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TOKIO.- Tocó el cielo con las manos. Se abrazó al éxito una vez más. Cantó, bailó y festejó como loco la obtención de este título mundial. Boca derrotó nada más y nada menos que a Real Madrid por 2 a 1 y volvió a ganar la Copa Europea-Sudamericana después de 22 años. Poco importarán los detalles de esta consagración xeneize, pero sí quedará para el recuerdo la vuelta olímpica frente a un equipo español lleno de figuras, el festejo enloquecido de miles de hinchas, la emoción liberada en todos los idiomas para poner en lo más alto los colores azul y oro.
El triunfo fue merecido. Por la capacidad goleadora de Martín Palermo para definir los partidos en los momentos justos y no desaprovechar ninguna oportunidad. Por la clase magistral de Riquelme, para apilar jugadores del Madrid entre pisada y pisada. Por el temperamento y el empuje de Bermúdez desde el fondo para sacar cuanto centro y situación de peligro se acercaba a Córdoba. Por la garra que se reparten Chicho Serna y Battaglia. Por el compromiso que asumen Ibarra, Traverso y Matellán. Por la atención de Córdoba para poner paños fríos en momentos complicados. Por la picardía del Chelo Delgado, que cada día se entiende mejor con Palermo y ya son muy pocos los que discuten su titularidad. Por la experiencia de Basualdo, el técnico que tuvo ayer Boca dentro de la cancha.
El equipo de la Ribera hizo su negocio porque salió a golpear a Real Madrid donde más le duele: el sector derecho de la defensa. Entonces, ante el primer pelotazo de Matellán para Delgado quedó Geremi en el camino y Palermo, de arremetida, empujó el centro del Chelo. Iban apenas dos minutos y los españoles se miraban asombrados sin entender nada. Pese a que quedaron algunas dudas en la posición de Delgado, ninguno de los españoles protestó.
Real Madrid intentó sobreponerse, pero cuando se levantaba recibió el segundo cachetazo: otra vez Palermo, pero en esta oportunidad con un tiro cruzado después de recibir un gran pase de Riquelme.
¿Había entrado el conjunto español a la cancha? En realidad, fue Boca el que realizó demasiado bien los deberes. Lo afirmó el propio Carlos Bianchi: "Tuvimos un comienzo demasiado perfecto".
Después de estar 0-2 a los seis minutos de juego, Real Madrid reaccionó y expuso su repertorio. Roberto Carlos apareció en todo su esplendor: primero con un remate en el travesaño y después con un golazo tras un error de Ibarra.
A los once minutos, las cosas que parecían demasiado seguras dejaban de estarlo. "Un gol de diferencia no es nada", dicen los entendidos. Bueno, sí lo fue aquí, porque tras los 11 minutos de esa primera etapa vibrante y emotiva, no volvería a moverse el marcador.
Boca siempre se mostró como un conjunto más seguro de sus convicciones, actitudes y planteos tácticos. Así y todo, situaciones hubo en los dos arcos. Primero, Raúl tocó por encima de Córdoba y la pelota se fue cerca; después fue Delgado quien se perdió el gol de su vida: Casillas le tapó un mano a mano cuando el Chelo había gambeteado a cuatro jugadores.
En el segundo tiempo, Del Bosque movió el tablero y mandó a la cancha a Savio y a Morientes. Si bien ellos no pesaron, Real Madrid tuvo tres situaciones claras mara empatar: un cabezazo de Guti que se fue desviado y el árbitro Oscar Ruiz anuló correctamente por off-side dos acciones, una de Geremi y otra de Raúl, que terminaron con la pelota en la red adversaria. Real Madrid lucía en el toque corto y en la circulación del balón, pero carecía de profundidad.
En medio de esos ataques, Riquelme se hizo un festival de pisadas y, con su trabajo, Boca controló el desarrollo sin demasiados sustos.
Festejó Boca porque fue más inteligente que Real Madrid. Por el trabajo de cada uno de sus jugadores y el de Carlos Bianchi. Por todos, por los que lo vivieron desde el banco y hasta los que ni siquiera se dieron ese gusto y tuvieron que ubicarse en el palco del estadio Nacional. O los que se quedaron en Buenos Aires por una lesión. Por esas 10.000 almas que desafiaron las distancias, para hacer que la Bombonera no quedara tan lejos. Por todos ellos, Boca gritó campeón y es el mejor. Por ellos el mundo está a sus pies...
2 m: gol de Boca. Pase de Matellán para Delgado, que desde la izquierda habilita a Palermo, que vence a Casillas con un disparo rasante.
6 m: segundo tanto del equipo xeneize. Habilitación perfecta de Riquelme para Palermo, que define cruzado ante la marca de Geremi.
7 m: el travesaño salva a Boca tras un remate fortísimo de Roberto Carlos.
11 m: gol de Real Madrid. Centro de Luis Figo, despejado defectuosamente por Ibarra; Roberto Carlos toma la pelota y la coloca en el ángulo superior derecho de Córdoba.
16 m: remate de Raúl de emboquillada. La pelota pasa muy cerca.
22 m: disparo de Juan Román Riquelme. Responde muy bien Casillas.
25 m: se salva el equipo merengue. Gran apilada de Delgado, que deja tres hombres en el camino, queda cara a cara con el arquero, pero Casillas lo tapa a tiempo.
31 m: remate desviado de Roberto Carlos. Muy lejos.
34 m: dispara Serna, pero el remate es débil y se pierde afuera sin peligro.
41m: tiro libre de Riquelme que contiene sin problemas el guardavalla merengue.
Segundo tiempo, 2 m: otro tiro libre de Riquelme y Casillas despeja de manera espectacular en el ángulo superior izquierdo.
3 m: disparo cruzado de Guti. Se va junto al palo izquierdo del arquero xeneize.
7 m: Iván Helguera, tras una buena jugada personal, remata desviado.
11 m: se salva Boca. Tras un córner ejecutado por Figo, Raúl se lo pierde solo de cabeza frente a Córdoba.
19 m: le anulan un tanto al camerunés Geremi por posición adelantada. Acierto del árbitro Oscar Ruiz
22 m: le vuelven a anular un tanto a Real. Esta vez el que quedó en posición prohibida es el delantero Raúl. Ruiz acierta nuevamente.
29 m: jugada individual de Savio por la izquierda. Su remate pega en la cara externa de la red.
36 m: buen desborde de Savio, que no encuentra bien ubicado en el área a ninguno de sus compañeros
43 m: remate de Palermo. El balón se pierde afuera.



