Cuatro comparaciones en un River vs. Boca lleno de condimentos

Diego Latorre
Diego Latorre LA NACION
Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
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28 de septiembre de 2019  • 21:29

El tan esperado momento de las semifinales de Copa Libertadores entre River y Boca, los dos equipos más grandes de la Argentina llega por fin y nos presenta un partido lleno de condimentos futbolísticos interesantes. Muy rico por lo que puede pasar adentro de la cancha y más allá de la ensalada de rivalidades, historias pasadas o recientes, y presiones diversas que puede proponerse por fuera de la raya de cal.

Dudo que en los últimos años haya habido tantas diferencias conceptuales entre los entrenadores de River y Boca como ocurre actualmente entre Marcelo Gallardo y Gustavo Alfaro. El partido disputado por la Superliga nos permitió observar dos escuelas opuestas y resulta clave hacer hincapié en ese punto, aunque no es la única comparación por atender. Hoy quiero remarcar otras tres sobre las que creo también vale la pena poner los ojos.

1. Gallardo/Alfaro. Los dos se llevaron cuestiones para resolver tras el 0-0 de hace un mes. Será interesante ver qué conclusiones sacó Gallardo a partir del planteo que le presentó Alfaro y qué preparó para superarlo. Tanto, como descubrir qué hará Boca dentro de su austeridad para lastimar a River. Más aun teniendo en cuenta el valor que adquiere el gol marcado como visitante y cuánto puede condicionar la revancha.

Hay aspectos que resultan innegociables en ambos. Uno elige presionar lo más arriba posible; que su equipo sea compacto con la defensa adelantada para recuperar, interceptar y salir; manejar siempre la pelota con la mira en el arco de enfrente. El otro prefiere el repliegue, tapar las salidas rivales, crear superioridad numérica en defensa para después llegar rápido al arco de enfrente, sacarle el jugo a los ataques esporádicos y las acciones de pelota parada. Las melodías pueden sonar más o menos refinadas, pero los dos logran que sean ejecutadas con armonía y convicción.

2. Andrada/Armani. Boca está demostrando una seguridad defensiva aplastante, que en buena medida descansa en la actualidad de un arquero con todas las cualidades posibles. Andrada no necesita desparramarse en el arco para simplificar su tarea y estar siempre en el lugar correcto; tampoco de artificios ni actitudes demagógicas. Se para adelantado, maneja las dimensiones, interpreta las jugadas, traza las bisectrices. Siempre atento como último hombre detrás de la defensa, es valiente para salir y lo hace con firmeza, e incluso se desenvuelve bien con los pies.

Armani tiene otro estilo, aunque no se descubre nada diciendo que está igual de calificado. Su trabajo quizás se note un poco menos, porque River aleja a los rivales de su área, pero es suficiente para comprobar que no ha bajado su nivel. En los últimos tiempos, además, le ha agregado a la sobriedad de su juego un factor que no está en sus genes: la mayor decisión para salir y abandonar el área chica, que es donde se siente seguro. Queda por ver hasta dónde está dispuesto a tomar ese riesgo en partidos de alta tensión.

3. Marcone/Enzo Pérez. Marcone "es" 5; Enzo Pérez debió reinventarse como tal. Y sin embargo, es el hombre de Boca quien da la sensación de estar jugando en contra de su condición natural. En el equipo de Alfaro el juego y la circulación no pasan por el 5, que solo es el centro de operaciones para posicionarse en la recuperación. Entonces Marcone debe adoptar un rol casi desconocido, jugar otro fútbol, meter más la pierna, ser más agresivo. El contexto no lo ayuda y además debe compartir la función con otro jugador, pero su disciplina e inteligencia hacen que brille igual ahora que cuando cumplía otras funciones en Lanús o Cruz Azul.

A Enzo Pérez le ocurre lo contrario. A su comprensión del juego le ha añadido algunas cualidades defensivas, pero si puede jugar como único 5 es debido al funcionamiento de River, al respaldo que le brinda el espíritu colectivo. A su alrededor se mueven volantes satélites, delanteros que retroceden, una defensa que nunca está a más de diez metros de distancia. De esa manera, sus recorridos son a máxima velocidad, pero cortos, y su trabajo se simplifica. Después, una vez recuperada la pelota, saca a relucir su vocación ofensiva y su golpe de vista para ser pieza de salida clara o vértice perfecto para orientar los ataques.

4. Alexis MacAllister/Nacho Fernández. Son dos jugadores que atraviesan circunstancias bien diferentes. MacAllister está dando sus primeros pasos en Boca y ha demostrado docilidad para ganarse su lugar. Se mueve mejor por dentro -como se vio en Quito, por ejemplo- pero debió transformarse en carrilero o volante externo, y aun así logra enseñar sus múltiples virtudes. Nacho Fernández, que también parte desde un costado, es otro de los jugadores enriquecido por la propuesta de su equipo. Sin haber perdido su vitalidad y su energía, ha ganado en alternativas y gravitación gracias a la variedad de opciones creativas que encuentra cada vez que engancha hacia adentro.

El fútbol es colectivo, no individual; también es imprevisto. Siempre hay jugadores y aspectos que a priori pueden resultar más influyentes. Será cuestión de estar atentos a ellos. y a cualquier otro que vaya a descubrirnos un partido lleno de condimentos.

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