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MAR DEL PLATA.- En pleno festejo, apenas había cruzado la meta en el velódromo Laoshan, se imaginó el reencuentro con su gente. "Me gustaría llegar arriba de una autobomba roja, bien grande ", se ilusionaba. Y así como en Pekín alcanzó aquel de la medalla dorada, Juan Curuchet ayer vio cumplido su otro sueño: tuvo un arribo histórico a su querida Mar del Plata, con miles de personas que, con banderas argentinas en alto, lo acompañaron a lo largo de más de diez kilómetros y en una caravana inédita desde la ruta 2 hasta el Parque Municipal de los Deportes.
Era de noche ya cuando, luego de más de cuatro horas de recorrido por las calles marplatenses, el campeón olímpico y su compañero de gesta, Walter Pérez, recibieron la mayor ovación de la noche en el escenario que sienten como su propia casa: el Velódromo Municipal de la ciudad.
"Me ha hecho muy feliz este título olímpico, tanto como haber servido para unir a los marplatenses en este recibimiento", dijo Curuchet en abierto agradecimiento a la multitud que lo había esperado desde el mediodía. Primero, en la rotonda de la autovía, adonde llegó desde la Capital Federal. Allí se subió al techo de una autobomba del Cuartel de Bomberos junto a sus tres hijos varones; su hermano, Gabriel; su tío Ramón Palanga, que lo inició en el ciclismo, y Pérez. Desde allí no pararon de saltar, saludar y sumarse al canto de "Dale campeón" que llegaba desde las veredas, donde se agolpaban los vecinos para dar la bienvenida a su deportista estrella.
Nunca antes se había visto algo igual por en esta ciudad. Apenas algo parecido cuando el boxeador Ubaldo "Uby" Sacco llegó como campeón del mundo. O en el festejo de los campeonatos mundiales de fútbol logrados por la selección argentina.
"Idolo", le gritaban los ciclistas que encabezaron el pelotón como guardia de honor. "Argentina, Argentina", cantaban los alumnos del Colegio Julio Cortázar, que por unos minutos abandonaron las aulas para sacar a relucir una bandera enorme y dar la bienvenida a su campeón olímpico.
Otra multitud los esperó en las puertas del palacio comunal. Con gran presencia de chicos, algunos de los cuales faltaron a clases para no perderse esta bienvenida. Allí los recibió el intendente, Gustavo Pulti. En el Concejo Deliberante le entregaron a Curuchet el diploma que lo reconoce como "Ciudadano ilustre" y a Pérez otro de "Visitante ilustre". Y el coro que los había recibido con emotivas canciones perdió las formas y se sumó al gran himno de la jornada: el "Dale campeón, dale campeón " que también llegaba desde la calle, con público al que saludaron desde el balcón principal.
El último tramo del recorrido fue por pleno centro de Mar del Plata. Las banderas argentinas flameaban frente a los locales. Los empleados suspendieron tareas para ovacionar a los campeones. Y llovían papelitos y aplausos desde los departamentos más altos.
Ya en el velódromo, otra vez tuvieron la oportunidad de subir a un podio y cantar el himno nacional. Para vivir la misma emoción de aquel épico e inolvidable 19 de agosto, en Pekín, pero ahora abrazados por el calor de su gente. Hasta el propio Pérez se sintió local: "Me recibieron como a un marplatense más", se emocionó el hombre que vive en Villa Madero. Y, como era de esperar, cerró Juan Curuchet con un mensaje de agradecimiento para su familia, para sus sponsors y para la gente de su ciudad que, recordó, durante años lo vio sufrir, llorar, entrenar y disfrutar. "Ustedes -les recordó- fueron un incentivo en mi vida."
Había recibido distinciones en diversos lugares. Incluso, hasta la presidenta Cristina Kirchner la agasajó en la Casa Rosada. Pero anoche Paula Pareto tuvo un homenaje especial: la Universidad de Buenos Aires, donde ella cursa el tercer año en la carrera de Medicina, la premió por su destacada participación en los Juegos de Pekín. Allí no es Peke, la judoca del bronce, sino la futura doctora.

