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Raúl Mendoza, el chico de 17 años que recibió un balazo en la cabeza luego del partido entre Nueva Chicago y Huracán, continuó hoy en grave estado ya que el disparo le provocó un "estallido de cráneo", mientras dos efectivos policiales permanecen detenidos e incomunicados, sospechados de haberle causado las heridas al joven.
La Policía Federal decidió separar a esos agentes de sus cargos y pidió públicamente por la recuperación del muchacho internado.
Sin embargo, la familia del chico reclamó justicia. "Esto no puede quedar así, no puede ser que un hombre porque tenga un arma pueda disparar porque sí", dijo la novia del chico herido.
El caso, que vuelve a plantear el problema de la seguridad en el fútbol, ocurrió anoche, en la intersección de las calles Monte y Carhué, en la zona de Los Perales, frente al Monoblock 20, en el barrio porteño de Mataderos, cercana al estadio de Nueva Chicago.
Según contó la novia de la víctima, el chico herido es un estudiante secundario que había ido a ver el partido de su equipo, Nueva Chicago, y después se dirigió a una plaza de la zona Los Perales para reunirse con unos amigos, cuando apareció un auto de la Policía.
Testigos dicen que, sin ningún motivo, los agentes dispararon balas de goma, tras lo cual algunos hinchas comenzaron a tirar piedras contra el vehículo.
Fue entonces cuando el conductor del patrullero habría sacado un arma 9 milímetros y disparado varias veces, hasta que uno de los tiros le dio a Mendoza.
"(El) se escondió detrás de un árbol, pero igual recibió un tiro en la cabeza", dijo Bárbara, la novia del herido, quien insistió en que Mendoza no era un barrabrava.
No obstante, hubo incidentes entre la Policía y los integrantes de la barrabrava de Nueva Chicago, cuando éstos se enteraron lo que había sucedido.
Mientras tanto, Mendoza fue trasladado al Hospital Santojanni, donde quedó internado en terapia intensiva a raíz de la grave lesión sufrida.
En un parte médico difundido esta mañana, los médicos del Hospital confirmaron que el pronóstico del paciente es "reservado", ya que, si bien "no hay pérdida de masa cerebral", la bala -presuntamente calibre 9 milímetros- produjo un "daño notable" a su paso.
El proyectil tiene orificio de entrada y salida, razón por la cual la intervención quirúrgica a la que fue sometido anoche Mendoza no permitió extraer plomo alguno.
Mendoza está en "coma farmacológico", es decir un estado provocado artificialmente para proteger al cerebro y adaptar al paciente al respirador, explicó el neurocirujano de guardia, Claudio Corbettra.
"Es muy prematuro para hablar del futuro, pero podría haber secuelas, algún grado de plejía", precisaron los médicos.
A raíz de la lesión que sufrió Mendoza, dos suboficiales que prestaban servicio en la comisaría 52 fueron detenidos e incomunicados sospechados de haber participado en el suceso, y quedaron a disposición del juez de instrucción Roberto Murature.
Fuente: DyN

