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SALT LAKE CITY.- En la mañana de anteayer, en un hospital de Nueva York, Derek Fisher vivió un momento muy especial en su vida: su pequeña hija Tatum, de 10 meses, fue operada con éxito de un extraño cáncer.
Horas después, luego de que su esposa le pidiera que fuese a cumplir con su deber como jugador, el ex base de los Lakers abordó un avión y cruzó todo el país para llegar a esta ciudad y estar junto a sus compañeros de Utah Jazz en el 2do playoff que le ganaron a Golden State (127-117), por las semifinales del Oeste de la NBA, que dominan por 2 a 0.
Ni pensaba jugar. Se sentó en el banco de suplentes como un espectador privilegiado. El partido se hizo muy luchado y parejo, hasta que una lesión en el cuello del base suplente Dee Brown obligó al técnico Jerry Sloan a preguntarle a Fisher si estaba dispuesto a jugar. Quedaban 3m18s para el final del tiempo reglamentario. Cuando se levantó del banco, una ovación conmovió el Energy Solution Arena. Fue el reconocimiento de la gente al sacrificio y la ética profesional del jugador, de 32 años.
Un doble a 2 segundos del final de Deron Williams puso el 112 iguales en el tiempo regular y hubo que ir a la prórroga. "Ha sido una jornada inolvidable, con emociones muy fuertes y distintas. Mi hija está bien y ahora me pasa esto. No tengo palabras", decía el héroe de los Jazz poco después, con el éxito asegurado. Es que un triple de Fisher, a un minuto del epílogo, y luego dos lanzamientos libres, a 43 segundos del cierre, destrabaron una lucha durísima y le dieron el valiosísimo éxito a Utah. "No sé cómo lo hice, no puedo ni hablar. Jamás olvidaré este día", agregó Fisher.
Anoche, al cierre de esta edición continuaban los playoffs con el 3er partido entre Chicago y Detroit (0-2).



