Bielsa persigue una victoria perfecta que nunca llega

Claudio Mauri
Claudio Mauri LA NACION
Fuente: Reuters
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15 de mayo de 2019  • 20:16

Como en otras derrotas de la carrera de Marcelo Bielsa , un aire de apocalipsis atravesó la última que sufrió su Leeds , que archivó la ilusión del ascenso a la Premier League al perder un partido insólito ante Derby County por 4-2. Las caídas del Loco no son suaves ni indoloras. Causan estruendo y dejan cicatrices. Lo que le acaba de ocurrir en su primera experiencia en el fútbol inglés tiene antecedentes en el seleccionado argentino y en su paso por Francia y España.

Sus trabajos crean una expectativa que inicialmente está sustentada en interesantes producciones futbolísticas y resultados positivos. Una dinámica que en algún momento se tuerce y arruina lo hecho, que transforma las promesas en decepciones. La deriva de sus equipos es autodestructiva, terminan pegándose un tiro en los pies. Se construyen, crecen y se vienen abajo como si fuera un destino ineluctable, para el cual no encuentran resistencia.

Bielsa no le esquiva al bulto ni deja de ponerle el pecho a la balas. Hace tiempo había adelantado que no conseguir el ascenso solo podía ser considerado como "un fracaso". Su alto sentido de la responsabilidad lo pone en el umbral de la inmolación. Por las dudas, en una de las últimas conferencias de prensa le había refrescado a los periodistas ingleses que en su carrera tiene muchas más finales perdidas que ganadas. Esta con Leeds, si bien fue una semifinal que lo dejó afuera de la definición de Wembley contra Aston Villa, pasará a ocupar un lugar preponderante en su lista de sinsabores.

El principio del fin: un error defensivo propició el empate de Derby County, cuando Leeds tenía todo a favor.
El principio del fin: un error defensivo propició el empate de Derby County, cuando Leeds tenía todo a favor. Fuente: Reuters

Para un equipo que en buena parte de las 46 fechas del Championship ocupó uno de los dos puestos de ascenso directo, la debacle en la recta final tuvo la sonoridad de un estrépito. Obtener solo un punto en las últimas cuatro fechas fue un retroceso que lo mandó a los play-off.

Si eso fue malo, lo que vendría sería peor. La eliminación ante Derby County, el equipo de Frank Lampard que en enero había destapado lo del espía-gate, rozó lo disparatado. Tras ganar 1-0 de visitante en la ida, la revancha en Elland Road, junto a más de 30.000 hinchas que durante toda la temporada fueron incondicionales de Bielsa, el equipo tiró todo por la borda, despilfarró lo que tenía.

Leeds vencía 1-0 con un gol del lateral izquierdo Dallas y tenía un cierto control del juego. No había mayores indicios de un desplome que se desencadenó a partir de una jugada puntual: en el último minuto del primer tiempo, el arquero Casilla salió del área a rechazar con el pie y se molestó con el zaguero Cooper, que con un despeje defectuoso no hizo más que dejarle la pelota servida a Marriot, un delantero que Lampard acababa de mandar a la cancha para sumar peso ofensivo. En esa primera etapa, el arquero español cometió dos equivocaciones en salidas que por milagro no terminaron en goles rivales. Un error de ese tipo ya había tenido en la última fecha frente al descendido Ipswich, que costó la derrota. Casilla llegó a mitad de temporada, procedente de Real Madrid y a pedido de Bielsa, que nunca terminó de confiar en quien era el titular, Peacock-Farrell, a quien ya había intentado reemplazar por el suplente Blackman, marginado por una grave lesión cuando iba a tener oportunidad. Lo cierto es que Casilla no solo no hizo diferencia, sino que tuvo fallas que costaron caro.

Del descanso, Leeds volvió tan aturdido como se había ido. La defensa era un tembladeral, no podía sacar una pelota. Derby marcó el segundo gol en el primer minuto y antes de los 15, Cooper hizo un innecesario penal: de ganar 1-0 a perder 3-1 en un santiamén, todo por las concesiones de Leeds.

Bielsa había dicho que, pese al flojo cierre de campeonato, el plantel mostraba un buen estado anímico y tenía alta la motivación. Sus palabras no tuvieron mucha correspondencia en el campo, salvo por el empuje y la determinación del lateral Dallas, que volvió a marcar, convirtió el tanto del descuento (2-3), que llevaba la serie al alargue. Pero al rato, Leeds cayó en otro despiste: el zaguero Berardi, descontrolado, cometió una foul en mitad de cancha que le valió la segunda amarilla y expulsión. Derby encontró más espacios para filtrar el ataque que derivó en el 4-2. "Tuvimos 20 minutos de desorden y no pude imaginar ilusiones. Cuando un equipo generoso fracasa, o decepciona, se le reclama mezquindad", expresó Bielsa tras el partido.

El festejo de Derby County, un recordatorio del "spygate", el caso que involucró a Bielsa contra ese equipo durante la temporada.
El festejo de Derby County, un recordatorio del "spygate", el caso que involucró a Bielsa contra ese equipo durante la temporada. Crédito: dpa

El partido tenía un tono entre emotivo y dramático, parecido al de las semifinales de la Champions League, a las que Bielsa había puesto como ejemplo para no confiarse tras el 1-0 de la ida. El mensaje no surtió mucho efecto. Se quedó con las manos vacías y asumirá las culpas. Nunca se quejó de los arbitrajes, jamás puso excusas porque tenía un plantel insuficiente o debilitado a causa de las numerosas y graves lesiones que se encadenaron en la temporada, siempre se mostró agradecido del apoyo del público, que lo idolatró de las maneras más variadas, elogió a la academia de Leeds por los juveniles que iban surgiendo y se declaró un admirador de la cultura y las tradiciones del fútbol inglés, al que intentó honrar con su exposición de big-data por lo del espía-gate y la devolución de un gol a Aston Villa. Un Bielsa auténtico y consecuente con sus pensamientos. Creador de equipos ofensivos que se prodigan por el espectáculo. Obras robustas, pocas veces bendecidas por la perfección de la victoria final.

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