Cruyff, el inmortal

César Menotti
César Menotti PARA LA NACION
Fuente: AP
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26 de marzo de 2016  • 22:25

Se nos ha ido un inmortal, un prócer del fútbol, uno de los cuatro reyes de la historia junto a Di Stéfano, Pelé y Maradona. Con la muerte de Johan Cruyff , el fútbol pierde a un jugador excepcional, a un referente histórico del buen juego y a un refundador del Barcelona. Como futbolista fue notable, era como un pájaro que volaba dentro de la cancha. Como entrenador, un maestro. Era impresionante ver cómo hacía crecer a sus jugadores. Cruyff fue de hecho quien hizo futbolista a Guardiola, ese flaquito que en los comienzos no corría mucho pero jugaba como los dioses. Y además, logró convencer a la gente del Barcelona de cuál era el camino a seguir. Cuando yo dirigía al Barça, recuerdo que el público silbaba cuando ibas cero a cero y tocabas la pelota hacia atrás. Hoy la gente aplaude y grita "ole".

Cruyff era además un hombre de una enorme personalidad, capaz de decir lo que sentía donde y ante quien fuera. Pero también era alguien muy respetado. He ido muchas veces al vestuario del Barcelona estando él como entrenador y no hay un solo futbolista que no diga que todo lo aprendió de Cruyff y ni un solo colega de equipo que no diga que adentro de la cancha era un gran compañero. Su muerte también debilita a sus adversarios, aquellos que lo maltrataban y le decían arrogante. Esa prensa miserable que odia a los triunfadores no lo va a tener ahí para criticarlo, pero la historia ya está escrita.

No llegué a ser amigo personal, pero teníamos una relación de mucho afecto y reconocimiento. Recuerdo que cuando me invitó a cenar a su casa en Barcelona junto a Rinus Michels bromeábamos mucho. Y yo siempre le decía: "Te tengo un profundo agradecimiento, me hiciste famoso en todo el mundo". Cruyff me miraba entonces sorprendido y de entrada no entendía. "¡Porque no fuiste al Mundial! Gracias a vos pudimos ser campeones del mundo", le recordaba entre risas. Yo venía siguiendo muy de cerca a la selección holandesa antes del Mundial de 1978. Me preparaba y soñaba con que la final tenía que ser con Holanda. Así que me quedé como 30 días viendo todos los entrenamientos en la eliminatoria contra Bélgica, que era otro gran equipo. Con Cruyff, por supuesto que hubiese cambiado mucho en favor de Holanda. Hubiese sido muy duro, muy difícil. Si ya sin él fue difícil... Es como si nosotros hubiéramos jugando en el 78 sin Kempes o en el 86 sin Maradona.

Él tenía un respeto muy especial por Kempes, lo había visto jugar muchas veces en España y siempre me respondía: "Yo podría haber ido, pero tú tenías a Kempes". Su ausencia en el Mundial de 1978 fue una decisión absolutamente personal, no tuvo nada que ver con Argentina. Él había tenido esa amenaza de secuestro y además ya tenía medio planteado no jugar más en la selección. No me había dicho que no quería venir, pero comentaba que se sentía sin todas las ganas para jugar un Mundial y que para hacerlo había que estar al cien por ciento.

La única vez que vino a la Argentina fue en la Copa Intercontinental de 1972 entre el Ajax e Independiente. Hace unos años, había pactado con él para que regresara a Argentina a dar una charla con entrenadores. Y él estaba encantado, su única exigencia era que el hotel tuviera una cancha de golf, una de sus aficiones después del fútbol. Pero entonces tuvo ese problema del corazón y no pudo venir.

Su muerte me dejó impactado, porque había tenido información de que estaba mejor, que estaba ya caminando. Había dejado de fumar hace diez años y en ese momento se lo veía con una salud increíble, porque era de cuidarse más allá del cigarrillo. Pero son las reglas de la vida. Su figura, sin dudas, seguirá siendo inmortal en el futbol.

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