

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.

No es una pócima mágica. En eso todos coinciden. En cambio, sobre su validez y legalidad, no hay consenso. La creatina irrumpió en el mundo deportivo hace cinco años, pero su entrada en el fútbol es más reciente. En el calcio desató un escándalo del que aún están tratando de recuperarse y aquí, en la Argentina, River admite que la utiliza. ¿Cómo? ¿La misma sustancia que hizo tambalear hasta a la propia Juventus? Exacto. Pero vale conocer bien de qué se trata para no generar falsas histerias. Con una rápida aclaración: la creatina camina sobre la delgada línea de la polémica.
Esta singular y ahora popular sustancia es un aminoácido que producen naturalmente las personas -punto clave para que no se la considere doping, porque, ¿cómo hacer el dosaje de algo que genera el organismo?- y los animales, y que se vende como una alternativa legal a los esteroides anabólicos. Hay de origen nacional e importado, se trata de un polvo que se puede comprar en frascos a un valor de entre 40 y 60 pesos y un solo envase puede llegar a durar hasta un mes. Los ciclos de la ingesta contemplan el consumo de 20 o 30 gramos diarios durante cinco o seis días, siempre acompañado con un intenso trabajo de sobremusculación. Se recomienda acompañar a la creatina con glutamina para una más rápida asimilación al organismo, y puede ser diluida en agua o en jugos de durazno, uva o manzana (no ácidos). Después, el proceso sigue durante seis semanas con un consumo diario menor al apuntado. La finalidad es llegar bien arriba a un determinado momento. Por ejemplo, un campeonato corto.
River cree en la creatina. Hay algunos casos bien puntuales. Como Rambert, Saviola y Aimar. Pero, ¿qué opinan los jugadores? Son esquivos, posiblemente por temor. Sebastián Rambert se prestó al diálogo: "Yo tenía tres kilos menos y los recuperé con una ínfima dosis de creatina. Pero no mejoré ni empeoré mi rendimiento. Ni tampoco voy a convertir más o menos goles". Javier Saviola se mostró entre sorprendido e indiferente: "No tengo ni idea de lo que me daban ni para qué era. Nunca supe de qué se trataba...Pero ya no me lo dan. ¿Resultados? Nunca sentí nada distinto". Y Pablo Aimar prefirió no hablar del tema.
El doping en el fútbol desató un escándalo en Italia. Tanto que le costó el puesto de presidente del Comité Olímpico Italiano (CONI) a Mario Pescante. La turbulencia que se vivió en el segundo semestre de 1998 nació cuando el checo Zdenek Zeman, técnico de Roma, denunció el abuso de fármacos en declaraciones al semanario L´Espresso. "El calcio es una farmacia ambulante. Algunos futbolistas utilizan fármacos que están en etapa experimental... No debemos esperar que alguien muera. Me llaman la atención las explosiones musculares de Alessandro del Piero y de Gianluca Vialli, algo que no se logra sólo con los entrenamientos y en tan poco tiempo. Ingerir veinte gramos de creatina es como comer diez kilos de carne; yo no sé si eso es bueno o malo, pero es algo raro", disparó Zeman.
Todo el mundo tuvo que declarar ante la Fiscalía de Turín y la Comisión antidoping del CONI abrió investigaciones. Varios sumaron sospechas y el mundillo futbolístico se dividió para defender o atacar a la creatina. Muchos aceptaron su consumo y otros lo cuestionarion, como el defensor de Parma, Lilian Thuram, que aseguró que "Del Piero se ha convertido en un ropero".
En otros países también asintieron sobre el uso, como el plantel de Real Madrid, con Roberto Carlos a la cabeza. Gran revuelo. El CONI cerró el caso asegurando que no había sustancias prohibidas en el calcio, pero dejó para más adelante resolver el tema creatina. "Es cierto que la creatina, en ciertas dosis, es un complejo que sirve para recuperar energías, pero también es válido que en otras dosis mayores puede alterar el rendimiento de los deportistas. Las grandes exigencias de las competencias podrían crear un aumento en el uso de sustancias para incrementar las prestaciones deportivas, lo que provocaría situaciones riesgosas", sentenció muy preocupado Ugo Longo, dirigente del CONI que encabezó las investigaciones.
El que siempre se mantuvo firme sobre la validez de la creatina fue el COI. Alexandre de Merode, presidente de la comisión médica, aseveró: "No se lo puede comparar con la testosterona o los esteroides anabólicos. La creatina es un alimento y no se le puede impedir a la gente ingerir alimentos", dijo en defensa de la controvertida sustancia.
Pero, ¿qué pasa en la Argentina? Lo concreto es que hay una marcada desinformación sobre la creatina. Salvo River, los grandes niegan utilizarla. Aunque se debe reparar en una particularidad: varios jugadores, por las suyas, por sugerencias de fisiólogos, preparadores físicos o médicos ajenos a los clubes en los que se encuentran, consumen creatina. Como Leonel Gancedo, que lo ha reconocido. Como también ocurre en Vélez, donde el profe Gabriel Macaya reconoció que un par de futbolistas -prefirió no nombrarlos- le pidió permiso para utilizarla.
Justamente Macaya, siempre inquieto y capacitado, aportó su visión: "Hay casos de clubes argentinos que la utilizaron y el resultado no fue bueno porque muchos jugadores terminaron con lesiones musculares. Es riesgoso su uso si antes no se hace un profundo estudio físico de cada jugador y se controla la dosificación correcta, y también se trataría de una ingesta estéril si no se la acompaña con un intenso trabajo de sobrecarga muscular".
La creatina está en el fútbol argentino. Nadie la prohíbe, algunos desconfían, otros advierten y muchos la miran de costado. El tema apenas comienza.



