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SAN BERNARDO (Especial).- Como entretenimiento de verano fue atractivo; un espectáculo rapidito y sin mucho argumento, como cualquiera de las obras presentadas para esquilmarles unos pesos a los turistas. No mucho más dio lo que no esperaba repartir nada. Apenas un par de mamporros y un título del montón que dejó el cuerpo asustado de un brasileño inexperto y quedó en manos de alguien que supo de mejores galardones. Victoria por KO en el tercer round consignará la estadística en favor de Jorge Castro ante Rogerio Lobo. Buena pelea sólo si se toma como ocurrida en una pretemporada.
Blondo por querer ser diferente -antes lo era con su estilo pugilístico-, Castro tiene ahora la corona de los supermedianos de la Fedelatin. Como para ser uno más de los que deben luchar por un título para juntar gente. Quien se ganó el apodo de Locomotora no lo necesitaba; quizás este Castro sí.
Dos rounds de estudio, se escribiría en alguna crónica vieja. Dos asaltos para que dure un poco un rival con 14 peleas, sería un concepto más certero. Después de esos seis minutos de práctica con oposición, el santacruceño se decidió a dejar el ring; perdón, a terminar con la pelea. Combinaciones al cuerpo resultaron demoledoras. Punto en favor del Castro ´98: no se ciega en busca de un golpe decisivo. Final casi anticipado fue el moverse con miedo y dolor del que era campeón de algo y ya no lo recordaba.
Izquierda por encima de una guardia desarmada y KO muy bueno, por la forma de la definición. Cuenta innecesaria ante un brasileño sin fuerzas y sin ganas de levantarse. Triunfo para alimentar el récord de por sí gordo de Castro: 106 éxitos (72 KO), 5 derrotas y 2 empates. La comparación de registros con el de Lobo marca la diferencia establecida en el combate.
Un entrenamiento nomás para Castro, que todavía aspira a una corona mundial. Por el momento, se contenta con estos enfrentamientos que le aportan poco. Para el próximo mes se espera el choque con John David Jackson; es posible que el moreno norteamericano le recuerde días mejores, como aquel que inmortalizó su guapeza en Monterrey. Un regreso al pasado puede indicarle que él era distinto por más cosas que una pueril tintura. Treinta años no son tantos como para ya vivir de recuerdos...
SAN BERNARDO (Especial).- Con un figura que reclama menos kilos, pero con aportes de esa calidad técnica que otrora le puso el rótulo de esperanza boxística, Fabián Chancalay conquistó la corona argentina de los mediopesados -que estaba vacante-, tras imponese a Leonardo González por KO en el quinto asalto, en una de las peleas que se desarrollaron en el San Bernardo Stadium, ante 3500 espectadores.
Dominador del combate desde el inicio, con una derecha que se cruzaba y lastimaba al rival, Chancalay disimuló bien la lentitud de movimientos que le provocaba un peso que no es el suyo. Con 79,200 kg, el hombre de Villa Lugano perdió velocidad, pero no cedió potencia, como lo demostró en el asalto final.
En ese quinto round, Chancalay acorraló a González, empujándolo a su primera derrota en doce combates profesionales. Primero fue un zurdazo el que derribó al por entonces invicto; se levantó pero, tambaleante ante el acecho de Chancalay, su nueva caída fue cuestión de segundos; y de dos golpes de remate, claro.
Con esta victoria, Chancalay, de 28 años, suma 40 triunfos (27 KO), cuatro derrotas y un empate.
La reunión, que tuvo como figura central a Jorge Locomotora Castro, se completó con el éxito por puntos, en fallo unánime, del supergallo dominicano Héctor Avila ante el veterano salteño Rubén Condorí.
CORDOBA (Télam).- Alberto Sicurella, campeón argentino de los livianos y primero en el ranking de la Asociación Mundial de Boxeo, se impuso por puntos, en decisión unánime, al cordobés Osvaldo Cortés, en una pelea realizada en Carlos Paz.
Debido a sus bajos desempeños, Cortés tiene la licencia suspendida por la FAB, pero la pelea no se canceló.


