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"La tormenta nos va a apurar, pero no importa, vamos a hacerle frente", dice Marcos Di Palma en el aeródromo de Don Torcuato, a la espera de obtener la autorización para salir a volar. Hacía un puñado de minutos que había llegado de su Arrecifes natal con su Cessna 182 y desafiaba a su interlocutor: "Acá te quiero ver. Mirá que allá arriba no te salva nadie, ¿eh? Por más que protestés, ya estás en pleno vuelo".
El motor se pone en marcha. A través del auricular, la voz de la torre de control da el permiso. El motor se acelera. La máquina carretea y despega suavemente. "A los 12 años mi papá (Rubén Luis) me enseñó a volar. Es una sensación única", comenta Marcos, el gran "referente" del Turismo Carretera actual.
-Este año arrancás con un patrocinante importante y como un firme candidato al título. ¿Qué diferencias hay entre este comienzo de temporada y otros?
-La tranquilidad de tener un auspicio como Derby da mucha tranquilidad. Me piden que pelee el campeonato, pero no es una exigencia. Eso es bueno. Me dan libertad de movimiento. Ya no soy más Marquitos Di Palma, sino que ahora soy Marcos Di Palma. Y tengo que buscar seriamente el campeonato. El año último también lo fui a buscar, aunque muchos crean lo contrario.
-En Nueve de Julio hiciste un trompo que perjudicó a Diego Aventín.
-Muchos dicen que lo hice a propósito para pegarle. Pero fue él el que me chocó a mí. Después me equivoqué en Buenos Aires, cuando intenté pasar a Lalo Ramos por afuera.
-Volvamos al campeonato. Estás más firme, hasta con un Chevrolet nuevo. ¿Tenés más responsabilidades?
-Es lo mismo. Quiero ir a buscar el título. Yo estaba a 20 puntos de Ortelli. Es imposible pelearle a Guillermo de esa forma. En 2001 no estaba para pelearlo el campeonato, pero en 2002 salí a buscarlo y ahora intentaré nuevamente. Tengo un muy buen auto, un muy buen equipo, muy buenos preparadores. Ahora falta conseguir un buen piloto.
-Se dijo que tu auspiciante te había pedido que restrinjas el trato con el público para que te dediques más a la conducción. ¿Fue realmente así?
-No, me interpretaron mal. Cuando yo me bajaba del auto, me ponía a hablar con mi preparador, Pablo Satriano, y firmaba autógrafos. Sólo dijimos que es normal que cuando se termina una tanda, hay que conversar sobre el auto, la puesta a punto y demás, y luego sí estar con el público. Pero que nadie piense que dejo de reírme, de contar chistes o de firmar autógrafos porque no es así.
-Además de Ortelli, ¿quién es candidato al título de TC?
-Ernesto Bessone, Patricio Di Palma. Y para pelear el subcampeonato, el Gurí Martínez, que va por el quinto N° 2 en el TC.
-¿Qué te parece el caso del Gurí?
-Yo, antes de tener el N°2, paro. O soy campeón o tengo el N° 3, pero el 2, jamás. El subcampeón es el primer perdedor.
-¿Por qué hay tanta rivalidad con él?
-Yo no tengo nada en contra de Martínez. Alguna vez nos agarramos en Balcarce, porque él me encerró y me quedó un fuerte dolor de cuello por el golpe. Pero después se me pasó.
-¿Quién es hoy el ídolo del automovilismo argentino?
-Ninguno, no hay nadie.
-¿Y vos qué sos?
-El referente N°1 del automovilismo nacional. El último gran ídolo fue mi papá, porque reunía un montón de cosas: tenía carisma, talento, muchos logros, una excelente trayectoria. Yo soy el referente porque trascendí las fronteras del automovilismo.
-¿Y como piloto cómo sos?
-Soy malo. Puedo estar entre los diez mejores, pero en el puesto nueve o diez. O el 15° entre los mejores quince.
-¿Quiénes son los mejores?
-Norberto Fontana, Guillermo Ortelli y mi hermano José Luis están un escalón arriba del resto. Después vienen Bessone, el Gurí Martínez, Walter Hernández y seguramente me olvido de algún otro.
