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Parece una persona distinta de aquel goleador que hacía vibrar la Bombonera a fines de los años 80. Habla pausado, lleva una cruz en el pecho y se empecina por darles consejos a los jóvenes futbolistas. "Ahora los jugadores ganan unos mangos y se lo gastan en un autito... Hay que ser responsable y ordenado", dice Jorge Alberto Comas, de 39 años, que hace seis colgó los botines, ya con la mirada de un hombre que quiere hacer carrera como entrenador.
-¿Pero vos eras un tipo responsable?
-... Mirá, después de salir goleador en Boca la fama se me avalanzó muy de golpe y empecé a despegarme de mi familia, a salir a comer asados con amigos, a vivir desordenadamente.
-¿Qué hacías?
-Me quedaba hasta la 1 de la madrugada tomando una copa de vino con los amigos. Pero ojo que no era un amante de la noche, ¿eh? No tenía vicios. Igual, en Veracruz me pasó lo mismo que en Boca: allá hay un ambiente alegre, de música... y después del entrenamiento me iba a la playa con los muchachos.
-¿Es cierto que te escapabas de las concentraciones?
-...No, pero estaba todos los días en la playa.
-¿No eras tan profesional...?
-Era un poco vago, pero cambié. De vez en cuando salía a comer con alguna chica. Pero mi señora es un fenómeno, porque una vez se enteró de algo y me tendría que haber echado. Por eso digo que el jugador de fútbol tiene que ser pro-fe-sio-nal.
-¿Nunca tuviste problemas con las drogas?
-¡No, no, no! No está en mi vocabulario la palabra droga. Soy muy católico y ese tema se lo dejo a los giles, a los que no piensan. Yo me habré tomado una cervecita, un vino, pero hasta ahí nomás. Soy sano y el que se mete con la droga le da un mal ejemplo a los chicos.
-¿Y Maradona?
-Nunca me importó lo que le pasó a Maradona. De él no opino nada. Diego llevó al cielo a todos los argentinos. El debería entregarse a Dios, que es el único que nos salva de todos los vicios.
-¿Por qué decidiste volver al fútbol?
-Porque afuera se me hace muy difícil, me siento un extraño. Además, si no hago algo me vuelvo un ignorante, un gordo... Los jugadores no sabemos hacer nada.
-¿Tan mal te fue en los negocios?
-Uno no tiene experiencia en los negocios que hace y los demás se aprovechan. Yo tengo una fábrica de camperas que la maneja un gran amigo. Y la plata que he perdido la ha recuperado él. Un amigazo.
-¿Perdiste mucha plata?
-No perdí ni gané. Perdí tiempo, no más. Por suerte ya estoy de vuelta. Yo sigo los mandamientos de Dios, pese a que cuando estaba en Boca y en Veracruz me salió un poquito de lo mío, errores que comete cualquier ser humano. Pero esa época ya fue.
Comas pasó de aquel corte de pelo cubano -más largo atrás- a un estilo clásico. "Cuando me fui de México el peluquero se puso a llorar y me pidió por favor que le dejara la cola del pelo. Y ahora está en una vitrina. Allá, era una moda mi corte. Y todo por los goles que hice".
-También con la camiseta de Boca...
-Claro que sí. Yo en Boca me sentía poderoso. Quería patear todos los penales y hacer los goles debajo de La 12. A los rivales les tiraba la camiseta encima, la hacía pesar, quería que me tengan miedo. Y a River lo tenía de hijo.
-Pero todos te recuerdan...
-(Interrumpe) El penal que erré en el último minuto en el Monumental (Boca perdió 3 a 2 aquel superclásico, en 1988). Es una tortura, mi peor recuerdo. Pero ni ahí me insultaron los hinchas de Boca.
-¿Cuál era tu secreto?
-Yo me quedaba una hora después de los entrenamientos pateándole al Loco Gatti. Después ponía los conos y gambeteaba sólo, me imaginaba la jugada. Además, anotaba en un cuaderno las debilidades de los arqueros, los centrales y los número cuatro. Después, antes de un partido, lo estudiaba bien. ¡Y las jugadas me salían...!
-¿Quién fue el defensor que más te costaba superar?
-A Néstor Claussen (Independiente), un lateral muy experimentado. Pero a Lucho Malvárez (San Lorenzo) lo volvía loco. Como era lento, yo le tiraba caños.
-Ahora, como técnico; ¿te gustaría dirigir a un jugador como Comas?
-... No sé, porque era un poco desordenado, medio rebelde. Aunque como jugador sí, fui un monstruo pateando. Y mirá, no me acuerdo de uno mejor que yo...
Comitas, como lo apodaban sus compañeros de Boca, nació en un barrio humilde de Paraná. De chico conoció la calle y varias profesiones para saciar el hambre. "En mi casa, había días en que lo único que comíamos era pan viejo. Después, mate y mate. Yo fui plomero, verdulero, vendedor de pasteles y hacía el asfalto de las calles, porque trabajé para la Municipalidad de Paraná. Esa época fue dura, pero linda", cuenta el hombre que hoy entrena a los arqueros en El Porvenir. Dice que en 1999 recorrió los barrios humildes de Paraná para ayudar a los pobres. "Soy católico y llevo a Dios en el centro de mi corazón. No le niego nada a nadie. Pero ojo que no regalo plata: al que le puedo dar algo de comida o trabajo se lo doy. Yo quiero ganar mucha plata como técnico para ayudar a los demás. Ahora, mi meta es hacer una iglesia de San Jorge para colaborar con la gente que necesita", asegura Comas, que todos los domingos va a misa y no integra ningún grupo religioso.



