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El Billionaire, la discoteca de tres pisos que Flavio Briatore tiene en Porto Cervo, en la isla de Cerdeña, celebraba esa noche una gran gala para rechazar el impuesto al lujo que pretendía cobrar el gobernador Renato Soru. Los ricos y famosos bendecidos por la tele "hacían huelga de champagne", según ironizó un diario, que recordó que la botella costaba 7000 euros. Sobre las camas balinesas de la enorme terraza que mira al Mediterráneo, en medio de odaliscas y pétalos de rosa, estaban esa noche de "orgullo millonario" todos los "vi-ai-pi", como decía Briatore a sus "amigos vip". "¿Por qué debo pagar una tasa por el Force Blue, el yate de 63 metros y 100 millones de dólares?", se preguntaba Briatore en 2006. "¿Por qué esta persecución contra los que traemos capital y trabajo?" Briatore llegó a decir que "evadir impuestos es una necesidad" y que los ricos no debían ser "criminalizados", sino que, "con sus barcas y sus residencias", debían ser considerados "un modelo para los jóvenes". Un programa de TV en la Italia de Silvio Berlusconi, otro habitué de Billionaire, demostró que muchos jóvenes querían ser como Briatore, el playboy que el lunes pasado fue expulsado de por vida de la Fórmula 1. Y que este fin de semana, después de dos décadas como animador central del "gran circo", siempre con sus anteojos oscuros y de la mano de modelos como Naomi Campbell o Heidi Klum, tiene la entrada prohibida en los boxes del Gran Premio de Singapur.
"Es un poco pillo, pero es simpático", dijo Luciano Benetton cuando lo incorporó a sus negocios, primero de ropa y luego en la F.1. Briatore estaba lejos de "tribula", el apodo en dialecto piamontés que se ganó por su fama de joven inquieto cuando trabajaba en el restaurante San Giacomo di Roburent. "Uno no es un afortunado si nace en el Congo", respondió una vez cuando le preguntaron por qué se había ido de Cúneo. "Tribula" debió dejar su ciudad natal después de que su primer socio, Attilio Dutto, murió asesinado con una bomba que explotó apenas encendió el auto. El dueño anterior de la empresa era Michele Sindona, el banquero siciliano del escándalo del Banco Ambrosiano que lavaba dinero de la heroína para la familia Gambino y murió supuestamente envenenado en prisión. Briatore reapareció en Milán, con un grupo de extraños amigos que organizaban safaris a Kenya y otros lujos, una estafa que le provocó una condena de tres años de prisión. Se refugió en las islas Vírgenes. Una amnistía facilitó la vuelta y allí conoció a Luciano Benetton, que le fue presentado por Romano Luzi, profesor de tenis de Berlusconi. Fue su ingreso en el mundo de la F.1, del que desconocía absolutamente todo. Las crónicas de estos días recordaron que su primer gran golpe fue haber descubierto a Michael Schumacher. En rigor, el joven y debutante Schumacher había sido descubierto por la escudería Jordan. Briatore lo "robó" para Benetton.
Esa operación marcó el nacimiento del "Club de las Pirañas", según cuenta en el libro homónimo el periodista Timothy Collings. La maniobra, dice Collings, fue empujada por Bernie Ecclestone, patrón de la categoría, y presidente del club. Para darle un auto a Schumacher, Briatore tuvo que despedir al brasileño Roberto Moreno. Hace unos meses, antes de todo este escándalo, Briatore ofrecía una entrevista prestada para su lucimiento. El diario lo describía como un personaje más vivo que nadie, capaz de "fumar bajo el agua", tras coronar bicampeones mundiales primero a Schumacher, en Benetton, y luego a Fernando Alonso, en Renault. Entonado, Briatore contó de qué modo se sacó de encima al brasileño Roberto Moreno para darle una butaca a Schumacher: "Le dije que le daba 300.000 dólares, que dijera que se había roto una pierna, y él me respondió que debía hablarlo con su esposa. Lo mandé al diablo y lo di de baja con un certificado médico". En 1994, Schumacher ganó el primero de sus siete títulos mundiales. Desobedeció una bandera negra en el GP de Inglaterra, dio un autazo a Damon Hill en Australia y corrió, según todas las sospechas, con un dispositivo ilegal de control de tracción y otro en la recarga de combustible. Al estilo Briatore.
