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Nuestros bases siempre fueron elogiados y muchas veces envidiados por los rivales. Especialmente por los técnicos que debieron sufrirlos. Ary Vidal, el exitoso entrenador brasileño, que dirigió a Marcel y Oscar en su mejor época, solía decir: “Si tuviésemos un base argentino, seríamos campeones siempre”.
El mejor técnico europeo de esta temporada, el yugoslavo Zelimir Obradovic, campeón de la Euroliga con Panathinaikos, visitó nuestro país hace un mes para dar una clínica y comentó: “Yo siempre quise llevármelo a Milanesio y nunca pude, pero tuve el gusto de dirigir a Pepe Sánchez en la última campaña. Los bases argentinos son muy inteligentes, hábiles, tienen gran carácter y, fundamentalmente, sólo piensan en ganar”.
Desde hace casi 40 años el puesto de conductor fue invariablemente el mejor cubierto de todos y cada uno de los seleccionados nacionales. Y lo más destacable es que nunca se produjo un bache, jamás faltó el hombre que tomase las riendas y llevase el equipo al frente con talento, coraje y liderazgo. Así fue desde 1966, cuando el Mago Alberto Pedro Cabrera comenzó a imponer sus potentes piernas, gran ingenio y enorme capacidad goleadora. Aunque nunca fue egoista y jugó para los demás, en los dos mundiales en que intervino fue el segundo goleador nacional.
Cuando él comenzó la retirada, en San Andrés aparecía un rápido y escurridizo base, criado a puro potrero, atrevido y pícaro, que asumió la manija de un gran equipo (Raffaelli, Pagella, Perazzo, Gehrmann). Ese grupo tocó el cielo con la manos en Puerto Rico, en 1980, cuando tras vencer a Brasil se clasificó para los Juegos Olímpicos de Moscú. Un certamen al que no concurrió nuestro país por sumarse al boicot norteamericano
Por entonces Miguel Cortijo ya deslumbraba en Ferro Carril Oeste y se aprontaba para tomar el testimonio y continuar con la herencia. Su maestría, ascendencia sobre el grupo, juego depurado y gran control del balón, convirtieron al santaigueño en un gran estratega. Sus pases fantásticos fueron el gran sello.Cortijo llegó a la cúspide en el Mundial de 1986, donde ganó el ranking de asistencias
Ese fue el primero de los cuatro mundiales –récord argentino– del carísmático Marcelo Milanesio, que, como los demás, convivió y aprendió los secretos del puesto junto a un grande. El cordobés, que fue el mejor asistente de un Mundial –Toronto 1994– brilló por mucho tiempo gracias a su mentalidad ganadora, destreza y enorme astucia manejar los climas del partido.
Milanesio decidió retirarse en el último Mundial –Grecia 1998–, justamente dónde debutó Juan Ignacio Sánchez, el último descendiente de la dorada dinastía de los grandes conductores argentinos.
“Los tres bases que jugarán el Mundial de Indianápolis –por Sánchez, Alejandro Montecchia y Lucas Victoriano– son una garantía porque traen una buena experiencia de Europa. Cada uno con su estilo. Pepe es el mejor para defender y para hacer un juego controlado; Montecchia para poner explosión, y Lucas es una mezcla de ambos. El puesto está muy bien cubierto”, dice Milanesio, muy entusiasmado con el equipo de Rubén Magnano.
“Son todos diferentes, pero tienen gran personalidad. Yo me identifico más con el estilo de Pepe. Es un base que lee muy bien el juego, aprendió mucho en los cuatro años que estuvo en Estados Unidos y es el mejor defensor del equipo”, afirmó Cortijo.
“Pepe tiene la edad justa para un base, 25 o 26 años. En este puesto, como el del arquero en fútbol, es clave la experiencia, todos los días aprendés algo”, agregó el Tola Cadillac.
