Costilla, antes y después

Roberto De Vicenzo
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15 de diciembre de 2009  

Roberto De Vicenzo no necesitó presentación en la ceremonia de premios del 104º Visa Open, que concluyó anteayer en Nordelta. El Maestro fue el encargado de entregarle la copa de campeón a César Costilla, el tucumano que sorprendió a todos en la máxima cita nacional y que se impuso por un golpe de ventaja respecto de Paulo Pinto y Julio Zapata.

-¿Qué le dijo a Costilla al darle el trofeo?

-Le dije: «Cuidalo, porque éste tiene un valor muy especial, es el más importante del país». Es así, porque es una conquista que te da obligaciones, no sólo en nuestro país, sino también afuera. Vos te presentás en cualquier lugar del mundo y sos el campeón del Abierto argentino. Para un jugador, hay un antes y después del triunfo en un certamen de estas características.

-¿Por qué se impuso Costilla?

-Supo manejar muy bien los efectos del viento y le ganó a su pasado. Era un jugador que, por una extraña sensación de desconfianza, perdía terreno el domingo y terminaba cediéndole el título a otro. Calculo que sacará mucho provecho de esta victoria; frente a otro momento de duda, se acordará de lo que logró en Nordelta entre muchos pesos pesados de nuestro golf.

-¿Qué futuro avizora para el tucumano?

-Espero que no se abandone, que no se borre, que siga con el mismo hambre que lo ha hecho hasta ahora. El dinero no cura la ambición deportiva. Siempre digo lo mismo: si te sentás a contar la plata que ganaste, el resto de los jugadores te pasa por arriba. Es triunfar y olvidarse, siempre hay que seguir para adelante. Lo bueno es que en este Abierto no sólo ganó Costilla.

-¿Quién más?

-La cancha del Nordelta Golf Club, el área de influencia, la organización, la Asociación Argentina de Golf, el público, todos. Creo que este par 72 superó con creces el examen y ya ingresó en la rotación de canchas sede del Abierto para el futuro. Fue un certamen muy moderno, a tono con la nueva era del golf y que convocó a gran cantidad de espectadores. Es una cancha difícil para caminar, pero el viento resultó un alivio.

-Frente a la caída de los grandes nombres, al promediar el torneo apareció Emiliano Grillo, de 17 años.

-El pibe venía muy bien, lamenté su derrumbe en las últimas dos vueltas. Pero demostró que tiene condiciones para conseguir algún día el Abierto. Lo que pasa es que en esta época no sólo tenés a uno o dos jugadores que te persiguen en el leaderboard, como era en mi época. Ahora tenés, por lo menos, a quince. Es como una carrera de bicicletas: se te viene el pelotón, y si te pasa uno, te pasan todos.

-¿Por qué se cayeron los grandes candidatos?

-Hubo algunas circunstancias especiales, como los malestares de Angel Cabrera, que ya venía debilitado físicamente luego del torneo que jugó en Sun City, Sudáfrica. Tampoco estaba al ciento por ciento Andrés Romero, lesionado en un pie. Pero es cierto también que el resto, tales los casos de Ricardo González, Daniel Vancsik o Eduardo Romero, no pudieron hacer equilibrio en esta cancha.

-Justamente: ¿qué evaluación hace del campo, más allá de su perfil moderno?

-Me pareció mucho más amplio de lo que la gente decía. Hay muchos lagos que están en juego, pero se hallan ubicados lejos de los eventuales errores de los golfistas. No pusieron en riesgo la intención de los tiros. Te ibas al agua sólo si te desviabas demasiado; sucede que el viento complicó las cosas. Sí, es una cancha cerrada para el inexperto, pero no para el profesional. Pero al margen de las consideraciones técnicas, esta última semana vivimos la gran fiesta del golf argentino. Una más.

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