La Argentina, con el corazón intacto y un Scola arrollador: 94-87 a Canadá

Crédito: FIBA Américas
En su segundo partido en el grupo, el seleccionado venció al favorito a ganar el certamen; Scola, máximo anotador con 35 puntos; el jueves, ante Cuba, a las 16.30 (hora argentina)
Xavier Prieto Astigarraga
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1 de septiembre de 2015  • 22:54

MÉXICO.– Qué cosa es el seleccionado argentino de básquetbol. Puede afrontar ausencias y el paso del tiempo de sus figuras, pero siempre está. Molesta al contrario, recibe elogios de todos lados, complica a los pesos pesados, da pelea siempre. Y emociona con su entrega.

Lo hizo una vez más esta tarde, cuando consiguió un formidable 94-87 sobre Canadá, un conjunto que cuenta con nueve jugadores de NBA y que es, unánimemente, el principal candidato de este torneo FIBA Américas no sólo a clasificarse para los Juegos Olímpicos , sino además para coronarse campeón continental.

Había una sensación de que Canadá es invencible, y no es así. Juegan con cinco igual que todos. Así y todo si ganamos los ocho partidos, en el cruce podemos quedar afuera (Scola)

El equipo norteamericano posee muchas virtudes. Una es la eficiencia en triples, y con eso castigó en el inicio. Sergio Hernández hizo ajustes para evitar que el partido se descarrilara de entrada y la Argentina, que llegó a estar 6-13, fue limando la desventaja con una enorme aplicación en la defensa. Como para eso está mandado a hacer Tayavek Gallizzi , el pivote entró y fue, nomás, "el caballo del equipo", como se propone. Incluso se lució con una jugada muy parecida a la de Campazzo-Garino contra Puerto Rico: Nicolás Richotti robó un balón en el medio de la cancha, corrió, asistió de espalda a Taya y éste hizo vibrar al público con un volcadón. El cuarto inicial se cerró 17-20, mejor para el conjunto albiceleste que lo que se proyectaba al comienzo, conteniendo el poderío ofensivo canadiense.

Progresó la Argentina en el segundo parcial. Y eso que Hernández, a los 2 minutos, decidió dar descanso a Scola y Andrés Nocioni a la vez y dispuso una formación casi totalmente suplente: Nicolás Laprovittola, Richotti, Gabriel Deck, Leonardo Mainoldi y Gallizzi. Y le fue bien así: el base se lució con varias flotadoras y el resto cumplió efectivamente su papel. Y a los 6m46s, la Argentina pasó adelante (37-36) por primera vez desde casi el comienzo del juego, con una jugada especial: Scola robó en el medio del campo, contraatacó, falló la volcada y Nocioni, que venía por atrás, corrigió con otra. En seguida se redimió el capitán: cerró la primera mitad con un dribbling, un giro y doble para el 46-42.

El peor pasaje para los de camiseta negra fue el principio de la tercera etapa, con un 0-7 mientras Andrew Wiggins parecía empezar un festival de pelotas enterradas en el aro. Pero en la sequía Hernández hizo una apuesta: todo al 4. Y surgió la figura titánica de Luis Scola. Como dos años atrás, en el premundial Caracas 2013, absorbió casi todo el ataque, se fajó cerca del aro, impuso sus movimientos rápidos y su oficio y levantó a la Argentina. Su único fue el de los tiros libres, un rubro en el que viene fallando desde hace tiempo. Pero Luifa se devoró el parquet en ese tercer parcial, que terminó 71-66 para el conjunto albiceleste con un triple de Laprovittola sobre la chicharra.

Rindió tan bien el equipo en el último parcial que, aun errando muchos triples, se escapó en la planilla. Ya jugó más básquetbol de equipo, con Facundo Campazzo manejando el tiempo, robando, asistiendo, y Scola adueñándose del balón con rebotes y robos y definiendo en el otro aro. Llegó a estar 12 tantos arriba la Argentina (89-77), y parecía que no sufriría ni un poquito. Pero repitió un defecto del día anterior, reducir la intensidad cuando el triunfo parecía seguro, y varios contragolpes canadienses redujeron la distancia a 4 (89-85). Oportunísimo fue el minuto pedido por Hernández a 47 segundos del final: de ese tiempo muerto el equipo salió con determinación, y con robos de Campazzo y definiciones de Nocioni, terminó imponiéndose por 7 puntos.

Entonces afloró el clásico "vamos, vamos, Argentina...", que unos cuantos hinchas con camisetas albicelestes soltaron en la platea. El seleccionado que busca afianzar el recambio de la Generación Dorada golpeó al máximo candidato. Empieza a tener rasgos propios en el certamen: defensa y contraataque (típico de los conjuntos dirigidos por Hernández; lleva 44 tantos contra 12 desde pérdidas ajenas en estos dos encuentros), Scola cuando hace falta, y el compromiso y el corazón de siempre. Del otro lado del balance, apenas los triples y cierta desconcentración en los inicios y los desenlaces de los partidos.

Con eso, ya se impuso a los dos rivales más poderosos de este grupo B. Mañana descansará y el jueves y el viernes le tocarán Cuba y Venezuela, no tan fuertes. Es cierto que falta lo más importante, pero por ahora la Argentina da pasos firmes. En resultados y en rendimientos.

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