Segundos puestos para festejar: los subcampeones queribles que entraron en la historia

Del Potro y la medalla de plata olímpica que obtuvo en los Juegos de Río 2016
Del Potro y la medalla de plata olímpica que obtuvo en los Juegos de Río 2016 Fuente: Archivo
Ariel Ruya
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16 de septiembre de 2019  • 23:44

La historia la escriben los que ganan es una metáfora que, con el transcurrir del tiempo, pierde vigencia y sustento. Al menos, en el deporte, traumático y maravilloso, transmisor universal de lo mejor y lo peor de nuestras ropas. Los queribles perdedores también son leyenda. No todos, claro. Los que saben atravesar el tiempo. Los que replican sentimientos, los que generan identificación. Holanda, la Holanda del 74, es la cumbre de ese mensaje. Fue algo más que el mejor subcampeón de todos los tiempos, excede el marco del fútbol.

La derrota por 2 a 1 contra Alemania provocó un shock que cambió la historia: la Naranja Mecánica fue el exponente del arte, la belleza del juego, suerte de revolución táctica. El legado de Johan Cruyff, el rey sin corona, exhibe con elocuencia que los segundos son mucho más valiosos que ser "el primero de los perdedores". El legado que, se presume, invita a trazar el seleccionado de básquetbol, luego del magnífico recorrido en el Mundial de China, abre el juego de la nostalgia.

¿Qué equipos o deportistas quedaron en la historia como dignos perdedores? ¿Cuánto juegan la simpatía, los valores, la identidad? ¿El fútbol, el ejemplo más brutal del exitismo, tiene en nuestro medio ejemplos que lo protegen?

"Soy uno más de los 40 millones de argentinos que les agradece a estos muchachos", rubricó, emocionado, Alejandro Sabella, luego de la derrota por 1 a 0 con Alemania en el Maracaná, el 13 de julio de 2014. Miles de hinchas recibieron al plantel en Ezeiza, una explosión que confirmó que el fútbol, de vez en cuando, respira otros aires. El ejemplo de conductor del DT, la salvada en la línea de Mascherano y el "hoy te convertís en héroe", del volante a Romero, convirtieron al equipo en un noble ejemplo, más allá de que, con las dos finales perdidas en la Copa América ante Chile, aquella explosión quedó como un recuerdo extraño, curioso.

Una imagen icónica: tan cerca, tan lejos... la Copa del Mundo y Lionel Messi, en Brasil 2014
Una imagen icónica: tan cerca, tan lejos... la Copa del Mundo y Lionel Messi, en Brasil 2014 Fuente: Reuters

La nostalgia, en el caso del fútbol, la captura otra reseña: Italia '90. La música del torneo, un equipo diezmado, los penales de Goycochea, el "tobillo roto" de Maradona, el increíble triunfo frente a Brasil. La salida de Italia, las lágrimas de Maradona y hasta el polémico penal que marcó Andreas Brehme, el 8 de julio de 1990, en el estadio Olímpico de Roma, que definió al campeón, Alemania.

Era un equipo combativo, que solía despreciar el ataque. Ni el exceso de pierna fuerte, ni el "caso del bidón" hicieron mella en el fervor que despertó en el público, que recuerda a ese seleccionado como un símbolo del amor propio.

El básquetbol tiene una precuela, el Mundial de Indianápolis 2002. Fue la primera vez que un equipo derrota a Estados Unidos, compuesto por jugadores de la NBA, en la segunda etapa, por 87-80. Fue, también, el prólogo de la gesta dorada de Atenas 2004, aquella final perdida frente a Yugoslavia por 84-77, con algunos fallos que provocaron polémica. Ese equipo tuvo mística y escribió algunos garabatos de respeto, identidad, esfuerzo y compromiso que hoy se mantienen en vigencia.

Las Leonas crearon el mito en los Juegos de Sydney 2000 llegaron a una sorprendente final, Australia se impuso por 3 a 1. En Londres 2012, más asentadas, cayeron de pie con Holanda en la definición por 2 a 0. La marca del hockey, sin embargo, supera cualquier frustración pasajera: antes y después de Lucha Aymar representa un modo de ser.

La malicia en nuestro medio en el deporte suele representar un puñal. A Messi se lo castiga aún hoy por no consagrarse en el seleccionado mayor y, en el deporte individual, son varios los casos de extraordinarios deportistas que rozaron la cúspide, como Carlos Reutemann, el "eterno segundo", para algunos pocos.

El tenis tiene varias páginas de derrotas maravillosas, que exceden el marco de la Copa Davis, generalmente extraviada por conflictos internos. David Nalbandian tenía 20 años cuando cayó en la final de Wimbledon frente al australiano Lleyton Hewitt (número 1) por 6-1, 6-3 y 6-2. Juan Martín del Potro tiene un tratado con la resurrección deportiva: cayó con Andy Murray por 7-5, 4-6, 6-2 y 7-5 en la sentimental definición de Río 2016, donde había entrado con lo justo y venció, entre otros, a Rafael Nadal y a Novak Djokovic. El año pasado, volvió a la final del US Open: otro hito.

En el boxeo, dos casos: la derrota mas significativa es la Luis Angel Firpo ante Jack Dempsey, el 14 de septiembre de 1923. El Toro Salvaje de las Pampas le metió un furibundo derechazo al campeón que lo bajó del ring por 17 segundos (siete más de lo permitido) y estuvo a punto de convertirse en el primer argentino campeón mundial de los peso pesados. Todos la recuerdan... sin haberla visto.

Otra derrota que quedó en la memoria colectiva fue la de Ringo Bonavena ante Muhammad Ali, el 7 de diciembre de 1970. Acarició la gloria al dejar sentido al campeón, que se sobrepuso y ganó por nocaut en el 15º round.

El deporte también les escribe a los que pierden de pie.

Por: Ariel Ruya
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