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SAN PABLO.- River terminó feliz, abrazado al empate, incorporando a su racha positiva un 0 a 0 en el Morumbí, conseguido con personalidad, oficio y un gran esfuerzo colectivo, para sentir que la Supercopa está bien cerca y totalmente dispuesta a sumarse a sus vitrinas.
Tiene casi un par de semanas por delante para ilusionarse con el desquite en el Monumental (el miércoles 17), sobre todo porque comprobó in situ que San Pablo está a inmensas distancias futbolísticas de aquel equipo que desparramaba categoría por todo el continente.
Incluso, de no haber mediado la irresponsabilidad de Berti -se hizo echar por una falta descalificadora- hasta pudo regresar con el premio mayor...
Las fricciones y los sustos para Burgos y Rogerio caracterizaron los primeros minutos. San Pablo casi anota en la primera incursión ofensiva (desborde de Marcelinho y Fabiano que no alcanza a pegarle de lleno). Y River respondió de inmediato, con una corajeada de Hernán Díaz, que Francescoli no pudo resolver dentro del área.
Esa jugada, más que una ocasión no aprovechada, le sirvió a River para saber por dónde le dolía más a su adversario: el sector izquierdo de su defensa, allí donde Serginho perdía a menudo con el tándem Hernán Díaz-Monserrat o con Gallardo, cuando el N° 10 se recostaba por ese andarivel.
Y de un centro sensacional de Gallardo desde la derecha, inexplicablemente Salas cabeceó afuera.
Esos toques de atención influyeron en San Pablo, que se apichonó y perdió la prestancia de los momentos iniciales.
River daba una imagen de mayor solidez (con excepción de Burgos, inseguro y desconfiado en un terreno resbaladizo y con una pelota que viajaba rápido). Se plantó con personalidad, no se refugió cerca de Burgos y tuvo generosidad en la mayoría de sus hombres para desdoblarse en defensa y en ataque.
San Pablo se complicaba atrás (sus hinchas rezaban en cada centro) y no llegaba porque el equipo de Ramón Díaz, bien parado con Astrada como eje, lo neutralizaba con mucha solvencia. Sin peso Dodó (prácticamente no tocó la pelota en los 45 minutos iniciales), el único factor de preocupación era Marcelinho, con su habilidad para hacer pie y escalar a pura gambeta.
Los minutos pasaban sin que los locales pudiesen armar una jugada más o menos coordinada. Porque además de sus limitaciones para moverse asociadamente, River le cortaba el circuito con infracciones sistemáticas en la génesis de cada intento.
El telón de la primera etapa cayó con un disparo rasante de Serginho, que se fue apenas desviado por el segundo palo. Segundos más tarde, cortó Monserrat y tomó a todo San Pablo a contrapierna: pase a Salas, cuyo centro para Francescoli fue interceptado providencialmente por Edmilson.
Comenzó el segundo período con novedades. San Pablo trató de imponer mayor agresividad ofensiva, aunque abusó de los centros (para beneficio de Celso Ayala y Berizzo). Y para colmo, Berti se ganó la expulsión merecidamente por un planchazo descalificador contra Fabiano. Grave lo del volante de River, porque segundos antes le había aplicado un puñetazo en la espalda a Fabiano y, no conforme, lo operó con alevosía en la primera pelota dividida con el N° 7 paulista.
Con un hombre menos, River resignó posibilidades de buscar el arco de enfrente y acentuó su intención de manejar la pelota con lentitud, lateralizando y dejando pasar el tiempo.
Pero ninguna circunstancia parecía erradicar la impotencia del conjunto local para aproximarse con ciertos riesgos para Burgos.
Lo que siguió fue una sucesión de escenas monocordes. San Pablo atacando a ciegas, lanzando centros para que despejen Ayala y sus compañeros. River tratando de conservar la pelota y de no exponerse.
Los cambios (ingresaron Gancedo, Placente y Escudero) reforzaron la postura de correr y de multiplicarse en las inmediaciones de su propia área, ante un adversario que se debatía sin encontrar espacios para nada. Ni siquiera para los temidos remates de larga distancia.
Y cuando surgieron los huecos, dos veces el travesaño se interpuso en las ilusiones locales. Primero ante un zurdazo espectacular y esquinado de Serginho; después le ahogó el grito a Franca, cuando Burgos no tenía nada que hacer.
Fue la única colaboración del azar para que River terminara contento su excursión por San Pablo; en fútbol no mostró menos que su adversario. Y dejó en evidencia que, si en la revancha impera la lógica, la Supercopa no se le escapa.
SAN PABLO.- Mientras los diez jugadores que quedaron en la cancha le ofrendaron el empate-victoria a los pocos, pero muy felices, hinchas de River, Ramón Díaz explicaba el resultado y la actuación de sus jugadores: "Se entregaron hasta un límite impresionante. Obligado por la expulsión de Berti y las lesiones de Astrada y Sorin, tuve que hacer cambios para aguntar el resultado y todos cumplieron con la misión. El trajín por tantos partidos se hace sentir, pero igualmente estamos recibiendo un justo premio. Ahora estamos cerca de ganar la Supercopa y eso nos hace disimular cualquier dificultad".
