que pudiera llegar a algún mal camino. Las circunstancias no invitaban a ser optimista, pero la joven, que optó pronto por trabajar duro en el deporte, logró salir adelante a base de esfuerzo, capacidad de sacrificio y una constancia a prueba de cualquier contratiempo.

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