NBA: el Lakers de LeBron James y Anthony Davis es demasiado para un Miami averiado

LeBron James nunca había estado 2-0 arriba en una final de NBA, y ésta es su décima; tiene todo encaminado para lograr su cuarto anillo de campeón.
LeBron James nunca había estado 2-0 arriba en una final de NBA, y ésta es su décima; tiene todo encaminado para lograr su cuarto anillo de campeón. Fuente: AFP
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3 de octubre de 2020  • 01:48

En sus nueve finales de NBA anteriores, LeBron James nunca tuvo el disfrute ni la tranquilidad de un 2-0 favorable. A los 35 años está gozando por primera vez de esa diferencia parcial en una serie decisiva del mejor campeonato de básquetbol del mundo, y con una ventaja extra, la debilidad de un rival disminuido. Los Angeles Lakers se impuso a Miami Heat por 124-114 en la burbuja de Disney World y está tan cerca del 17º anillo de campeón para la franquicia como del cuarto para la máxima estrella de este siglo.

Están cerca no sólo porque un 2-0 es una ventaja muy considerable en una serie al mejor de siete partidos, sino también porque al campeón del Este le faltan dos de sus tres principales figuras, y no se sabe por cuánto tiempo: el base esloveno Goran Dragic, desgarrado en la planta del pie izquierdo, y el pivote Bam Adebayo, golpeado en un hombro, no están disponibles para Miami, que ya antes del cruce, con ellos, no era favorito contra el Lakers de James y Anthony Davis.

Así y todo se las arregló bastante bien para dar pelea en el segundo encuentro, que lo tuvo debajo por 18 puntos. En el último cuarto la distancia fue mayormente de 10, y así permaneció hasta el desenlace. Nada es suficiente, al menos por ahora, para Miami para detener a la pareja James-Davis, que este martes otra vez brilló. LeBron consiguió 33 puntos, 9 rebotes y 9 asistencias, y quedó a un recobre y un pase-gol de un triple doble; en el primer juego le había faltado solamente una asistencia. Su compadre Davis obtuvo 32 tantos y 14 rebotes, más una asistencia, aunque tres pérdidas. Cada uno agregó un robo.

Anthony Davis tiene poca oposición sin Adebayo enfrente; Butler no es de su tamaño y el ala-pivote de Lakers puede puntuar tanto en la llave como en el perímetro.
Anthony Davis tiene poca oposición sin Adebayo enfrente; Butler no es de su tamaño y el ala-pivote de Lakers puede puntuar tanto en la llave como en el perímetro. Fuente: AP

Debería pasar algo muy extraño para que no fuera uno de los dos el ganador del premio al jugador más valioso. Sus compañeros se turnan en lucimiento, pero ellos dos están siempre al tope en las planillas. Y Miami, sin Dragic ni Adebayo, no parece estar en condiciones de pararlos. Entre otras cosas, porque tiene que ocuparse frenéticamente de cubrir el perímetro: Los Angeles lanzó esta noche 47 pelotas para triples, un récord para un equipo en una final de NBA. No acertó muchas (16, 34%), pero el balón se mueve mucho por fuera y no se puede descuidarlo. En caso contrario, la eficacia de los tiros largos de Lakers sería, claro, mayor.

Y el equipo californiano juega en el bosque de la zona pintada mientras Adebayo no está y se adueña de la mayoría de las pelotas sueltas. En el segundo capítulo ganó los rebotes por 44 a 37, con un llamativo 16-6 en los ofensivos. Miami se mantuvo a flote en buena parte por la cantidad de libres (tiró 34) que le concedió Lakers y por su efectividad (embocó 31 veces, 91,2%) Pero dio la sensación, y la da en general en lo que va de la final, de que Los Angeles es superior y de que debe estar por debajo de su nivel usual para no ganar. El ataque del conjunto de Florida se sobrecarga en Jimmy Butler, que responde a la responsabilidad (25 tantos, 8 rebotes, 13 pases-gol), pero necesita más compañía.

Jimmy Butler quedó como solitaria estrella de Miami, por las bajas de los lesionados Goran Dragic y Bam Adebayo.
Jimmy Butler quedó como solitaria estrella de Miami, por las bajas de los lesionados Goran Dragic y Bam Adebayo. Fuente: AP

El tercer capítulo del mano a mano tendrá lugar este domingo, a las 20.30 de Buenos Aires, siempre en la burbuja de Lake Buena Vista, cerca de Orlando. Por supuesto, con público visible y audible sólo en las pantallas y los parlantes alrededor de la cancha, en el contexto de la final a la que el coronavirus vuelve la más extraña de los 74 años de NBA.

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