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MINNEDOSA (De un enviado especial).- La misma imagen y una coincidencia increíble -o no, según los tiempos que se viven-: la chica, de espalda, lloraba, miraba al cielo y decía: "Para vos, Alfredito, para vos". María Julia Garisoain ya tenía su segunda medalla dorada en el single ligero, repitiendo lo de Mar del Plata, y se la dedicaba a Alfredo, el padre de Jorge Molina, su entrenador.
Nada inusual hasta ahí. Sólo que, como en el caso Ordás, el padre de Molina falleció hace dos semanas, en otro hecho de violencia al ser asaltado en su casa.
Es un instante de emoción. Después, mientras esperaba para cumplir con el control antidoping, Garisoain (1,62 m y 59 kg), 28 años, porteña, profesora de educación física, del Buenos Aires Rowing Club y 3a. en el Mundial de Colonia 98, descubre su identidad. Tiritando. No ya de emoción, sino por el frío...
"Sé que me tenían fe. Con esta canadiense (Tracy Duncan), hace rato que nos venimos midiendo. Creo que le gané por los 1000 metros y después la controlé. El único temor, por el viento, era desviarme de mi línea."
El viento, asegura Molina, fue bueno para María Julia. "Ella rema muy bien ahí arriba y en los 500 metros finales se da esa situación. Ahí sacó ventajas y, además, estaba muy compenetrada. Sabía que tenía que salir a apretar de entrada."
Fibrosa, de hablar pausado, Garisoain resulta, para muchos, un motivo de orgullo y también de celos: es la mejor en un deporte históricamente de hombres. Pero rema contra la corriente: "Me llevo bien. Aprendés a convivir y con el que no te llevás tan, tan bien, convivís igual".
Sonríe al escuchar:
-¿Vas a ser la cara femenina del deporte argentino?
-Y, tal vez. No sé. Creo que la mujer está pasando a ocupar un lugar importante también en el deporte. Siempre estuvimos. Ahora nos están descubriendo.
-Sos reconocida...
-Sí, acaso más afuera que en mi país. Sé que me respetan. Pero además me ubican porque soy fibrosa y mucho más petisa que las demás. Y soy la morocha del grupo: todas las demás son rubias.
-¿Y en lo deportivo?
-Gusta como remo. Mi técnica, y mi cabeza, el estilo agresivo.
Bariloche, donde vivió desde los 6 hasta los 18 años, es un lindo recuerdo. "Aprendí a remar en el Huapi. Me siento barilochense, aunque sea porteña. También esquiaba, pero hace tanto que no veo nieve..."
-Describite como mujer.
-Cocino, lavo, plancho, limpio (risas). Qué se yo. Me gusta estar en mi casa -en una isla, cruzando el río Sarmiento-. Ah, soy coqueta. Normal, pero me gusta arreglarme. Y sobre todo, me gusta remar...
Se nota. Los demás, también lo saben.



