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GELSENKIRCHEN, Alemania.- "Alentaremos por la Argentina porque tiene los colores de Schalke", vaticina Dirk Slawetzki, un joven de esta ciudad de 278.000 habitantes enclavada en la cuenca carbonífera del Ruhr, cuna del poderoso Schalke 04 y donde la selección de José Pekerman se enfrentará con Serbia y Montenegro el 16 de junio, por la segunda fecha del Grupo C. Dirk, que trabaja en una antigua fábrica de carbón reconvertida en un centro cultural declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco -el Zollverein, de Essen-, ya tiene entradas para ese partido del Mundial.
La cuenca del Ruhr, una zona de casas bajas con techos a dos aguas, entre chimeneas de fábricas, está perdiendo su carácter carbonífero -ya no es rentable competir con Rusia o China-, y más pobladores se dedican a los servicios o sufren el desempleo. Pero la pasión por el fútbol permanece intacta. El estadio de Gelsenkirchen, el Veltins Arena -Veltins es una marca de cerveza-, se llena sábado por medio con 61.524 hinchas, de los cuales 44.000 tienen abono para toda la temporada de Schalke 04.
"Hay una atmósfera fuerte, somos bien ruidosos", se entusiasma Martin, que conduce la visita guiada por la cancha. Como es cubierta, el sonido es más intenso, aunque el techo puede correrse cuando hace buen tiempo. Lo que también es corredizo es el campo de juego. Gracias a la reciente inversión de 191 millones de euros para acondicionar el estadio para el Mundial -financiada en su mayoría con fondos privados, más 10 millones de la ciudad de Gelsenkirchen y otros cinco millones de los hinchas-, una plataforma con el césped se desplaza sobre ruedas hacia el interior del estadio cuando se juega un partido y se la retira a la intemperie, el resto de la semana.
De esta manera, el pasto se expone al sol y el estadio queda con un piso de cemento donde se arman canchas de handball o tenis o espectáculos musicales -aquí se vieron las óperas Aída y Carmen o los recitales de Robbie Williams, Bruce Springsteen, Bon Jovi o U2-.
Introducir la plataforma de césped en la cancha demora seis horas y sacarla, otras tantas. En total se gastan 16.000 euros en cada operativo, que necesita de electricidad y mano de obra. Otra rareza del Veltins Arena es su sistema de distribución de cerveza tirada, la bebida habitual en los partidos de la Bundesliga. El estadio cuenta con tanques que puedan acumular hasta 52.000 litros y hay tuberías hasta en el medio del campo de juego, donde se instalan chopperas durante los shows artísticos. Por eso es permanente el entrar y el salir de camiones de cerveza al estacionamiento de la cancha.
En el camino que los jugadores argentinos recorrerán desde los vestuarios hasta el campo de juego se encontrarán con la capilla interconfesional del estadio. Es un salón blanco sin ninguna cruz u otro símbolo religioso, con un atril donde reposa la Biblia. Allí, los muy fanáticos de Schalke 04 se casan o bautizan a sus hijos, y algunos de sus jugadores rezan antes de los partidos. "Generalmente, los futbolistas extranjeros", reconoce Martin. En Schalke 04 juega un serbio, Mladen Krstajic, y entre 2001 y 2004 estuvo el argentino Aníbal Matellán.
El estadio cuenta con su museo de Schalke 04, cámaras por todas partes y "nada de grafitti en las paredes", se enorgullece Martin. Para el Mundial deberán ponerse asientos en la popular que ocupa la barra de Schalke 04, con sus trompetas, banderas y bufandas, y en el codo que se reserva para 1800 hinchas de los visitantes. Por eso, el Veltins Arena albergará en la Copa del Mundo a 48.426 personas sentadas.
Algunas señales ya evidencian que en el estadio de Gelsenkirchen se jugará el Mundial: del techo cuelgan las banderas de los 32 países participantes. Otros detalles están por arreglarse: por ejemplo, deberá taparse el cartel con el nombre del estadio porque Veltins no es patrocinante de la Copa de la FIFA, y sí lo es su competidora norteamericana Budweisser.
El Veltins Arena no sólo es el centro de diversión de Gelsenkirchen, sino también de trabajo: emplea a 1800 personas en diversas actividades (desde seguridad hasta alimentación), en una ciudad donde el desempleo roza el 20% por el cierre de la mayoría de las minas. El Mundial también significó trabajo: se acaba de inaugurar una autopista que conduce directo al estadio, sin pasar por el centro de Gelsenkirchen.
Además, se celebrará cada día del certamen, al igual que en todas las ciudades sede, la fiesta de los fans, con entrada gratuita. En ella se dispondrán pantallas gigantes para ver todos los partidos del torneo, una oferta gastronómica internacional y actuaciones de bandas locales y del resto de Alemania, DJ y comediantes. Por si alguno se harta del fútbol, también habrá recitales pagos (de 15 a 22 euros por entrada), de Simple Minds, Gipsy Kings y Bryan Adams, entre otros.


