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El hombre lo tiene todo: salud, dinero y amor. Puede condimentar la vida de la excelencia con un ingrediente esencial en el futbolero de ley: lo envuelve el prestigio. Nueve títulos como jugador. Cinco trofeos como manager. Vestido de Vélez, Christian Bassedas es un héroe del silencio. Un año atrás, sin embargo, se aparta del camino. Precisa respirar. "Decidí parar la pelota como asesor futbolístico porque hubo un cambio de autoridades, pensaba que tenía que hacer una pausa. Tuve mi tercer hijo en 2014, después de 13 años, porque ya era papá de Franco, de 16 y Valentino, de 13. La vida nos regaló a Stéfano, que tiene un año y ocho meses. Ese cierre de capítulo me dio la posibilidad de volver a disfrutar de la familia y acompañar a mi mujer (María Victoria) en este cambio que provoca la llegada de un hijo a los 40? Es un revuelo, al principio", reflexiona, en el silencio de la Villa Olímpica, el ahora entrenador, de 42 años. Lo tiene todo: 2015 es un año maravilloso. Y, sin embargo?
"Somos bichos raros. Pretendía parar para descansar y disfrutar de la familia y a los tres meses quería levantarme temprano detrás de un objetivo, de una obligación. Un desafío. Hubo meses que no fueron fáciles. Tenía tiempo, iba a cenar? Tenés todo, pero no tenés lo que más querés. Dinero para tomarte un buen vino, amigos para disfrutar de la noche y un gran sostén, que es mi familia, mi verdadera fuente de energía. Fui mucho al cine, que me encanta, pero estaba vacío en alguna parte; en algún lugar mío estaba vacío. Era una situación difícil de entender y de explicar. Tenía tanto tiempo para pasarla bien?, mirá lo que será: podía haber ido a ver a los Rolling Stones en mayo a Estados Unidos, que era uno de los planes en ese tiempo, pero mentalmente no estaba contento", reflexiona el actor de esta historia futbolera. Una charla que excede el rectángulo del balón: le pertenece a la vida misma.
-Es terrible esa sensación de vacío, teniéndolo todo?
-Es increíble, es raro. Volví a la rueda del fútbol para sufrir, porque hay pocos que ganan siempre. Domingo a domingo es una lucha constante. Este año me sirvió para darme cuenta qué es lo que siento. Y es ésto. El fútbol es lo que me gusta y no me importa pasarla mal si el resultado es adverso. Por encima está el deseo del desafío.
-¿Tan así es? ¿No tenés miedo de perderlo todo?
-No pierdo nada. Mi historia está marcada: tengo una historia como jugador y como manager. Si en este momento no tengo el éxito que tuve en las etapas anteriores, no habrá excusas. El fútbol, de todos modos, es un deporte de equipo. Si yo creo que todo lo que conseguí lo logré solo, estoy confundido. Tendré mi tiempo de análisis, pero sé cuáles son los riesgos y, sobre todo, mi propia exigencia.
-¿Sos demasiado autoexigente?
-No me mato, pero me doy cuenta si hice un mal trabajo en la semana, si me expresé mal con un chico, si el partido lo perdimos tácticamente? Lo asumo. Necesito un día y me recupero inmediatamente.
-¿Qué es lo que te faltó en estos meses? ¿La adrenalina de la competencia?
-Es difícil explicarlo. El fútbol es lo más lindo del mundo, aún con todo lo que viene con la derrota. Saborear un entrenamiento, estar cerca de jóvenes, verlos crecer, disfrutar una victoria. Es mi destino en la vida. Porque yo podría decir que no quiero hacerme más problemas, vivir tranquilo y entonces me pongo una heladería o una casa de ropa y lo manejo con mi mujer o con un socio. Sin embargo, no tenía ganas de eso. No es el momento.
-Tal vez, se trate de no vivir de recuerdos?
-Estoy entero. Estoy preparado para esta pelea, no vivo de recuerdos.
-¿Crees que el público, la crítica, tendrán en cuenta tu pasado exitoso cuando el equipo falle?
-Es un dato estadístico que queda en el cajón de los lindos recuerdos, por mi relación con Vélez. Pero ahora empezó un nuevo capítulo. Si no consigo buenos resultados, lo que tengo atrás no me habrá ayudado en nada. Es así de simple. No pierdo algo, la historia está escrita. Como técnico, tendré más responsabilidad que cuando era jugador o manager. Deberé soportar la crítica desesperada por un mal resultado. Es entendible, porque el medio, nuestra sociedad, se expresa de esa manera. Lo que está pasando en la AFA, ¿le sorprende a alguien? Somos así los argentinos, no creo que eso suceda en Inglaterra. ¿Para qué queremos que vuelvan los visitantes, para que haya problemas mayores? Si hay un chico con la camiseta de un rival, lo cagan a trompadas al padre. Hay que vivir escondido.
-Y vos tenés la necesidad de volver a meterte en esta locura.
-(risas) Es una increíble contradicción. Podría tomarme un café todas las mañanas mirando los pájaros volar, pero no soy amigo de la pereza. Necesito levantarme temprano, tener el compromiso de la práctica, estas semanas fueron hermosas.
-Y en tu casa deben notar que estás cambiado.
-Se dan cuenta de que estoy ahí pero estoy acá. Tengo la cabeza dividida, aunque mi familia es la prioridad.
