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Somos de la tierra de Carlos Gardel! Nos conmueve su bendición." Aquellas palabras que en voz baja y llorosa expresó con tono de patriarca el viejo maestro Santos Zacarías al papa polaco Juan Pablo II, en los pasillos de la sala de recepción del Vaticano, en julio de 1987, causaron asombro y hasta ternura en quienes la escucharon.
"¡Cuide a mi familia y protéjame en el ring!", suplicó un joven Juan Martín Coggi, a horas de haber ganado el título mundial y "sacudir" a los italianos, sufrientes todavía por la caída de su ídolo Patrizio Oliva. Un auxiliar se acercó a Juan Pablo, y le dijo al oído: "Es el nuevo campeón y viene del país de Diego Maradona". El Papa acarició su mano izquierda y clavó, a modo de adiós, su mirada inigualable en el rostro del boxeador. Allí terminó esta historia.
No fue la primera ni será la última vez que el hombre más pacifista del mundo escuche los deseos del alma de un peleador. Veintiséis años después de aquel encuentro inolvidable, el bonaerense Sergio "Maravilla" Martínez volvió a cruzar la Plaza San Pedro e ingresó en el máximo recinto católico. Francisco, el papa argentino, lo recibió, lo escuchó y recogió un cinturón mundialista muy especial, con los colores del CMB y las banderas del Vaticano y la Argentina. Algo así como el cinturón de la esperanza y la paz.
Lejos de los tiempos de Gardel y de Maradona, Maravilla pidió opinión, fuerza y voluntad para mantenerse pleno en su compromiso contra la violencia doméstica y el bullying, flagelos contra los que se ha comprometido intensamente. A modo de última voluntad, el campeón rogó a Su Santidad por "la salud y la suerte que corren todos los pugilistas que suben a un ring". Tal si fuese un ruego o una plegaria primordial.
En la apertura del siglo XX, un joven seminarista romano, Eugenio Pacelli, quien con el tiempo se convertiría en el controvertido papa Pío XII, se caracterizaba por sus aptitudes pugilísticas y por la práctica de este deporte. Sin embargo, cien años más tarde, contraponiéndose a estos principios y al auge impuesto por Manny Pacquiao, el obispo filipino Dinualdo Gutiérrez expresó en Manila, en 2011: "Pelear contra otro ser humano en un ring es como atacar al Espíritu Santo".
Aliados a la fe, los peleadores se encomiendan a sus credos y a distintas imágenes benditas antes de que suene la campana en cada una de sus peleas. Paradójicamente, los boxeadores nunca tuvieron el bautizo de un santo propio para su protección en el cuadrilátero. Lo piden a gritos y quizá Francisco, el papa de San Lorenzo, los oriente y los ayude para consagrar al candidato ideal.
12 rounds, peso mosca. Hoy, en Panamá, a las 23, por TyC Sports. El tucumano Ruiz,en su pelea cumbre, buscando ascender en el ránking del Consejo Mundial de Boxeo.
12 rounds, título welter jr. (OMB). Hoy, en Denver, a las 23, por Golden TV (503 DirecTV). Apasionante combate entre dos peleadores sostenidos, de ataque puro y defensas permeables.

