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Tenía 12 años Pablo Chacón y su físico esmirriado se deshacía en trompadas en el célebre Mocoroa Boxing Club, que dirigía don Paco Bermúdez, donde Mendoza guardaba en su alma un lugar muy preciado para el deporte de los puños. No era para menos. En cualquier gimnasio era común observar retratos de Pascual Pérez, Cirilo Gil, Nicolino Locche, Hugo Pastor Corro y hasta de Gustavo Ballas, cordobés de nacimiento, pero adoptado por estas tierras nacientes al pie de los Andes.
Puede estar tranquilo Chacón por haberse unido a la galería de los grandes. ¡Campeón mundial!, gritó en la noche de Budapest, con todo un estadio en su contra, cuando derrotó contundentemente por KOT en el sexto asalto al ídolo local, el húngaro Istvan Kovacs, para calzarse el cinturón pluma de la OMB.
El mismo Chacón que aprendió los primeros esquives de la mano de don Paco Bermúdez, uno de los grandes maestros del boxeo; y tras la muerte de Bermúdez -en 1997-, apareció en su camino Ricardo Bracamonte, que le pagaba la cuota mensual para que pudiera entrenarse.
Desde el humilde barrio 26 de Enero, en Las Heras, donde nació el 22 de mayo de 1975, Chacón creció de golpe cuando se clavó en el pecho la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Atlanta, en 1996. Aquel premio que lo catapultó inmediatamente como promesa en tiempos de sequía boxística en el plano profesional.
Su carrera acumuló sólo éxitos en el ámbito vernáculo, aunque es cierto que fue llevada entre algodones, sin exposiciones de riesgo. Engordó un récord temible sobre la base de un estilo defensivamente impecable y con capacidad de remate para sumar knock-outs y elogios en cantidades iguales.
Llegó, entonces, la oportunidad soñada. Después de tanto transitar altivo dejando en el camino rivales criollos y sudamericanos, a Chacón lo esperaba el desafío mayúsculo. Aquella fresca tarde-noche del 25 de mayo de 2000, en el estadio Islas Malvinas, de la capital mendocina, Chacón probó el trago del desencanto. Tenía todo para llegar a la gloria: estaba en su casa, ante su gente. Pero cayó inobjetablemente frente al norteamericano Freddie Norwood, un gran campeón que se llevó el título pluma de la AMB.
"Chacón va a ser campeón del mundo. Hoy apenas perdió su primera oportunidad", había profetizado entonces Osvaldo Bisbal, presidente de la Federación Argentina de Box (FAB).
Casi trece meses más tarde, Chacón llegó a Hungría con su ilusión intacta, pero muchas miradas de escepticismo, dolidas por aquella frustración ante Norwood. Despegado desde hace tiempo del apoyo de Amílcar Brusa, Chacón confió en el incondicional apoyo de Bracamonte, su DT de siempre, y desbancó al húngaro Kovacs contra todos los pronósticos.
Miró al cielo, se lo dedicó a su fallecido amigo Pablo Gómez, ex futbolista de Pachuca, de México; también a Verónica, su mujer, y a sus hijos Brisa y Nicolás. Supo que había escrito una página de gloria.
MENDOZA.- Lo que no pudo ser contra el norteamericano Freddie Norwood tendrá lugar hoy. Se trata de los festejos de bienvenida al nuevo campeón mundial, que el pueblo mendocino le ofrecerá a Pablo Chacón, que llegará a su provincia alrededor de las 13.30.
Se espera que una caravana lo trasladará por las principales calles de la capital mendocina e inevitablemente finalizará su recorrido en el departamento Las Heras, donde el campeón de los plumas vive junto con su familia.


