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Juan Ignacio Chela será el que cierre y apague la luz. A sus 31 años, su presencia muy activa en el circuito con dos torneos y una final jugadas en casi doce meses es, al tiempo, la última versión de aquello que se dio en llamar La Legión Argentina. Aclaraciones rápidas para ya evitar malos entendidos: David Nalbandian y Juan Martín Del Potro son jugadores que han roto el molde que contenía al nutrido grupo de jugadores argentinos. Sus carreras y el ruido que han provocado con sus victorias los ubica en otra pantalla. Con menos y siempre persistente, Juan Mónaco queda como un cabo suelto entre quienes aparecieron a comienzos de los 2000 y los que vinieron después en la oscilación sin estabilidad entre los torneos de ATP y los challengers.
Chela es el último eco del grito que pegó La Legión Argentina desde que empezó el nuevo siglo. Una invasión que tomo para sí la gran oferta que el circuito puso a su alcance para quedarse con una gran cantidad de campeonatos y alcanzar finales con cifras solamente superadas por el tenis español. Por todo concepto, incluyendo tambièn a los excepcionales Del Potro y Nalbandian en la cuenta, los tenistas argentinos han ganado 62 titulos y consiguieron otras 83 finales en la ùltima decada .
El grueso de esa contabilidad le pertenece a la célebre Legión Argentina con la atractiva calidad de esos logros que incluyen tìtulos y finales de Grand Slam y Masters, Masters 1000 y la tierra arrasada con los torneos ATP 250 como el que acaba de terminar en Buenos Aires. Chela ( 6 titulos-6 finales ) forma parte de ese listado que contiene a Gastòn Gaudio (8-8), Guillermo Coria (9-11), Agustín Calleri (2-6), José Acasuso (3-8), Guillermo Cañas (7-9), Mariano Zabaleta (3-5), Mariano Puerta (3-7), Franco Squillari (3+3), Juan Mónaco (3-7) y los "cracks" Juan Martìn Del Potro (7-3) y David Nalbandian (11+11)
Chela es un tenista que pudo sortear las dificultades con las que se puede topar un deportista profesional y situaciones más agradables que en determinados momentos llevan a cambiar el sentido de los objetivos. Chela sufriò lesiones y una condena por doping. Se operó y se casó. Alternó circuito con divertidos backstage de TV cuando no quería que el circuito fuera solamente rigor y entrenamientos y procuró combinar las dos cosas. Bajò en el ranking y volvió a subir. Padeció los susurros bien audibles por flojas actuaciones en la Copa Davis y recobró siempre los deseos de estar en el equipo.
Tuvo diferentes entrenadores (Mariano Monachesi antes, Pablo Fuente ahora) y pudo generar una buena corriente afectiva y de trabajo para que lleguen los resultados.
El flaco Chela, a los 31 años, es producto de sus propias decisiones y de una madurez que no llega con la edad sino con el razonamiento de qué se desea y cómo lograrlo. Sigue jugando a una edad en la que muchos tenistas argentinos ya se habían retirado. Su pico de rendimiento lo registrò hace siete temporadas (15 en ATP en 2004), pero su permanencia ya vale más que su techo.
Miembro fundador de la Legión Argentina emprendió esa fabulosa gira hace màs de diez años y en ocasiones le tocó ir en clase turista. El radar del ATP de Buenos Aires lo divisó muchas veces en cancha a las dos de la tarde, con el sol abrasador y pocas veces a la noche, cuando las figuras iluminan el centro de la escena.
Pero Juan Ignacio Chela fue uno de los pocos en llegar. Su viaje es un ejemplo de como andar con cuidado y llegar a tiempo.


