La misteriosa vida de Juan Carlos Zabala, el Ñandú Criollo que brilló en Los Angeles 32 y tuvo una conexión nazi

Zabala ganó la carrera de Los Ángeles 1932 en 2 horas, 31 minutos y 36 segundos
Zabala ganó la carrera de Los Ángeles 1932 en 2 horas, 31 minutos y 36 segundos Fuente: Archivo
Fernando Vergara
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7 de agosto de 2020  • 11:39

Cada 7 de agosto es un día especial para el atletismo argentino. En esa fecha, en 1932 y 1948, sucedieron dos hechos históricos para el deporte de nuestro país. Primero, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, Juan Carlos Zabala logró la medalla dorada en el maratón. Después, en Londres 1948, Delfo Cabrera, otra leyenda del del deporte nacional, repitió la gesta en la pista. En honor a ellos, se celebra en esta fecha el día del maratonista.

Mientras los años transcurren, la vida de Zabalita permanece en una nebulosa, envuelta en un halo misterioso. El lugar y fecha de nacimiento es uno de los ejemplos. Una versión señala que era hijo de Durango, un vasco que de viaje por la Argentina tuvo una relación con Elena Boyer. Aunque el propio Zabala explicó: "Nací en la embajada francesa en Buenos Aires. Mi padre era un oficial de la armada de Francia que murió en Scapa Flow, durante la Primera Guerra Mundial. Cuando mi madre se enteró de eso, murió de un infarto". Así lo relata el libro 'Aventuras en las pistas', de Luis Vinker. Asimismo, hay otras fuentes que señalan que Zabala nació en Rosario. Lo concreto es que el pequeño Juan Carlos quedó a los 6 años bajo la tutela de su padrino, Don León Cabal, defensor de menores en el Hogar Escuela Ricardo Gutiérrez, de Marcos Paz.

Zabala ganó la carrera de Los Ángeles 1932 en 2 horas, 31 minutos y 36 segundos
Zabala ganó la carrera de Los Ángeles 1932 en 2 horas, 31 minutos y 36 segundos Fuente: Archivo

La infancia de Zabalita fue triste. Ante cada travesura, su destino era justamente el reformatorio. Aunque él siempre le buscaba la vuelta para dibujar una sonrisa. "Creían castigarme. Lo cierto es que yo mismo me procuraba las 'vacaciones'. Estaba solo en aquella inmensa mansión y me aburría mucho. Por eso prefería que me mandasen allá, con los demás muchachos. Allí jugaba, hacía deportes, me divertía. Pero, ¿qué pasaba? A los quince días, en vistas de que me portaba bien, me mandaban de vuelta a la casa del doctor. Y entonces tenía que volver a hacer otro lío para regresar allá. Por eso, como dije, yo nunca estuve internado", aseguraba Zabala. El relato, minucioso, forma parte de un texto de Hernán Ceres (Jorge Hernán Cereghetti) en la revista Todo es Historia, en 1969.

La predisposición de Zabalita para los deportes era grande. Desde los ocho años ya se destacaba en natación y en básquetbol. Un par de temporadas más tarde comenzó a correr, bajo la mirada de Alberto Regina, por entonces profesor de la Asociación Cristiana de Jóvenes. Zabala fue bautizado por el diario Crítica como Ñandú Criollo. Su descubrimiento se produjo en un torneo juvenil por quien sería su histórico entrenador y guía permanente, Alejandro Stirling, en 1927.

En 1929, Zabala -que medía 1,62 metro y pesaba 59 kilos- fue campeón nacional en 3000 y 5000 metros cuando aún no había cumplido los 17. Dos años después, logró el récord sudamericano en los 3000 metros. Tras aquella marca, Stirling le dijo que para ganar una medalla olímpica, en 1936, tenía que competir contra los mejores en Europa. Por eso, Jorge Mitre, entonces director de La Nación, decidió apoyarlo económicamente en su carrera y solventó los gastos del viaje del atleta.

Zabala siempre se caracterizó por su velocidad y resistencia, y fue el primer atleta argentino que bajó la marca de 15 minutos en los 5000 metros. En 1931 fue campeón Sudamericano en Buenos Aires y ese mismo año comenzó una gira europea en la que ganó la maratón de Kosice, por entonces Checoslovaquia. Además, consiguió el récord mundial de los 30 kilómetros en Viena y también corrió una prueba en Berlín, en la que casi le gana al formidable finlandés Paavo Nurmi.