Suele correr. Trota, suda la gota gorda vuelta y vuelta. "Pienso, pienso todo el tiempo", reflexiona. Habla día por medio con Ricardo Gareca, hoy entrenador de Perú, un amigo de la vida. "Es la voz que más escucho", reconoce. Las marcas del tiempo ni lo rozan: está igual a cuando transpiraba la camiseta. Vuelve al año sabático. "Soy inquieto, me gusta enriquecerme. Fui a ver al Tata Martino, a Matías Almeyda, a Carlos Bianchi, con quien tengo una relación de respeto y admiración, a Menotti, a Saporiti, a muchos más?, estuve con Almirón, con Sava, con quien compartí un curso de psicología del deporte, es un pibe muy preparado. Los entrenadores de ahora debemos estar preparados humanamente, más que tácticamente; después cada uno tendrá su manera de ser docente delante de un grupo. Me tira más ese lado: el grupo de trabajo que conformo, sumado al plantel, representa mi familia. En los entrenamientos y en los partidos. Después, cada uno tiene su vida. Me gustan los vínculos directos, transparentes. Se trata de creer en ellos y que todos somos uno", respalda el valor sentimental.
-El lado humano, primero.
-Más allá de la idea táctica, porque no me voy a aferrar a un dibujo porque sí. O estratégica. Para mí, lo fuerte es el vínculo humano.
El apasionado juego de las preguntas y respuestas, de pronto, se interrumpe por la sombra de un pibe de pantalones cortos y sueños rotos. Bassedas se levanta y lo abraza: despide a una promesa que deja el club: irá a préstamo para relanzar su breve carrera. Pocas oportunidades con Miguel Russo, el destino sellado con el nuevo conductor. Prometen volver a conversar: resulta una incómoda escena de sentimiento y tensión. Una forzada despedida.
"¿Ves? Esto es parte del fútbol. Tuve que tomar decisiones con cuatro o cinco muchachos que no están en mi consideración. Tengo la premisa de dirigir un plantel de jugadores que sé que tendré en cuenta. Entonces, no puedo tener futbolistas de más porque sí. Me gusta hablarlo personalmente, ser claro. Tal vez, suena cruel, frustrante, decepcionante para el chico. Pero les digo que no pueden bajar los brazos si el fútbol es su pasión, porque yo me puedo equivocar, el entrenador no es míster éxito? Los técnicos vivimos para levantarnos después de una adversidad, porque si esto fuera fácil y se ganara siempre, estaría muy bien. En las vacaciones ya empiezo a tensionarme, porque sé que es difícil", se recompone. Espía el verde.
-Debe ser uno de los momentos más difíciles: decirle a un chico que no tiene lugar.
-Me duele porque me pongo en el lugar de él. Imaginate cómo está ahora: vuelve solo, en el auto o en el colectivo, llega a la casa y le dice a sus padres "no me quieren". Pero en el día de mañana, en el momento que sea, estoy seguro de que puedo mirarlo a la cara y darle un abrazo. Fui claro. Es mejor ser directo y claro, ser honesto, aunque la noticia sea la peor. Es peor esconderte o mandar a los dirigentes.
-¿Le podrás inculcar a los chicos esos conceptos, más allá de una táctica?
-No es sencillo. El mensaje futbolístico es saber sacarles lo mejor. Saber llegarles en un vocabulario futbolero y paralelamente, me gusta involucrarme en el ser humano. Son jóvenes. Tenemos que ser una familia, todos representamos a Vélez, los grandes y los chicos. Si quieren tomar, si quieren acostarse tarde, siempre deben recordar que son jugadores de la primera de Vélez. Deben aprender a convivir con el equilibrio. Ellos deben tratar con las redes sociales, en las que si jugás un partido bueno te hacen creer que sos Messi y si jugas un partido malo, te asesinan. Cubero y Somoza están curtidos, pero a un joven, que es endeble en el carácter, no le resulta tan fácil. Se trata del cariño de la base familiar, deben apoyarse en esos principios.
-El fútbol es?
-?ganar, ganar y ganar. Eso lo escuché de Luis Aragonés, que decía "ese es el objetivo, pero no lo logra nadie". Yo estoy para otra cosa: si al final de este camino, termina la historia y creamos un vínculo fuerte con el plantel, el resultado es secundario. Hoy, ahora, al menos.
-Porque vos sabes que Vélez, en este contexto, es muy difícil que sea campeón.
-Yo me tengo confianza. Me preparé para pelear el campeonato, a lo grande, el club lo exige, pero las metas deben ser cortas. Yo no puedo decir "vamos a pelear el campeonato", si el año que pasó fue muy duro. Los puntos van a definir la realidad, pero yo quiero dejar una marca.
-Es una declaración valiente. El tema es educar al hincha.
-El hincha lo único que quiere es salir campeón. La otra parte la vemos nosotros. Debemos prepararnos para la exigencia. Los clubes grandes, por el plantel, hacen la diferencia, pero todo es muy parejo.
Corre y piensa. Corre para pensar. Bassedas tiene a Vélez en la cabeza, mientras lee. Libros de psicología del deporte, de fútbol, de política, de la historia de nuestro país. "El mundo del fútbol es una burbuja. Si no salís de ese círculo, pensás que vivís en Babilonia", se sorprende. Bassedas no está en Babilonia: siempre tiene los pies sobre la tierra.



