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Hace exactamente 50 años moría el puntano José María Gatica. Ya medio siglo desde aquel cruento final que dio vida a una agónica vigilia, tras ser arrollado por las ruedas de un colectivo cercano a la cancha de Independiente, donde se ganaba la vida vendiendo lo que podía. Los boletines radiales de la época informaban que "el 12 de noviembre de 1963, a la edad de 38 años, dejaba de existir en el Hospital Rawson de Buenos Aires, tras 48 horas de internación".
Gatica fue el personaje más impactante de la historia del boxeo argentino. Sin ser el mejor peleador ni el más competente, fue el único boxeador que logró dejar un mensaje inimitable para su "raza y su gente", que no caduca con el paso de los años. Hecho que ningún otro púgil, ya sea el más sobresaliente o el gran ídolo de las masas, pudo dogmatizar. Ni Luis Ángel Firpo, ni Carlos Monzón... ni siquiera Nicolino Locche.
El paso del tiempo lo convirtió en el guión principal de literatura deportiva y en una figura mítica que el cine adaptó a sus conveniencias; sin embargo "el Mono" Gatica consolidó un bastión de vida, sufrida, rebelde y original, donde la fidelidad a sus seguidores nunca varió. Ni en el trato, ni en el afecto, ni en la firmeza. Siempre rígido y leal: en auge y ocaso, en riqueza y pobreza, en adulación y persecución. Gatica pasó por todo esto, pero siempre mantuvo su propio emblema: su devoción por los pobres, por su gente y por las banderas de Perón. Todo eso significó el amor para él. Todo lo demás, lo expresó sobre la base del odio.
Su vida tuvo las mejores y las peores escenas: el hambre, la opulencia, las rubias platinadas, los convertibles rojos, los ranchos, la miseria y la inhumación.
Peleó como profesional entre 1945 y 1956. Fue dueño de un tiempo, romántico y sentimental, de su peso liviano y las noches del Luna Park. No pudo pasar la barrera que le infligió su célebre rival : Alfredo Prada, con quien ganó dos peleas y perdió la misma cantidad. Protagonizaron el "clásico de los clásicos" del boxeo nacional y una página irrepetible en torno a rivalidades del deporte argentino. Prada, su gran oponente, siempre lo dignificó e intentó inmortalizar en sus reportajes: "Yo tenía el apoyo de Perón y José lo recibía de Evita".
Dejó un recuerdo imborrable con su quiebre de cintura y los ganchos al cuerpo que lo convirtieron en un favorito de la gente. El 5 de enero de 1951, en su prueba máxima, perdió por KO en el primer round con el campeón mundial Ike Williams -sin título en juego- y allí se paralizó una carrera electrizante de 93 peleas .
Llegó desde Villa Mercedes, siendo un chico y rodeado de una pobreza absoluta. Sobrevivió a todo, alcanzó la riqueza, todo lo que quiso y volvió a tutearse con la miseria más dura junto al eco de las campanas del ocaso.
Este año, sus restos fueron reubicados en su ciudad natal bajo un monumento colosal, conmemorando su nacimiento: el 25 de mayo de 1925. Su pose en el bronce, sonriente y sobrador, parece hacerles un guiño a sus seguidores, y a los curiosos que se detienen, expresando una de sus frase favoritas: "¡Tranquilos, cuando Gatica tiene, todos tienen!"
