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Síntesis del partido
Revivió Boca. Con toda la historia de la mística entre los dos grandes del fútbol argentino para apuntalar un superclásico vibrante, tenso, emotivo y atrapante dentro y fuera de la cancha. Pero también con una muy buena tarea de un Caniggia que no deja de ser figura y con un repertorio ofensivo local realmente interesante.
La estadística repetirá un vencedor conocido en esta década de superclásicos. Boca. Otra vez Boca. Como para prolongar el mito de la paternidad. Pero, esta vez, también para dejar en claro en los números una superioridad evidente en el juego.
Boca volvió a ganarle a un River que parecía tener el partido dominado. Claro que, ayer, justificó su victoria con una actuación ofensiva difícil de controlar.
Se conjugó la muy buena tarde de Caniggia con el peligro de Palermo, la seguridad de Fabbri y el aporte de Arruabarrena para sacar una ventaja muy clara sobre el desastroso día de Salas, Marcelo Gómez, Placente, Sorin y Monserrat.
Sin embargo, habrá que consignar un punto de quiebre para desembocar en una victoria más amplia en el juego que en el 3 a 2 del final. Imposible de soslayar porque, en definitiva, cambió anímicamente los papeles del superclásico.
Transcurrían 6 minutos del segundo tiempo cuando Serna derribó a Monserrat en el área de Boca. Penal sancionado inmediatamente por un Castrilli impagable. Lo pateó Salas y la pelota, después de rozar el travesaño, terminó en el alambrado que da a la tribuna local.
Era el partido. Se terminaba una historia de tres años y medio sin ganarle a Boca y se archivaban las burlas tantas veces reiteradas por los hinchas xeneizes. Pero Salas falló y River, que manejaba los tiempos sin ser peligroso ni mucho mejor que Boca, perdió la línea. YBoca, apoyado por un griterío infernal, creció hasta un límite insospechado algunos minutos antes.
Boca ya había dejado algunos chispazos en el primer tiempo. Durante los primeros diez minutos pudo ponerse en ventaja, pero las excelentes intervenciones de Bonano (ante Palermo, Matellán y Barros Schelotto) se lo impidieron.
Desde entonces, el toque de los volantes de River le escondió la pelota a un equipo quebrado por la falta de enlaces (Caniggia se retrasaba, pero no conseguía aguantar la pelota).
A pesar de carecer de profundidad, River se puso en ventaja gracias a un descuido de la defensa de Boca, que se abrió y le permitió a Solari poner el 1 a 0.
Veira ensayó con Latorre por el inexpresivo Castillo y Boca algo mejoró. Ahora, al menos, pudo manejar el balón en la zona media.
Sin embargo, el hecho cumbre de la tarde fue el revuelco anímico generado por el penal no convertido. Porque tres minutos después de la falla de Salas, Marcelo Gómez se durmió, pisó la pelota y, mientras toda la defensa de River miraba sin sacarse el problema de encima, Caniggia se avivó, se llevó el balón, eludió a Bonano y empató.
River comenzó a cometer errores en proporciones temerarias. Y Boca se mostraba más seguro que nunca. Entonces empezaron a marcarse en el resultado las diferencias que se veían en el campo. Bonano dio un rebote al medio del área y Palermo le hizo notar el descuido con un toque alto: 2 a 1 y una historia que se repetía. Enseguida, Arruabarrena se le fue a su marcador en un córner y cabeceó para el 3 a 1. Después descontó Salas, con un remate bárbaro.
Pero la resurrección de Boca, que volvió a ganar como local, ya no corría peligro. Había vuelto a levantar el superclásico. Y había reincidido en esto de ganarle a River. Justo cuando ya le extendían el certificado de defunción...