El vuelo es tranquilo, pese a las dos tormentas que rodean al aparato. "Por acá está la fábrica Ford, más allá el kartódromo de Benavídez y... Mirá, aquella casa es de mi amigo Pablo Erbín (ex futbolista) Lo voy a llamar", advierte con una sonrisa Marquitos.
-¿Correrías en el TC 2000?
-No, porque nadie me ofreció el dinero suficiente. Si lo hiciera, tendría todos los fin de semanas ocupados, ya que corro en el TC y en Top Race. Y para ir a renegar porque algo no me gusta, prefiero quedarme en mi casa. A mitad de temporada, cambiaré el Top Race por el Turismo Nacional. Esa categoría me gusta.
-Pero General Motors ingresará este año en el TC 2000. Ahí hubo alguna reunión...
-Sí, tuvimos unos contactos, pero nada más. Por ahí me llaman más adelante y vemos.
Con una mano conduce la avioneta y con la otra llama por el celular. "Hola Pablo. Mirá hacia arriba, estoy volando arriba de tu casa". La carcajada explota cuando se lo ve al ex defensor de River y de Boca en shorts, saludando como si fuera un chico. "Bueno, espera que esta maniobra te la dedico. °Agárrense!", fue el llamado de precaución antes de realizar un tonneau (un giro de 360 grados hacia un costado). "¿Te gusto? ¿Cómo se vio desde abajo? Acá no sabés cómo van", responde Marcos a su amigo, que suele acompañarlo a las carreras.
-Vos pasaste la frontera del automovilismo. ¿Cómo te llevás con la fama?
-No sé. Yo siempre fui conocido. No como ahora, seguramente. Pero yo siempre fui el hijo del Viejo Di Palma. Yo caminaba con él en cualquier lugar del país y todos los reconocían, por lo que la fama la conocí desde chico, aunque no fuese propia. Lo que mi papá me inculcó fue no cambiar como persona porque la gente te reconoce en la calle. Y la historia se repite con mi hijo. Yo firmo un autógrafo sobre una bandera y le pido a mi hijo que la tenga. Yo viajo en avión con él, y ando en la ruta a 200 km/h. La vida le pasa muy rápido como me pasó a mi cuando era chico. Todo esto lo tomo con normalidad. Hay gente que se marea con la fama. Yo viví épocas muy buenas, como en 1985, cuando todos teníamos motos, coches y aviones, y en 1995 ni siquiera teníamos para comer.
-¿Y qué sacás de bueno en todo esto?
-Que soy el piloto de la gente. Porque sé muy bien los problemas que sufre. El público quiere diversión. Por eso cuando gano, la gente dice "ganamos". En cambio Ortelli fue campeón y el hincha dice "salió campeón Ortelli". Guillermo es muy buen pibe y un gran piloto, pero jamás pasó necesidades. Entonces su objetivo es meramente deportivo. Soy el piloto de la gente no por lo que hago en la pista, sino por una cuestión de actitud.
-¿Está bien lo que hacés con tu hijo? ¿Qué cambiarías de lo que viviste con tu papá a lo que compartís con tu hijo?
-Nada. Sé que hay cosas que no se deben hacer. Mi objetivo es que sea una gran persona, que no se drogue, que no fume, que no tome y que no embrome a nadie. Si algún día debe plata, que enfrente la situación y diga: "No puedo pagarte". Pero siempre de frente. Si es doctor o piloto, para mí es lo mismo.
-El domingo próximo en la primera fecha del TC, en Mar de Ajó, ¿qué pasará?
-Vuelve el payaso, pero no el ladrón.
-¿Lo decís por vos?
-Claro. Muchos dicen que soy un payaso, pero prefiero eso a que me digan ladrón. Me gano la vida como payaso.
-¿Sos más payaso que piloto?
-Sí, soy más payaso que piloto. Soy un payaso vestido de piloto.
El aterrizaje es perfecto. Finaliza la operación con el okey de la torre de control y sonríe. Acaricia el rosario que cuelga en la cabina y con una palmada se despide: "Te arranqué una sonrisa. ¿Viste que soy un payaso?".