Pepe, que hizo historia en el campeonato universitario de los Estados Unidos y tomó definitivamente el mando de la selección en el Premundial de Neuquén, es el mejor heredero del lugar donde nunca faltó una estrella. La base prolongará en Indianápolis su sello de garantía y calidad.
Los cuatro excepcionales bases argentinos fueron pasándose la posta de manera increíblemente simétrica. Cada uno tuvo su época de apogeo, de manejo absoluto del equipo, para concluir su trayectoria compartiendo la conducción por tres o cuatro años con la figura nueva que empezaba a surgir. Una forma casi perfecta de hacer el traspaso del mando y aprovechar la convivencia para transmitir experiencias y consejos.
El Tola Cadillac recuerda que cuando llegó a la selección, el Mago Cabrera le dijo una frase que no olvidó jamás: “No trates de hacer mucho y de todo, lo importante es no jugar mal”.
Entre los cuatro hubo una gran comunión, enorme respeto y hasta admiración. “Cabrera fue el más completo, hacía jugar al equipo, era goleador y marcaba al más difícil de los rivales”, dice Cadillac, que, sin embargo, reconoce su debilidad fue “Miguelito Cortijo fue el más grande... Aunque Milanesio fue el más carismático y el de mayor poder”.
Y Cortijo afirma: “Yo admiré a Cabrera, convertía en figura a los compañeros más mediocres. Fue muy inteligente y dominante”, pero reconoce que Milanesio tenía “una magia especial”.
Y Marcelo, que casi no vio jugar a Cabrera, admiró siempre la picardía de Cadillac y se enamoraba de los pases que daba Miguel. “A todos les copié algo; de Cortijo saqué un montón de cosas, como ese pase de espalda que le metía abajo del aro a Campana en la selección... Miguel fue el mejor de todos.”
Tanto se respetan que Cadillac le regaló a Cortijo la camiseta nacional N° 12 con la que obtuvo el Sudamericano de Bahía Blanca y Cortijo, años después, le obsequió la suya, la N° 11 que vistió en el Mundial de 1990. Milanesio, en tanto, invitó especialmente a Cortijo para que estuviera en su despedida de la selección. Se admiraron siempre.
Nació en Bahía Blanca el 16 de diciembre de 1945.Medía 1,85 m. Jugó nueve años en la selección.
Debutó en el Mundial extra de Chile en 1966 y jugó hasta 1974, luego se retiró por cinco años, para retornar en 1979.
Intervino en dos campeonatos mundiales (1967 y 1974), cuatro torneos Sudamericanos y una Copa Latina.
Se despidió ganando el Sudamericano de Bahía Blanca, en 1979.
Murió el 12 de agosto de 2000.
Nació en Villa Ballester el 8 de octubre de 1953
Mide 1,82 m.
Jugó once años.
Debutó en el Mundial de Puerto Rico en 1974.
Intervino en un Mundial; cuatro Sudamericanos, tres Panamericanos, dos Copas Intercontinentales, dos Copas Cristóbal Colón y dos Preolímpicos.
Se despidió en el Preolímpico de San Pablo de 1984.
Nació el 22 de agosto de 1958 en Santiago del Estero.Mide 1,88 m.
Jugó 15 años.
Debutó en una gira por Brasil en 1977.
Intervino en dos Mundiales, cinco Sudamericanos, una Copa Intercontinental, una Copa Cristobal Colón, tres Copa Latinas, tres Panamericanos, cuatro Preolímpicos y un Premundial.
Se despidió en el Preolímpico de Portland en 1992.
Nació el 11 de febrero de 1965 en Hernando, Córdoba.Mide 1,88 m.
Jugó doce años.
Debutó en el Mundial de España 1986.
Intervino en cuatro Mundiales, cuatro Sudamericanos, tres Panamericanos, tres Premundiales, dos Preolímpicos, dos Juegos de la Buena Voluntad y un Juego Olímpico.
Se despidió en el Mundial de Grecia 1998.



