Los 1000 GP de la Fórmula 1: la hazaña más grande de Fangio y la rebeldía de Reutemann

Para muchos, la mejor carrera en la historia de la F.1: Nürburgring 57
Para muchos, la mejor carrera en la historia de la F.1: Nürburgring 57
Alberto Cantore
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12 de abril de 2019  • 00:01

En los 1000 Grandes Premios de la Fórmula 1 , que se cumplirán este domingo con la carrera de China, los argentinos tuvieron varias actuaciones para el recuerdo. Aquí, un repaso a las actuaciones de los pilotos de nuestro país.

Fangio firmó la hazaña más fabulosa de la historia en Nürburgring

Fue una exhibición de manejo la que ofreció Juan Manuel Fangio el 4 de agosto de 1957 en Nürburgring, el circuito más difícil y peligroso de los escenarios de la F1. A tal extremo que es considerada como la más fabulosa del automovilismo. La tarea del balcarceño fue una obra a puro acelerador, manejo y coraje para realizar una remontada de cuento, ganar la carrera y firmar su quinto título.

El Gran Premio de Alemania de 1957 todavía es considerado por muchos como la más fantástica carrera de la historia del Mundial de Fórmula 1. Con su dócil Maserati 250F, un auto que había sido puesto a punto por Stirling Moss al final de la temporada anterior, Fangio marcó una ventaja de 30 segundos sobre las Ferrari de Mike Hawthorn y Peter Collins, pero contratiempos en su detención en los boxes, en el giro 12 de los 22 previstos, le hicieron perder esa ventaja y otros 48 segundos adicionales, una diferencia que se estiró a los 51 segundos un giro más tarde.

En esas nueve vueltas restantes, el argentino olvidó su mantra -ganar a la menor velocidad posible- y batió varias veces el récord de vuelta, bajando incluso el tiempo de la pole-position que él mismo había marcado, para superar a las Ferrari una vuelta antes del final; para entonces, el soporte de la butaca se había roto y se sujetaba en el cockpit con las rodillas. Después de tres horas y media de durísima competencia, ganó por 3 segundos y 6/10 de diferencia. Con ese triunfo conquistó su quinto título mundial, una marca que duró 45 años en ser igualada.

"Hice cosas que no hice jamás y creo que nunca volveré a hacerlas", le confió el Chueco a Hawthorn, una frase que el británico repetiría hasta el hartazgo. "Mike y yo fuimos primero y segundo en la clase de los mortales", comentaba Collins, el restante piloto de Ferrari en el mítico y peligroso trazado alemán. Condujo como un poseído y el desgaste físico y mental resultó tan extremo que después de Nürburgring estuvo dos noches sin dormir, reveló Fangio a fines de 1957. "La excitación era tal que cerraba los ojos y me aparecía la carrera una otra vez. Yo no había conducido jamás como esa vez, pero también comprendí que jamás podría volver a conducir tan rápido", explicaba el quíntuple campeón del mundo, cada vez que le preguntaban por aquella verdadera hazaña.

Si las estadísticas de Fangio en la F1 son demoledoras -además de los cinco títulos logró dos subcampeonatos; 24 victorias en 51 carreras; 35 podios y 29 poles-, en el GP de Alemania el argentino firmó la obra más espectacular que se recuerde en mil carreras.

Froilán González y el primer festejo de Ferrari

Dieciséis pilotos argentinos participaron en la F1 a lo largo de los 1000 Grandes Premio. Fangio y sus cinco títulos se reservan el mejor espacio en el podio, seguido de las 10 temporadas en las que Carlos Reutemann fue protagonista. El tercer escalón del podio se reserva a José Froilán González, que en Silverstone 1951 le regaló el primer éxito a Ferrari, la única escudería que participó en todas las temporadas y la que se exhibe con la mayor cantidad de victorias: 235. El triunfo, además, rompió con la hegemonía de Alfa Romeo. No sería la única vez que el arrecifeño se subiría al escalón más alto: repitió el festejo tres años después, en el mismo escenario y también al mando de un auto de la casa de Maranello.

José Froilán González durante el GP de Monza 1952
José Froilán González durante el GP de Monza 1952 Fuente: Archivo

Fangio, Reutemann y Froilán González, que corrió en 26 Grandes Premios, son los tres únicos pilotos criollos que se alzaron con al menos un triunfo; el último de los representantes argentinos que se trepó a un F1 fue Gastón Mazzacane en la temporada 2001, en la escudería Prost. El platense, con 21 carreras, se ubica en el cuarto escalón entre los pilotos con mayor participaciones de nuestro país.

