Copa Libertadores: por qué el VAR estuvo casi invisible en el superclásico

El chequeo del VAR en el gol anulado a Boca
El chequeo del VAR en el gol anulado a Boca Crédito: Captura de TV
Alejandro Casar González
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24 de octubre de 2019  • 21:08

Aunque no lo veamos, el VAR siempre está. En las jugadas de gol donde puede haber un off-side muy fino, o cualquier infracción en ataque, la tecnología revisa en silencio. Lo mismo ante una posible expulsión. O un penal no sancionado, o mal otorgado. El objetivo es simple: mínima intervención, beneficio máximo. Entonces, ¿por qué no intervino, por ejemplo, en el agarrón de Zárate a Paulo Díaz en el gol de Boca? ¿O en el codazo de Pinola a Salvio cuando el superclásico apenas había amanecido? ¿Por qué en el Maracaná no le sugieren a Patricio Loustau revisar el penal a favor de Flamengo, por una supuesta infracción de Geromel a Bruno Henrique?

Las respuestas a los interrogantes están en el protocolo de VAR. Y en el grado de certeza que proporcionen las imágenes recolectadas en la cabina donde están los asistentes que se ayudan con la tecnología para tomar las mejores decisiones. El concepto de mínima interferencia establece que, a no ser que haya pruebas contundentes en contra de la determinación tomada por el árbitro principal, los asistentes de video deben dar continuidad al juego. Y apoyar a su compañero que está en la cancha y ve las jugadas mucho más de cerca que ellos.

La conversación del VAR en el gol de Boca

El VAR ha cambiado, por ejemplo, la forma en la que se cobran los offsides milimétricos. En la Superliga argentina, que no cuenta aún con la herramienta, lo más importante es el ojo de lince del asistente. Y son ellos los que toman decisiones en fracciones de segundo. El árbitro principal confía en ellos y los sigue. Se cobra el offside y la jugada concluye, más allá de si hay o no un gol.

Con VAR, en cambio, la historia es distinta: por más que a simple vista parezca que hay un off-side muy fino, el árbitro está obligado a darle continuidad a la jugada. Y los asistentes, a mantener la bandera baja. ¿La razón? El VAR chequea en tiempo real, con las líneas que aporta la tecnología. La jugada sigue y puede (o no) haber un gol. Es el VAR el encargado de confirmarle al árbitro si hay o no una posición adelantada.

¿Qué pasó en las jugadas del gol de Boca (posible agarrón de Zárate a Paulo Díaz y en el codazo de Pinola a Salvio al comienzo del partido)? La primera fue revisada por el VAR, pero no por la infracción en ataque, sino por otras dos cuestiones: el contacto entre Armani y Zárate. "Quiero ver la disputa con el arquero", dice Mauro Vigliano, el primer asistente de VAR del partido jugado en la Bombonera. Descartada la infracción, el VAR analiza si hay o no posición adelantada de Zárate. Hurtado, es claro, viene desde atrás de la línea de la pelota. El equipo de VAR descarta cualquier anomalía (incluso le pregunta al árbitro Wilton Sampaio si no hay ninguna protesta de River) y convalida el gol.

El audio del VAR en el gol anulado a Salvio

La agresión de Pinola a Salvio es de interpretación. El VAR solo puede sugerirle al árbitro principal cambiar un fallo cuando esté convencido de que se trata de un error flagrante y grosero. En este caso, hay punto de contacto (el defensor de River golpea al ex Benfica al caer), pero el VAR entiende que las imágenes no son prueba suficiente como para sacar la tarjeta roja. En todo caso, podría haber aconsejado una amonestación, pero las jugadas de tarjeta amarilla no están dentro del protocolo del VAR. Así, Sampaio advirtió a Pinola y no le mostró ninguna tarjeta.

Más allá de la intensidad de las dos semifinales, la actuación de los árbitros de VAR está más en línea con la sugerencia que había mandado la FIFA hace un par de meses: "buscar elefantes y no hormigas" en las jugadas que precisen de asistencia tecnológica.

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