Cuando la realidad es una sola

Claudio Cerviño
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6 de diciembre de 2001  

¿Dónde estuvo ayer? Perdone la indiscreción, pero adivino, sin ser precisamente un genio, que pasó algún momento del día -o un largo momento- en las extensas hileras humanas de las entidades bancarias. Es más, seguro que lo debo haber visto.

La gente suele utilizar sus tiempos de diferentes maneras. Le hablo de esos lapsos de espera, de traslados, mientras se alcanza el objetivo; muchos leen libros, otros escuchan música. En mi caso, a veces aprovecho para analizar mentalmente (o reanalizar) aspectos del universo deportivo. Quise, ayer, repetir la fórmula. Pero no pude.

Pensaba en la linda experiencia del Puma Agustín Pichot, visitando la Comunidad Toba en la localidad de Derqui antes de volver a Inglaterra; en lo valioso que resulta para mucha gente tener delante y escuchar a un referente, en este caso del rugby, cuando siento que alguien me toca un hombro...

-Perdone, ¿sabe cómo puedo conseguir mi número de CBU?

Obviamente, la imagen de Pichot se fugó de mis pensamientos mientras, vanamente, trataba de explicarle a otro desorientado usuario que la Clave Bancaria Uniforme, para transacciones entre cuentas, suele venir en el extracto mensual del banco adherido.

Una vez que comprobé que tras 1h25m de plantón había avanzado cinco metros, escuchaba que, en otra fila, dos personas hablaban del "1 a 1"; me dije: "qué cosa el fútbol; pasaron tres días y siguen comentando el Racing-River". Grave error de apreciación: al advertir que en la siguiente frase se empleaban términos sobre transferencias de cuentas y del Fonobanco, me desayuné en que el tema dominante era la convertibilidad y el paso de dinero de una caja de ahorro a otra.

A esa altura ya empezaba a fastidiarme un poco cuando me daba cuenta de que era difícil pensar en otro tema. Y conste que mi espera, como la de tantos, no era para cobrar, sino para pagar. En fin. En un rapto de esfuerzo, recordé a Maximiliano Estévez, en su gestito, fomentando la violencia, a los hinchas de San Lorenzo (les marcó cuatro con los dedos, por el 4-1), en su reincidencia frente a La 12 en la Bombonera al convertir el penal, en sus carotas a Ortega antes de un tiro libre el domingo y su exabrupto hacia la mujer de Cardetti; quería encontrarle una explicación sensata al Estévez irrespetuoso, bocón y sin historia futbolística cuando me encontré repentinamente frente al cajero en el mostrador...

-Señor, ¿en qué puedo serle útil?

-Mire, quiero hacer una transferencia...

-Está colgado el sistema. Hay que esperar un poquito.

-Bueno. Mientras, necesito un cheque cancelatorio para pagar el jardín de infantes de...

-Se acabaron los cheques.

Me fui. Confundido, pero aceptando que todo era lógico, previsible, en estos días tan ajetreados como especiales. Me fui con las manos vacías y sin poder analizar nada del universo deportivo. Me superó el escenario.

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