Onofre Pinocho Marimón , zarateño radicado en Cosquín y de gran amistad con Fangio, llegó a la F1 de la mano del Chueco. El peligroso trazado de Nürburgring resultó una trampa mortal para Toscanito, que bajo una espesa neblina no pudo conducir en las práctica a la Maserati 250F sobre el asfalto del sinuoso circuito alemán. Las estadísticas señalan que participó en 11 Grandes Premios.

La nómina la completan Esteban Tuero (Minardi, 16 Grandes Premios en 1998); Carlos Menditeguy (entre 1953 y 1960 corrió 10 GP bajo las estructuras de Maserati, Cooper y Gordini); Ricardo Zunino (10 GP entre 1979 y 1981, con los equipos Brabham y Tyrrell); Oscar Larrauri (Eurobrum, 1988, siete GP); Norberto Fontana (cuatro Grandes Premios con Sauber en 1997); Pablo Birger (corrió en los GP de la Argentina de 1953 y 1955 con Gordini); Alessandro de Tomaso (dos GP, el primero con Ferrari en la Argentina en 1957 y dos años después en el GP de EE.UU, con Cooper); Jesús Ricardo Iglesias (GP de la Argentina de 1995 con Gordini); Nasif Estéfano (GP de Argentina 1960 con Maserati); Alberto Rodríguez Larreta (GP de Argentina de 1960, con Lotus); Miguel Ángel Guerra (GP de San Marino 1981, con Osella).

Pasaron 18 temporadas desde la última vez que un piloto criollo participó de un Gran Premio de F1, la escasez de presupuestos y de apoyo señalan que la carrera por una butaca asoma como un sueño cada vez más lejano.

Reutemann, de la rebeldía en Brasil a la desazón en Las Vegas

Un debut de película, doce grandes victorias en 146 carreras, un subcampeonato del mundo. Carlos Reutemann participó desde 1972 a 1982 bajo la insignia de Brabham, Ferrari, Lotus y Williams, compartió escuadras con pilotos campeones de la talla de Graham Hill, Niki Lauda, Mario Andretti, Alan Jones y Keke Rosberg, recibió el reconocimiento del paddock y tuvo la entereza de marcharse del Gran Circo cuando observó que estaba vacío, con escasas energías para batallar por ese título que se le hizo esquivo. Un verdadero campeón sin corona, el piloto argentino con mayor recorrido en la F1, el último criollo que celebró un éxito en la máxima categoría del automovilismo. Fue la temporada 1981 en la que el cetro coqueteó con el santafesino, también en la que Lole pateó el tablero al inicio del calendario al desoír frente a una multitud en Jacarepaguá una orden del equipo y en la que perdió la gran apuesta en el último episodio en Las Vegas.

Carlos Reutemann, al mando del Williams
Carlos Reutemann, al mando del Williams Fuente: Archivo

Cuando en 1980 Reutemann se sumó a Williams desde Lotus, el Lole se regodeó en la brillantez técnica de un auto dócil para sus características de manejo y sin la presión de su compañero de techo el australiano Alan Jones construyó una de sus temporadas de mayor placidez en la F1. Pero al año siguiente y después de todas aquellas muestras de crecimiento, sintió que era su momento y así lo hizo saber: respetó a Jones en la apertura en Long Beach, pero decidió quebrar las reglas en Jacarepaguá: el cartel Jones-Reut que le exhibieron en la recta principal del autódromo brasilero fue una señal que ignoró durante media docena de vueltas y se convirtió en el sello del año. El único rival que Reutemann consideraba para esa temporada era Nelson Piquet, aunque el paddock solo hablaba de la ruptura con su compañero de equipo Jones.

"Le regalé Long Beach y nadie me lo agradeció. Desde el punto de vista deportivo hubiera sido fraudulento sacrificar Río", le comentaba al periodista especializado Peter Windsor, uno de los que más lo conoció en la intimidad de la F1. El fin de temporada lo encontró un punto por encima de Piquet (Brabham), el rival que él intuyó al inicio del año en la pelea por la corona, aunque Las Vegas resultó un verdadero desastre para Reutemann. El equipo llevó cuatro autos, por lo que tendría un titular y un muleto, por lo que el plan era clasificar con el coche de reserva y correr con el titular. Williams, sin embargo, le asignó el modelo FW07/17, el único de los que el santafesino reprobaba. La carrera fue un calvario: neumáticos desequilibrados, el rendimiento se hizo inmanejable y el octavo puesto le arrebató ese sueño que persiguió a lo largo de los 15 Grandes Premios.

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