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Mister Oswald Mosley fundó la Unión Británica de fascismo. Su esposa, Diane Mitford, era la más férrea colaboradora. Estaban orgullosos de uno de los testigos de la boda, el mismísimo Adolf Hitler. Durante la década del 30, desde Londres, la pareja se esforzó por imponer su ideología. Al margen de su actividad política, la familia crecía. Y el 13 de abril de 1940 nació el segundo hijo, Max Rufus, que al poco tiempo quedó al cuidado de familiares debido a que sus padres fueron detenidos por el ejército.
Nadie dudaba de la capacidad intelectual de Max. Se destacó en el colegio y se graduó en física en la Oxford Christ Church. Max era fanático del automovilismo. Y por ello eligió física para comprender mejor el funcionamiento de las máquinas. Sin embargo, tenía otra pasión: la abogacía. Estudió y se recibió en Gray’s Inn, en Londres, pero la velocidad lo atraía, a tal punto que intentó demostrarse a sí mismo que podía competir y participó en varias categorías británicas. Hasta llegó a correr en la Fórmula 2 e integró las filas del equipo Williams.
En su profesión se especializó en el otorgamiento de derechos de autor. A fines de los años 60, un accidente en Nürburgring lo empujó al retiro como piloto, pero no quiso despedirse de la actividad. Mientras colaboraba en la Unión que había fundado su padre alquilaba coches de competición y en 1969 creó la empresa March, que si bien tenía como objetivo construir chasis para las fórmulas 2 y 3, al poco tiempo ingresó en la F.1. Así como Cosworth monopolizaba los motores, March pretendía hacer lo mismo desde los chasis, que fueron conducidos por Jackie Stewart, Ronnie Peterson y Mario Andretti, entre otros. Al mismo tiempo surgía, con mano firme en las riendas del equipo Brahbam, Bernie Ecclestone, que imponía negocios inusuales para la máxima categoría, pero con el incondicional apoyo de Mosley.
En 1977, una crisis económica dejó al margen a March. Mosley vendió su parte, pero no se alejó de la Fórmula 1: se cobijó bajo el ala de Ecclestone y fue el asesor legal de la entonces FOCA (Asociación de Constructores de la F.1). Ya en su terreno, el legal, edificó su escalada hasta ocupar el principal lugar de FIA. Fue miembro del comité ejecutivo de la FISA (el ala deportiva de la Federación Internacional del Automóvil), pilar fundamental del Pacto de la Concordia, en 1981, cuando los equipos reclamaban cambios reglamentarios y económicos.
Por entonces, el sillón presidencial de la FIA estaba ocupado por el polémico francés Jean Marie Balestre, desde 1979. Nadie se atrevía a enfrentarlo y quien lo hacía, caía en la humillación de la derrota aplastante. Pero Mosley, con el respaldo de Ecclestone (el gobierno británico participó en su apoyo), armó una campaña política internacional y derrotó al "invencible".
Durante su mandato vivió momentos complicados. La muerte de Ayrton Senna, al igual que el accidente fatal de Roland Ratzenberger y el durísimo golpe de Karl Wendlinger en Mónaco (permaneció en coma durante varios meses), lo obligaron a poner el acento en la seguridad.
Desde lo económico, un gran golpe fue el retiro de la publicidad tabacalera en la F.1. Así, se evaporaban más de 350 millones de dólares anuales por la prohibición de la promoción del cigarrillo en el deporte europeo. "La publicidad en la F.1 no estimula a nadie a fumar. Sólo incita a los que fuman a cambiar de marca, nada más", dijo Mosley, que amenazó con retirar la categoría de Europa. Sólo fue un intento.
Pese a esos impactos, Mosley, con un poderío abrumador, se transformó en el nuevo Balestre, el francés que también tuvo vinculación nazi al desempeñarse como agente del régimen en su país. En 2004 Max pretendió retirarse, pero el senado de la FIA le pidió la continuidad, y el dirigente aceptó. Sin embargo, el tobogán político tuvo una inclinación abrupta e inesperada. El tabloide británico News of the World publicó una nota que lo acusaba de participar de "una orgía depravada con connotaciones nazis con cinco prostitutas en una mazmorra de tortura". Las fotos del controvertido hecho en un departamento de Chelsea, cerca del río Támesis, recorrieron el mundo. Y sacudieron a la FIA.
Mosley eludió el problema, desde lo legal y también desde lo dirigencial, ya que finalmente, después de muchas versiones, obtuvo el voto de confianza de la FIA. Pero su imagen pública se desbarrancó. Mientras a mediados de 2008 intentaba salir airoso del escándalo, otro problema lo aquejaba: la dura posición de los equipos de Fórmula 1, que como nunca (o como en 1981, cuando Max estaba del otro lado del mostrador) se mantuvieron firmes ante la necesidad de modificar los parámetros reglamentarios y, fundamentalmente, económicos, empujados por la crisis mundial y con la amenaza de formar un certamen paralelo.
Mosley jugó su última carta al imponer un reglamento que, para los equipos, era irrisorio, con un tope presupuestario que le quitaba a la F.1 el valor de posicionarse en la cúspide tecnológica. La pulseada terminó a favor de los equipos. En el Rally Mundial también sufrió la debilidad de la categoría y el nacimiento de la IRC (International Rally Challenge).
La FIA, además del aspecto deportivo, también se involucra en la problemática del automovilismo convencional. En mayo último, en Buenos Aires, se desarrolló la FIA Conference Week, en la que se trataron temas como la seguridad vial y también la ecología. A través de la Fundación FIA, se desarrollan las campañas "Piensa antes de conducir" y "Make Green Cars". Y ese tipo de convenciones también son utilizadas políticamente. En la reunión celebrada en un hotel de Retiro estuvo Jean Todt, que promovía ante las asociaciones de la región su candidatura para suceder a Mosley.
En mayo, otro duro golpe recibió Max. Alexander, su hijo de 39 años, fue encontrado sin vida en su casa de Londres. El cuerpo estaba tumbado sobre una mesa llena de elementos utilizados para el consumo de drogas.
El hombre fuerte que manejó los destinos del automovilismo mundial a fines del siglo XX y en los primeros pasos del siglo XXI cayó abruptamente. De manera tan sorpresiva como cuando ascendió y también se convirtió en el hombre fuerte de la FIA.



