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MIAMI, Estados Unidos.- Poco más de un día estuvo el alero Walter Herrmann en esta ciudad. Es una costumbre para los jugadores de la NBA cuando sus equipos juegan como visitante eso de llegar a un aeropuerto, ir al hotel, de allí a la cancha, jugar y volar un rato después a otro destino. El argentino campeón olímpico, que cumple su primera experiencia en Charlotte Bobcats, estuvo unas horas en Miami y tras el partido que su equipo perdió con los Heat, en el American Airlines Arena, partió rumbo a Philadelpia para enfrentar a los Sixers.
"Me pasó igual que cuando vine de luna de miel. El tiempo estuvo feo y no daba ni para ir a la playa", compara, mientras termina de quitarse las zapatillas en un vestuario visitante en el que no se advierten caras largas por la derrota. No pasó tanto entre aquella estada, en agosto último, y este viaje relámpago, pero en su vida algo cambió: cumple su primera temporada en el basquetbol más fuerte del mundo. Y lo disfruta. Le faltan minutos de juego, pero le sobran ganas.
Se pone de pie para seguir hablando con LA NACION este rubio de 2,06m que nació hace 27 años en la ciudad santafecina de Venado Tuerto y lleva la charla a otro terreno que era inevitable. "¿De dónde te robaste esa credencial? Estás más bajo, muy cambiado", le dice a este periodista, y es necesario mostrarle el documento para que confirme que nombre y apellido son idénticos al de su compañero en la selección argentina: Carlos Delfino.
Las risas hacen más amena la conversación y el jugador que comenzó en Olimpia, pasó por Atenas y luego estuvo en los clubes españoles Fuenlabrada y Unicaja, antes de llegar a los Estados Unidos, comenta: "Uno siempre quiere jugar más, pero cuando llegué en septiembre sabía que el equipo ya estaba armado. Igual quería venir, porque eso significaba estar entre los mejores del mundo y eso es maravilloso". Y agrega: "Lo que más me costó fue el idioma. Yo había tenido inglés en la escuela, pero acá no entendía nada al principio. Ahora todo va mejor. Incluso, tuve un profesor dándome clases durante un tiempo".
Cerca de él está Gerald Wallace, que terminó el partido de mal humor, contrariado por algunos fallos que lo cargaron de faltas. La mayor parte de la prensa local lo rodea y el resto de sus compañeros sigue cambiándose en silencio. Un utilero recoge algunas prendas y a él recurre Walter cuando necesita recordar algo durante el diálogo.
Al idioma no fue a lo único que tuvo que adaptarse tras su paso por España. Herrmann lo explica: "Físicamente hay demasiada diferencia. Esto es muy rápido. Por el espectáculo, se juega mucho al uno contra uno. A la gente le gusta eso, las volcadas, el show". Y en el entrenamiento también hay un abismo. "En la Liga tenés doble turno, es duro. Acá te la pasás viajando y casi no entrenás. Para mí, que no juego demasiado, no es bueno, pero es más saludable", señala, mientras Wallace y compañía comienzan a retirarse del vestuario.
"Me recibieron muy bien, con buena onda. Es todo muy divertido. Incluso, los novatos tuvimos una prenda cuando terminó la pretemporada en Wilmington. Fuimos a un yate de tres pisos en un lago y tras la cena tuvimos que cantar un karaoke en el medio de una discoteca que estaba especialmente preparada para nosotros. Terminé haciendo muecas con la boca y dando los pasitos de Michael Jackson", recuerda, imita al cantante y se larga a reir. El vestuario ya está casi vacío, por lo que no corre riesgo de alguna broma.
El ómnibus que lo llevará al aeropuerto lo espera. La cena será en el avión, como tantas otras veces, pero no sabe qué comida habrá en esta ocasión. En ese aspecto no sintió el cambio de rumbo. "Vamos con mi mujer al supermercado y ella prepara cualquier cosa, por lo que mi alimentación sigue siendo la misma de siempre cuando estoy en casa", confiesa. Sólo un puñado de cosas quedan por guardar, entre ellas un peine que perdió un diente y -asegura- pronto será repuesto en su bolso.
"Estoy tranquilo y confiado, aunque nuestro objetivo era entrar en los playoffs y será muy difícil. Para mí es una gran experiencia y ahora que hay jugadores lesionados tengo la chance de sumar minutos en la cancha", dice, y asegura que la vida en Charlotte, una ciudad chica, le gusta tanto como el Playstation. Eso sí, las horas que pasa con ese juego son para disfrutar del deporte que más le gusta: el tenis. "Me encanta. En Venado Tuerto tenemos a Guillermito Coria, que ahora va empezar a recuperarse", pronostica, saluda y se va.