Aquel desprecio a Moreno provocó en 1994 una amenaza de huelga de su piloto número 1, Nelson Piquet, también brasileño. Piquet, a quien Briatore cita como su "primer golpe como manager" dentro de la F.1, es el mismo que ahora terminó echándolo de las carreras. El ex tricampeón de la F.1 no es un hombre muy querido. Cuando rivalizaba con Nigel Mansell en Williams, orinó una vez sobre el auto de su compañero para que los mecánicos, confundidos, desarmaran las piezas, creyendo que había una pérdida de aceite. Otra vez, sabiendo que Mansell sufría diarrea, Piquet sacó todos los rollos de papel higiénico de los baños del box. Nelsinho, su hijo, ganó corriendo para las escuderías de papi en las categorías del kart. Algunos blogs en Brasil cuentan hoy las trampas de papá Nelson para que su hijo ganara siempre, incluyendo un recordado incidente en Fortaleza, ya en la F.3 Sudamericana. Nelsinho llegó a la F.1 y papá Nelson entregó su hijo a Briatore, el viejo patrón. Lo que ocurrió es denuncia reciente: horas antes de largarse el GP de Singapur de 2008, Briatore extorsionó a su joven piloto, a quien además representaba, sugiriéndole que si quería renovar contrato debía chocar contra un muro para neutralizar la carrera y facilitar así el triunfo del coequiper Alonso. Una trampa planificada, como se están haciendo cada vez más naturales en el mundo del deporte.
Los blogs de los seguidores de la F.1 afirman que Max Mosley, el polémico presidente de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA), forzado a dejar el cargo en octubre tras diversos escándalos, como la trampa de sexo sadomasoquista que salió en la tapa del News of the World, se desquitó primero de Ron Dennis (el ex capo de McLaren) y ahora de Briatore (Renault). Y que Alonso no podía no estar avisado de la maniobra de Singapur, pero que fue salvado porque él es futuro negocio de Ferrari, la santa patrona de la F.1. Briatore se sintió impune y, raro en él, desatendió la máxima que indica que "a los amigos hay que tenerlos cerca y a los enemigos más cerca". Su primera reacción fue patética: sugirió que Nelsinho Piquet es homosexual, una ironía para Piquet padre, que durante años se burló de Ayrton Senna diciéndole que era gay. Expulsado de la F.1, Briatore, que se jacta de no leer jamás un libro, podrá dedicarse tal vez a su declarado hobby de "abrir discotecas". Y si la sanción no repercute en Londres, donde vive hace muchos años, podría manejar al equipo inglés de segunda división Queens Park Rangers, que posee en sociedad con Ecclestone y con Alejandro Agag, el yerno del ex presidente español José María Aznar y al que muchos citan hoy como futuro gestor de la F.1. Con ambos, vecinos suyos en Londres, Briatore suele almorzar en Cipriani, otro restaurante de su propiedad, o en Swag and Tails, la taberna favorita de Ecclestone. La sanción obligará a rearmar sus negocios: la televisación de la F.1 en España, la categoría GP2, Alonso y China, entre algunos otros.
Sin Briatore, Agag, que dejó la política y se lanzó a los negocios tras la derrota electoral del Partido Popular de España, es gran candidato a suceder a Ecclestone, que en octubre cumplirá 79 años. Briatore, en cambio, podría realizar tal vez el camino inverso. Hace tres años sugirió que podría dedicarse a la política, fundar el partido "de los que hacen", de la "gente inteligente", que debe "defenderse de los mediocres", como llegó a definirlo. "Quizá puede fundar el partido de los evasores", le respondió el entonces premier italiano Romano Prodi. Lectores italianos ironizan hoy señalando que Briatore, que a los 59 años será padre dentro de algunos meses, reúne todos los requisitos para que su amigo Berlusconi, con quien compartió un abogado corrupto en Inglaterra, lo invite a unirse a su gabinete. Pero el playboy italiano, cuya fortuna la revista Forbes estimó en 150 millones de dólares, puso sus condiciones: "¿Yo en política? No –avisó Briatore–, me dijeron que se gana poco".


