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Un día Gabriel Brazenas empezó, casi sin querer, su camino como referí. "Soy árbitro por casualidad. Cuando tenía 15 años, en un torneo de infantiles en Monte Chingolo, donde yo me crié, faltó el árbitro. Eran como 8 o 9 partidos, y todos los chicos se tenían que volver a su casa. Buscaron a alguien para que sea árbitro, pero nadie se animaba. Yo dije que sí. Por suerte no tuve ningún problema... Casualmente estaba presente el presidente de la Liga que nucleaba a todos esos equipos, que me consultó: "Vi que anduvo bien, ¿no quiere formar parte de nuestro plantel?" Y fui... Dirigí dos años, hasta que me tocó el servicio militar, y cuando salí me anoté en el curso de árbitros. Me recibí en la camada con Héctor Baldassi".
Este es el relato de Gabriel Brazenas, en un bar cercano al Rosedal y a su casa, recordando aquel sorprendente comienzo en el referato. Su llegada a primera también tuvo características particulares...
Un día Gabriel Brazenas empezó, imprevistamente, su camino en primera. "Actuar en la máxima división es un privilegio. Tener la posibilidad de arbitrar en el fútbol grande de un país futbolero como éste es bárbaro... Me siento un privilegiado", dice. Ese privilegio le llegó a principios de 1999, en un clima caliente: se iban Javier Castrilli y Francisco Lamolina, dos referentes del arbitraje.
-¿Se aceleraron tus tiempos para llegar a primera?
-Siempre digo que hay que estar preparado, porque uno no sabe cuándo le van a tocar las oportunidades. Hay que tener suerte, pero saber acompañarla. No sé si decir aceleración de tiempos... Había que ponernos, y rendimos.
-Era un momento caliente para el arbitraje.
-No lo viví tan así. No se por qué caliente...
-Por la interna, más que nada.
-Yo trato de abstraerme de la interna arbitral. Sólo busco mejorar y todo lo que pueda nutrirme a mí y que pueda hacerme crecer como persona y árbitro. Lo demás lo dejo a un lado para que no me perturbe.
-¿Es difícil convivir callado en un ambiente donde se habla tanto?
-Lo que pasa es que yo nunca hablé, entonces no sé lo que es hablar. Nunca me fui para el otro lado, entonces no veo la forma de salir a contestarle a un técnico, a un jugador o a un colega.
-¿Te molesta que se hable tanto de los árbitros?
-Son las reglas del juego. Yo no voy a hablar con un técnico o un jugador para decirle que se equivocó en tal o cual cosa. Cada uno tendría que cumplir su función, y eso irá en mejora de los espectáculos. Los jugadores tienen que empezar a hablar de fútbol. Porque ellos son los protagonistas.
Un día, Gabriel Brazenas encabeza el ranking de árbitros del torneo Clausura. Con un promedio de 6,40 en cinco fechas según los puntajes de La Nación , Brazenas está al frente en la tabla de posiciones entre sus colegas. "A medida que pasan los partidos, uno se consolida y agarra más confianza. Antes me hacía más mala sangre por un error; después aprendí a convivir con él. Acá uno rinde examen constantemente."
-¿Te sentís un referente de esta nueva generación de referís?
-En absoluto. Me siento uno más dentro del grupo de árbitros.
-¿Y en el futuro quedarás como un referente?
-El tiempo lo dirá.
-¿Por qué pusiste la música de Martín Karadagian en el contestador de tu celular?
-Porque era original, pero mi señora ya me la hizo sacar, porque dice que es ridículo.
-¿Mirabas al árbitro William Boo?
-¡Sí! Yo sabía que era una cosa armada. Hoy todavía la gente lo reconoce por la calle. Ese es un referente: William Boo.