Si la fecha del natalicio de Zabala no es clara -y sigue en una nebulosa- mucho contribuye a que su documento fue adulterado para poder competir en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. En ese entonces, los menores de 20 años no podían participar en la cita. El presidente Agustín P. Justo, que siempre mostró mucho interés por el deporte, había apoyado su carrera y ordenó que le generaran una nueva documentación para poder ser atleta olímpico. Aunque había nacido el 11 de octubre de 1912, en su nuevo documento se leía: 21 de septiembre de 1911. El mismo Zabala admitió la trampa: "Se lo conté a Pierre de Freddy, el presidente del Comité Olímpico Internacional, algún tiempo después. A él también le parecía una regla ridícula", confesó el corredor en una entrevista con El Gráfico.

Sin Nurmi en la competencia de los JJOO (la Federación Internacional lo había declarado profesional), Zabala partió como uno de los favoritos. Tomó el liderazgo desde el comienzo. El mexicano Margarito Pomposo y los fineses Lauri Virtanen y Armas Toivonen fueron algunos de los principales adversarios en una carrera apasionante por las calles de Los Ángeles. El argentino ingresó al Memorial Coliseum (con 75.000 espectadores) en la punta y cruzó la meta tras una travesía que duró 2 horas, 31 minutos y 36 segundos. El británico Sam Ferris, ganador de la medalla de plata, llegó a 19 segundos. Zabalita se quitó su gorra y saludó ante una enorme ovación. "Prometí lo cumplido. Corrí con plena confianza, haciendo marcar el paso. Si me ganaban quería que fuese uno muy bueno. Pero el mejor resulté yo", dijo el argentino. Medalla de oro en mano, la noche siguiente a su triunfo, Jesse Owens lo invitó a cenar en Hollywood y le presentó a la afamada actriz Ginger Rogers, con quien aseguran que el argentino tuvo un romance.

Zabala vivió un tiempo en Estados Unidos. En 1935 se casó con Elke, una mujer danesa que le habían asignado como traductora. En Europa conoció al alemán Heinrich Himmler, jefe supremo de los SS y de una de sus secciones, la Gestapo. Por ello, uno de los máximos responsables del Holocausto. Años después de la Segunda Guerra Mundial y producto de su vínculo con Himmler, acusaron a Zabalita de apoyar al régimen nazi. "Lo decían porque yo conocía mucho a Himmler. A él le gustaba correr, y lo hacíamos juntos. También lo conocí a Hitler. Pero no se olvide que en 1937 me prohibieron ingresar en Alemania porque saqué a varias familias judías a Dinamarca. Más tarde, el propio Hitler dio la contraorden para que me dejaran entrar", detalló en una entrevista con La Nación, en 1980.

También recordó un incidente diplomático que originó cuando, en plena Guerra Civil Española, se hizo cargo de un grupo de 300 huérfanos que llevó a Copenhague. "El Príncipe Federico me apreciaba mucho, y con su ayuda los fui ubicando en distintas familias dinamarquesas. Luego supe que de ese grupo, apenas tres o cuatro volvieron a su tierra", contó.

Reinaldo Gorno, Juan Carlos Zabala, Delfo Cabrera y su hijo "Fito", en el año 1960
Reinaldo Gorno, Juan Carlos Zabala, Delfo Cabrera y su hijo "Fito", en el año 1960 Fuente: Archivo

Fito Cabrera, quien lleva el mismo nombre de su padre, conoció al "Ñandú Criollo" y compartió con LA NACIÓN su mirada acerca del exatleta. "Yo era un pibe cuando estuve con él, un adolescente. Zabala tenía una personalidad muy especial. Para empezar, fue un deportista excepcional. Todavía conserva el récord de ser el maronita más joven en ganar un Juego Olímpico. Por otro lado, en el ambiente atlético, era un personaje muy especial. Tenía fama de pedante y fanfarrón, era un gran inventor de historias. Era gracioso. Nadie negaba sus cualidades para correr, pero de tanto en tanto aparecía con historias raras", revela.

Zabala, confiesa Fito, fue un espejo en el desarrollo deportivo de su padre. Cabrera, bombero de profesión, fue otro notable fondista. "Si bien resultaron contemporáneos, los triunfos que consiguió Zabala fueron cuando él era muy joven: a los 19 o 20 años ya era campeón olímpico. Mi padre en aquel entonces tenía apenas 13 años y sin dudas que Juan Carlos fue su fuente inspiradora y su referente. De hecho, cuando Zabala ganó en Los Ángeles, mi papá fue y le dijo a su mamá que él sería otro 'Zabalita'".

Konex de platino en 1980, el Ñandú Criollo falleció el 24 de enero de 1983 en la sala de guardia del Hospital Central de San Isidro, como consecuencia de un paro cardíaco. Dieciséis años después de su muerte la Confederación Argentina de Atletismo (CADA) lo nominó como Atleta del Siglo.

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