Marcelo Gallardo, que en dos contraataques dejó buena parte de sus reservas físicas, afirmó: "Esta cancha es muy difícil y el rival también. Por eso, debimos apelar a todo nuestro coraje para lograr un resultado muy importante. No quiero decir que tenemos media Supercopa en casa, pero que dimos un gran paso para lograrla, seguro".
Pese a su lesión en la pierna izquierda, Leonardo Astrada no quiso perderse los últimos minutos e ingresó en la cancha para abrazarse con sus compañeros. Luego, con voz entrecortada por el dolor, dijo: "Demostramos que cuando hay que poner lo que hay que poner también lo hacemos. Con un hombre menos y con cambios obligados, más no se podía pedir. Defendimos bien y logramos el objetivo: no perder para poder definir en el Monumental".
Germán Burgos, uno de los que le pidió insistentemente al árbitro chileno que terminase el partido, cuando ya las reservas físicas se agotaban, opinó: "El empate fue un premio a la entrega de todos. Nadie se quedó parado y corrió como debe hacerse en una final. Ahora, faltan 90 minutos para lograr otro título muy deseado por todos nosotros".
Prohibido pasar. Los 120 hinchas de River que se trasladaron hasta San Pablo en dos vuelos charter, no pudieron ingresar en el estadio con los bombos y las banderas que habían logrado pasar sin mayores problemas por la aduana del aeropuerto de Guarulhos. Cuando quisieron pasar con la preciada carga, los porteros del Morumbí se negaron terminantemente. Por eso, los simpatizantes debieron dejar su carga en el ómnibus que transportó al plantel de River. Adentro, el aliento se hizo escuchar a garganta limpia.
Por anticipado: aunque sólo mañana serán las elecciones, la actual dirigencia descuenta el triunfo y estudia el futuro.
SAN PABLO, Brasil (De nuestros enviados especiales).- Si bien River tiene la mente puesta en obtener la Supercopa y el torneo Apertura, los dirigentes ya piensan en cómo será el River versión 1998. Pese a que mañana se realizarán las elecciones presidenciales en el club, el oficialismo está seguro de una victoria en las urnas.
Marcelo Gallardo y Marcelo Salas, quienes seguirían sus carreras en Italia, serán las bajas más importantes que deberá soportar la entidad el año próximo. Antonio Caliendo, el representante de Gallardo, se está moviendo para ubicar a su jugador en la península, mientras que por Salas se escuchan continuos intereses sin llegar a convertirse en ofertas concretas.
En tanto, Enzo Francescoli anunciaría el 20 del actual su retiro y seis días después se realizaría el partido de despedida en el Monumental. Otro que podría emigrar es Gustavo Lombardi.
Al respecto, el dirigente César Traversone comentó: "Hasta el 21 de diciembre, cuando termine el torneo, River no va a comprar ni vender, pero de algo estamos seguros: para comprar, primero vamos a tener que vender. A Salas va a ser muy difícil retenerlo".
Así como los dirigentes estudian las probables partidas, también están analizando quiénes pueden llegar. La prioridad es el delantero Marcelo Delgado y la semana próxima los dirigentes de River se reunirán con los de Racing para continuar las negociaciones. Racing pretende 4.000.000 de dólares libres por el pase del jugador, mientras que River no estaría dispuesto a pagar esa cifra.
Pero ésta no sería la única diferencia entre las partes, ya que el 28 del actual se realizarán las elecciones en el club de Avellaneda y si la operación no se contreta antes del Día de los Inocentes, River tendrá que volver a empezar las gestiones para quedarse con el jugador, que es la debilidad de Ramón Díaz.
Los otros nombres que suenan para vestir la camiseta con la banda roja son Martín Vitali, defensor lateral de Ferro; Christian Zermatten, volante de Argentinos; Alberto Godoy, volante ofensivo de Platense, y los hermanos Ariel y Daniel Montenegro, que actúan en San Lorenzo y Huracán, respectivamente.
Sin descanso. SAN PABLO (De nuestros enviados especiales).- River tiene un cronograma de partidos complicado durante el último mes del año 1997. Jugaría 7 encuentros en 24 días. A saber:
Domingo 7: v. Independiente (local, torneo Apertura).
Miércoles 10: v. Gimnasia de Jujuy (visitante, Apertura).
Domingo 14: v. Colón (local, Apertura).
Miércoles 17: v. San Pablo (local, final de la Supercopa).
Domingo 21: v. Argentinos (visitante, en Ferro, última fecha del Apertura).
Viernes 26: se haría el partido despedida a Enzo Francescoli.
Domingo 28:en caso de ser necesario, se jugaría el desempate con Boca por el Apertura.



